Raza de Gigantes indios en la tierra: artículo del NY Times de 1890
En 2018 volvió a circular en blogs y redes un recorte del New York Times de 1890 que hablaba de una supuesta “Raza de Gigantes indios” descubierta en Pleasantville, Nueva Jersey. Según el texto, los arqueólogos habían encontrado más de cincuenta esqueletos, muchos de ellos de más de 2,2 metros de altura, y uno de unos 2,5 metros, lo que alimentó la idea de una humanidad perdida y gigantesca.JASON COLAVITO+1
Hoy ese artículo se ha convertido en pieza clave de vídeos virales, publicaciones conspirativas y debates sobre la arqueología oficial. Pero ¿qué sabemos realmente de este hallazgo?, ¿existió de verdad una raza de gigantes, o se trata de un ejemplo clásico de sensacionalismo periodístico del siglo XIX?

El hallazgo de Pleasantville según el New York Times
El recorte atribuido al 9 de febrero de 1890 describe un cementerio indígena descubierto cerca de Edgewater Avenue en Pleasantville, no lejos de May’s Landing, en la costa de Nueva Jersey.JASON COLAVITO
El texto afirma que, durante varios días, multitudes acudieron al lugar para observar cómo se exhumaban esqueletos en un montículo cercano a antiguos concheros de almejas y ostras, típicos de los pueblos nativos de la región. Los primeros restos correspondían a ocho cuerpos colocados muy juntos en una cámara profunda, rodeados de conchas y adornos.
El artículo menciona que entre los esqueletos había uno con decoraciones de cuentas y conchas, identificado especulativamente como el poderoso jefe Kineawaugha, cuyos descendientes, según la nota, aún vivían en la zona. Otros restos se atribuyen a un supuesto chamán llamado Wauneck, cuya altura habría alcanzado unos ocho pies (2,4 m).JASON COLAVITO
Además, el periódico asegura que en total se desenterraron más de cincuenta esqueletos, que serían enviados a la Universidad de Pensilvania para su estudio. El informe destaca que varios medían alrededor de siete pies (algo más de 2,1 m), y sugiere la existencia de una “raza que en otro tiempo gobernó la tierra”, reforzando el tono legendario del relato.JASON COLAVITO

Gigantes, periódicos y el contexto del siglo XIX
Para entender este caso es clave recordar el contexto histórico. A finales del siglo XIX, los grandes periódicos estadounidenses competían por la atención de un público fascinado por la arqueología, las “razas perdidas” y cualquier noticia que pareciera confirmar las historias bíblicas de gigantes en la Tierra.
Crónicas sobre “esqueletos de nueve o doce pies” aparecieron en numerosos diarios locales y nacionales, muchas veces sin verificación independiente y con mediciones dudosas. Compilaciones modernas han documentado decenas de estos artículos, incluyendo el de Pleasantville, como parte de una auténtica “fiebre de gigantes” en la prensa de la época.JASON COLAVITO+1
En ese ambiente, un descubrimiento real —un cementerio indígena con individuos probablemente altos, pero dentro de los límites biológicos humanos— podía transformarse fácilmente en un relato de “gigantes prehistóricos”. Bastaba con redondear medidas hacia arriba, interpretar mal un fémur o extrapolar desde un solo esqueleto más robusto que la media.

