Tu lugar en el planeta ahora Detectando ciudad y país... Hora local: --:-- Tiempo: Cargando...
elite-globalista-kim-jong-contra-nuevo-orden - 2017-05-21 - Guerra Un

Kim Jong-Un lucha contra la élite globalista

👁️ Vistas: 107
🔊 Escuchar este artículoFunciona en la mayoría de los navegadores modernos mediante la voz del dispositivo.

En 2017, en pleno auge de las tensiones nucleares y el choque entre potencias, el líder norcoreano Kim Jong-Un fue presentado en algunos espacios alternativos como un dirigente que “lucha contra la élite globalista” y que veía ese año como el momento en que “colapsaría” el poder de las élites mundiales.
Más allá del titular, entender esta narrativa exige mirar el contexto histórico, la propaganda del régimen norcoreano y el uso político del concepto de “élite globalista” en el debate público.

Aquel 2017 fue un año marcado por pruebas nucleares, sanciones económicas y retórica extrema, con Corea del Norte ubicada en el centro de la escena. En ese escenario se mezclaron análisis serios, discursos conspirativos y lecturas ideológicas que convirtieron a Kim Jong-Un en un símbolo de “resistencia” para ciertos sectores, mientras el país seguía siendo una de las dictaduras más cerradas y represivas del planeta.

Contexto geopolítico de 2017: Corea del Norte contra el mundo

En 2017, Corea del Norte realizó múltiples pruebas de misiles balísticos y consolidó su programa nuclear como herramienta central de su estrategia de supervivencia. Las potencias occidentales, junto con aliados como Japón y Corea del Sur, impulsaron sanciones cada vez más severas a través del Consejo de Seguridad de la ONU, aumentando la presión económica sobre el régimen.

La narrativa oficial norcoreana presentaba a Kim Jong-Un como un líder que defendía la “soberanía nacional” frente a un supuesto intento de sometimiento por parte de Estados Unidos y sus aliados. En ese relato, la comunidad internacional se dibujaba como una “élite imperialista” que quería destruir al país por negarse a abandonar su programa nuclear.

Mientras tanto, en medios internacionales y organizaciones de derechos humanos se insistía en el carácter totalitario del régimen, en la ausencia de libertades civiles, en la censura total de la información y en la represión de cualquier disidencia, con informes que documentaban campos de prisioneros y violaciones sistemáticas de derechos fundamentales. Puedes consultar, por ejemplo, los informes de Amnistía Internacional sobre Corea del Norte para entender esta dimensión del problema: Amnistía Internacional – Corea del Norte.

En este tablero tenso, la idea de que “2017 sería el año del colapso de la élite mundial” se mezcló con el miedo a una guerra nuclear, la incertidumbre financiera global y la crisis de legitimidad de muchas instituciones políticas y económicas.

¿Qué significa realmente “élite globalista”?

El término “élite globalista” no es un concepto técnico de ciencia política, sino una etiqueta ideológica muy utilizada en discursos críticos contra la globalización, las instituciones multilaterales y los grandes centros de poder económico y financiero. Suele englobar, sin demasiada precisión, a:

  • Dirigentes políticos de grandes potencias.

  • Directivos de corporaciones multinacionales y bancos de inversión.

  • Organismos como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o ciertos foros económicos.

  • Medios de comunicación influyentes y figuras culturales con alcance global.

  • En algunos relatos, estas élites son presentadas como un bloque homogéneo, coordinado y con un plan unificado para controlar el planeta, reducir soberanías nacionales y moldear la economía y la cultura a su conveniencia. Este tipo de narrativa suele simplificar en exceso una realidad mucho más compleja y puede derivar en teorías conspirativas que mezclan hechos reales (desigualdad, concentración de poder, influencia de lobbies) con afirmaciones sin evidencia.

    Aplicar esta etiqueta al caso de Kim Jong-Un supone verlo como un “anti-globalista radical” que desafía a ese sistema. Sin embargo, esta visión omite matices importantes:

  • Corea del Norte no se opone al poder global desde un modelo de democracia soberanista, sino desde una dictadura hereditaria.

  • El régimen no combate la desigualdad global, sino que reproduce desigualdades extremas dentro de su propio territorio.

  • Su aislamiento no surge de una crítica ética a la globalización, sino de una estrategia de supervivencia del régimen y de la negativa a desmantelar su arsenal nuclear.

  • Kim Jong-Un como “símbolo” anti-élite en ciertos discursos

    En el ecosistema de medios alternativos, blogs y canales de opinión que cuestionan duramente a la globalización, a veces se utiliza la figura de Kim Jong-Un como símbolo de resistencia frente a la “élite globalista”. La lógica es simple: si casi todo el poder económico, mediático y militar del planeta está alineado contra él, entonces debe estar haciendo algo “correcto” para sus defensores.

    Esta construcción simbólica se apoya en varios elementos:

  • El discurso norcoreano de “autosuficiencia” y “defensa frente al imperialismo”.

  • Las imágenes de Kim desafiante ante la ONU y las sanciones internacionales.

