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barrios vulnerables afectados por el calor extremo

Barrios en riesgo: cómo el calor extremo dispara los incendios en la ciudad

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Los barrios más vulnerables de las grandes ciudades están viviendo un nuevo tipo de amenaza: el calor extremo. Temperaturas que no bajan de noche, humedad elevada, redes eléctricas saturadas y espacios verdes casi inexistentes crean el escenario perfecto para que pequeñas chispas se conviertan en incendios urbanos.
En estas zonas, donde se mezclan viviendas precarias, cables viejos y depósitos improvisados, cada ola de calor es una temporada de alto riesgo.

Factores que convierten un barrio en área de riesgo

No todos los sectores de la ciudad se calientan igual. Los barrios con mucho asfalto y chapa, poca sombra y alta densidad de construcciones funcionan como islas de calor urbano. Las superficies duras absorben el calor de día y lo liberan de noche, manteniendo las temperaturas elevadas durante horas.

Si a eso le sumamos instalaciones eléctricas sobrecargadas, conexiones informales y el uso intensivo de ventiladores y aires acondicionados, el resultado es una tormenta perfecta para cortocircuitos e incendios. Estudios del IPCC muestran que las olas de calor serán más frecuentes e intensas, lo que multiplica este peligro en las ciudades.

Cómo el calor extremo dispara los incendios en la ciudad

El calor extremo reseca materiales inflamables: cortinas, muebles viejos, cartones, madera acumulada en patios y pasillos. Un cigarrillo mal apagado o una chispa de un enchufe defectuoso pueden encender un foco de fuego en segundos.

En edificios antiguos y casas con mucha chapa y madera, la temperatura interna puede superar ampliamente la del exterior. Eso acelera la propagación de las llamas y genera ambientes llenos de humo tóxico. Según las alertas sobre olas de calor de la OMS, el estrés térmico no solo afecta la salud; también altera el comportamiento y aumenta los descuidos, lo que incrementa la probabilidad de incidentes.

Infraestructura precaria y respuesta lenta: la combinación mortal

En muchos barrios populares las calles son angostas, los pasillos intrincados y los hidrantes escasos o directamente inexistentes. Eso complica el acceso rápido de bomberos y ambulancias. Cuando el fuego avanza entre casas pegadas techo con techo, cada minuto cuenta.

Además, la falta de mantenimiento en la red eléctrica, sumada a conexiones provisorias, genera sobrecalentamiento de cables y tableros. En días de calor extremo se dispara el consumo y la red colapsa, provocando chispas, cortocircuitos y apagones. Sin luz, muchas familias recurren a velas o generadores, que también pueden originar incendios si se usan en espacios reducidos y mal ventilados.

Prevención comunitaria: la primera línea de defensa

Frente a este escenario, la organización barrial se vuelve clave. Campañas simples, como revisar enchufes y cables, no sobrecargar zapatillas, mantener accesibles las salidas de emergencia y evitar acumular materiales inflamables, reducen notablemente el riesgo.

Los vecinos pueden crear mapas comunitarios de riesgo, identificando casas con personas mayores, niños, personas con discapacidad y depósitos inflamables. Iniciativas apoyadas por organismos como ONU-Hábitat demuestran que la participación vecinal mejora la prevención y la respuesta rápida ante incendios y otros desastres urbanos.

Talleres con bomberos y defensa civil sobre uso de matafuegos, primeros auxilios y rutas de evacuación también fortalecen la resiliencia de los barrios en riesgo.

Qué pueden hacer las autoridades para proteger los barrios en riesgo

La respuesta no puede recaer solo en los vecinos. Se necesitan políticas públicas específicas para barrios vulnerables:
Planes de reforestación urbana con árboles que den sombra real, instalación de puntos de agua y mantenimiento de hidrantes, mejora y regularización de la red eléctrica, y construcción de espacios frescos y seguros donde la población pueda refugiarse en olas de calor.

Los gobiernos locales deben integrar el riesgo de calor extremo e incendios a sus planes de urbanismo y emergencia. Esto incluye sistemas de alerta temprana, campañas de comunicación claras en redes sociales, radios comunitarias y centros barriales, y coordinación fluida con bomberos, hospitales y organizaciones sociales.
Invertir en infraestructura resistente al calor no es un lujo: es una medida urgente para proteger vidas en un contexto de cambio climático acelerado y ciudades cada vez más densas.