Qué dice hoy la ciencia sobre los “esqueletos gigantes”
La antropología física y la arqueología modernas son claras: no existe evidencia aceptada de una especie humana distinta, gigantesca, de 3, 4 o más metros de altura que haya convivido con los pueblos indígenas de Norteamérica. Estudios críticos sobre los supuestos “esqueletos gigantes” muestran que casi todos los casos documentados son fruto de:
Errores de medición o exageraciones periodísticas.
Confusión con restos de fauna grande, como mastodontes o grandes mamíferos.
Fraudes deliberados, a veces vinculados a espectáculos itinerantes y museos de curiosidades.Wikipedia+1
Incluso las historias muy populares sobre una supuesta conspiración del Smithsonian para destruir miles de restos gigantes fueron analizadas y catalogadas como falsas por verificadores independientes, que demostraron que la supuesta sentencia judicial jamás existió.Snopes
En el caso específico de Pleasantville, no hay constancia en la literatura científica actual de una colección de esqueletos de ocho pies asociada a la Universidad de Pensilvania ni a otras instituciones. Lo más probable es que se tratara de un cementerio indígena real, con individuos de estatura elevada para su época, que la prensa convirtió en prueba de una “raza de gigantes”.

El renacer viral de la “Raza de Gigantes indios” en 2018
Más de un siglo después, el caso resurgió cuando, en 2018, distintos sitios web republicaron el recorte del New York Times con titulares como “Race of Indian Giants Discovered in New Jersey” y afirmaciones de que el hallazgo demostraba una historia humana censurada.The People’s Voice
Estos artículos de 2018 suelen reproducir el texto casi íntegro, pero lo rodean de interpretaciones modernas:
Se sugiere que las instituciones académicas ocultaron o perdieron deliberadamente los restos.
Se relaciona el hallazgo con narrativas de antiguas civilizaciones avanzadas o seres bíblicos.
Se presenta la noticia de 1890 como “evidencia definitiva” de que la ciencia oficial miente.
Sin embargo, rara vez incluyen enlaces a estudios arqueológicos, registros de museos o informes de antropólogos que respalden esas conclusiones. En su lugar, encadenan otras noticias decimonónicas sobre gigantes, repitiendo un patrón reconocible: usar recortes antiguos como base de argumentos conspirativos, sin contexto histórico ni científico.
Quien quiera comprobar el recorte original puede consultar la transcripción digitalizada de “A Race of Indian Giants”, disponible en el archivo crítico de periódicos sobre gigantes mantenido por el investigador Jason Colavito, que recopila numerosas noticias similares y analiza su papel en el mito moderno de los gigantes. (enlace saliente: archivo de artículos originales sobre “raza de gigantes indios”).

Leyenda, arqueología y pensamiento crítico
El caso de la supuesta Raza de Gigantes indios en Pleasantville resulta fascinante no porque demuestre que existió una humanidad gigantesca, sino porque ilustra cómo se construyen ciertas leyendas modernas. A partir de hechos reales —un cementerio indígena, concheros, estudios arqueológicos—, la combinación de sensacionalismo periodístico, expectativas bíblicas y lecturas conspirativas posteriores ha creado una narrativa que muchos lectores toman hoy como historia literal.
Para la arqueología académica, los montículos de conchas y cementerios indígenas de la costa de Nueva Jersey son un testimonio valioso de los pueblos que habitaron la región durante siglos: su dieta basada en recursos marinos, sus formas de enterramiento y su organización social. No hace falta imaginar una raza de colosos de tres metros para que el sitio sea relevante.Archivo Internet+1
Al mismo tiempo, la historia nos invita a reforzar el pensamiento crítico ante cualquier titular espectacular:
Preguntarnos quién publica la noticia y con qué intención.
Verificar si existe literatura científica que la respalde.
Diferenciar claramente entre hecho comprobado, hipótesis razonable y pura especulación.
En este sentido, recursos como el artículo de Wikipedia sobre los “giant human skeletons”, que recopila casos de hoaxes, errores y malentendidos, pueden ayudar a situar Pleasantville dentro de un patrón más amplio de mitos modernos sobre gigantes. (enlace saliente: análisis de la leyenda de los esqueletos humanos gigantes).
El debate continúa vivo en foros, documentales y redes sociales. Pero, hasta hoy, ninguna excavación documentada con estándares modernos ha confirmado la existencia de una especie humana de gigantes, ni en Pleasantville ni en ningún otro lugar del planeta.
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