  • La idea de que cualquier enemigo de las élites occidentales es automáticamente un aliado de quienes critican el sistema global.

  • Sin embargo, este enfoque ignora aspectos esenciales:

  • El control absoluto de la información dentro de Corea del Norte.

  • La ausencia de elecciones libres, de prensa independiente y de oposición política.

  • El uso de los programas nuclear y militar como herramienta interna de legitimación propagandística, presentando a Kim como un líder casi mítico que protege al pueblo del enemigo externo.

  • Reducir la figura de Kim a un simple “combatiente contra la élite globalista” borra las complejidades del caso y corre el riesgo de romantizar a un régimen autoritario, al tiempo que invisibiliza el sufrimiento de la población norcoreana.

    Para tener una mirada más amplia, resulta útil contrastar estos relatos con investigaciones periodísticas y testimonios de desertores, como los recogidos en reportajes de medios internacionales de referencia: BBC Mundo – Corea del Norte.

    ¿Colapsó la élite mundial en 2017 como anunciaban algunas narrativas?

    La idea de que 2017 sería el año del colapso de la élite mundial se apoyaba en varios procesos simultáneos:

  • Creciente desconfianza ciudadana hacia instituciones políticas tradicionales.

  • Impacto de la crisis financiera de 2008 y sus secuelas.

  • Avance de movimientos populistas y euroescépticos en Europa.

  • Cambios geopolíticos fuertes, como la llegada de nuevos liderazgos que prometían romper con el “orden global”.

  • Sin embargo, al observar lo que ocurrió después, es evidente que no se produjo un colapso total de las élites globales. Lo que sí se vio fue:

  • Un reacomodamiento de poderes, con disputas entre bloques y potencias emergentes.

  • Mayor tensión entre globalización y nacionalismo, con debates sobre tratados de libre comercio, fronteras y migraciones.

  • Una crítica más visible a la concentración de riqueza, la influencia de los lobbies y la opacidad de ciertos organismos.

  • En este contexto, la postura de Kim Jong-Un no fue tanto el inicio de un nuevo orden anti-élite, sino un capítulo más de la confrontación entre un régimen aislado y un sistema internacional que respondía con sanciones. El peso real de Corea del Norte en la arquitectura económica y política global es limitado: no lidera una alternativa financiera al sistema dominante ni impulsa un modelo democrático de soberanía nacional.

    Más bien, el régimen usa la retórica anti-élite para reforzar el control interno, presentando a Kim como el único capaz de proteger al país de una conspiración externa. Esto es típico de muchos sistemas autoritarios: se invoca un enemigo global todopoderoso para justificar sacrificios, restricciones y militarización permanente.

    Lecciones para el lector: poder, propaganda y pensamiento crítico

    El caso de “Kim Jong-Un contra la élite globalista” deja varias lecciones importantes para quienes consumen información y quieren entender la política internacional sin caer en simplificaciones:

    En primer lugar, es clave distinguir entre crítica legítima a la globalización y teorías conspirativas que reducen todo a un puñado de actores todopoderosos. Es razonable cuestionar la desigualdad, el poder de las corporaciones y los límites democráticos de ciertas instituciones, pero otra cosa muy distinta es creer que todo responde a un plan secreto perfectamente coordinado.

    En segundo lugar, conviene desconfiar de cualquier relato que convierta automáticamente a líderes autoritarios en héroes anti-sistema solo porque chocan con potencias occidentales. Un dirigente puede enfrentarse a Estados Unidos o a la Unión Europea y, al mismo tiempo, violar derechos humanos y reprimir brutalmente a su propio pueblo. La geopolítica no se divide en “buenos” y “malos”, sino en intereses, estructuras de poder y conflictos muy complejos.

    Fuentes múltiples

    En tercer lugar, es saludable contrastar siempre las afirmaciones con fuentes múltiples y confiables: informes de organismos internacionales, medios con trayectoria, centros de investigación, así como voces críticas de distintas corrientes ideológicas. Sitios como Naciones Unidas permiten acceder a resoluciones, sanciones y documentos oficiales sobre Corea del Norte y otros países: Naciones Unidas – Paz y Seguridad.

    Por último, el uso del concepto de “élite globalista” en el caso de Kim Jong-Un muestra cómo una etiqueta puede ser reutilizada por actores muy distintos para legitimar sus propios proyectos de poder. Lo que para algunos es una crítica a la concentración económica y financiera, para el régimen norcoreano es un recurso propagandístico que refuerza una narrativa de “fortaleza sitiada” donde cualquier cuestionamiento interno se interpreta como traición.

    Para el lector interesado en la geopolítica y el análisis crítico, el desafío consiste en no aceptar sin más los slogans, sino preguntarse siempre:

  • ¿Quién se beneficia de este relato?

  • ¿Qué datos se incluyen y cuáles se omiten?

  • ¿Qué tipo de modelo político y social defiende, en la práctica, el actor que habla?

  • Solo así es posible comprender fenómenos como la figura de Kim Jong-Un, la idea de élite globalista y las promesas apocalípticas de “colapso inminente”, sin caer ni en la ingenuidad ni en el cinismo.