Temperatura más fría en la Tierra registrada en la Antártida
En la Antártida, las temperaturas invernales cayeron muy bajo. Se parece a la de otros planetas.
Según los científicos es la temperatura más fría jamás registrada en la Tierra.
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¿Que midieron?: «Un impresionante -97.8 grados Celsius». Con ese frío, solo unas pocas respiraciones de aire inducirían una hemorragia en sus pulmones. Por lo tanto, conducirían rápidamente a la muerte. La temperatura se registró utilizando mediciones satelitales en el medio de la Antártida durante las profundidades del invierno, donde el sol nunca se eleva.
Para ubicar la ubicación más fría de la Tierra, el equipo de investigación buscó el punto más alto en la capa de hielo en forma de domo de la Antártida.
En el punto más alto, a unos 4.000 metros, hay pequeñas grietas en el hielo que protegen la zona del viento. Permiten que el aire frío se hunda en las pequeñas depresiones. En estas áreas, los científicos midieron el récord de -97,7 grados.
Récord
Esto supera el récord anterior de -89,2 grados registrado en 1983 en la estación Vostok de Rusia, ubicada cerca del Polo Sur.
Mapa de la estación de Vostok en la Antártida. vía Wikipedia
Para que la temperatura del aire sea tan baja, las condiciones deben ser casi perfectas. Además, el cielo debe estar perfectamente despejado, con poco o nada de viento y muy poca humedad en el aire. El vapor de agua en la atmósfera actúa para atrapar el calor. Puede mantener el calor cerca de la superficie de la Tierra.
Con la combinación de estas condiciones perfectas, el equipo de investigación encontró que las temperaturas más frías registradas en la Tierra se encuentran en pequeños bolsillos en los puntos más altos de la Antártida.
La Antártida es un lugar donde la Tierra está cerca de su límite. Es casi como otro planeta.
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formas de medir la temperatura.
La Antártida es sinónimo de frío extremo, hielo interminable y vientos capaces de barrer cualquier rastro de vida en la superficie. Sin embargo, dentro de este continente helado existe una región aún más hostil de lo que imaginamos. Allí se registró la que se considera la temperatura más fría en la Tierra, un valor tan bajo que desafía los límites de la supervivencia humana: -97,8 grados Celsius.
Este registro proviene del interior del continente antártico, en una zona de meseta elevada donde el aire es extremadamente seco, el viento casi no se mueve y la radiación del Sol es mínima durante la larga noche polar. El hallazgo fue divulgado alrededor de 2018, a partir del análisis de datos satelitales y mediciones en superficie, y desde entonces se ha convertido en un punto de referencia para entender hasta dónde puede llegar el frío natural en nuestro planeta.
A esa temperatura, el cuerpo humano no tendría prácticamente ninguna posibilidad. Los investigadores advierten que unas pocas respiraciones de ese aire gélido podrían provocar hemorragias en los pulmones, dañando los tejidos y conduciendo rápidamente a la muerte. No se trata solo de frío: es un entorno que está completamente fuera de la escala de lo que los seres humanos podemos soportar sin una protección extrema.

¿Dónde se registró la temperatura más fría de la Tierra?
La zona donde se detectó la temperatura récord de -97,8 °C se encuentra en la llamada meseta antártica oriental, una región elevada situada a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar. Allí no hay estaciones permanentes habitadas, ni infraestructuras importantes, ni caminos. Solo existe un paisaje de hielo que se extiende hasta el horizonte, marcado por suaves ondulaciones y pendientes casi imperceptibles.
Los científicos identificaron varios puntos de frío extremo entre domos y crestas de hielo, en especial sobre depresiones donde el aire denso y muy frío tiende a acumularse. Estos lugares están relativamente cerca de zonas conocidas como Domos antárticos —por ejemplo, áreas próximas a Dome Argus o Dome Fuji—, regiones que ya eran famosas por registrar temperaturas bajísimas.
En la práctica, estos valores extremos no fueron obtenidos por un termómetro tradicional clavado en el hielo, sino mediante una combinación de sensores satelitales, métodos de teledetección y datos recogidos por estaciones automáticas dispersas en el interior del continente. Esta combinación permitió refinar los cálculos y llegar a la cifra de -97,8 °C como una estimación sólida del mínimo alcanzado en condiciones específicas.

Cómo se midió un impresionante -97,8 grados Celsius
Medir la temperatura superficial del hielo antártico no es sencillo. La región es remota, peligrosa y logísticamente muy costosa de visitar. Por eso, una parte fundamental de este descubrimiento se basó en la información recopilada por satélites de observación terrestre.
Los satélites equipados con sensores infrarrojos pueden estimar la temperatura de la superficie a partir de la radiación térmica que emite el hielo hacia el espacio. Al analizar datos acumulados durante años, los científicos detectaron pequeñas zonas que, durante ciertas noches extremadamente claras y tranquilas, alcanzaban valores muy por debajo de lo que se había medido antes.
En este proceso también se emplearon datos de estaciones meteorológicas automáticas, que funcionan con energía solar o baterías y se comunican vía satélite. Estos instrumentos permiten calibrar las mediciones espaciales, reduciendo el margen de error y confirmando que no se trata de simples artefactos numéricos.
Cuando las condiciones son perfectas —cielos completamente despejados, ausencia de viento y aire muy seco—, la superficie del hielo puede perder calor de manera muy eficiente mediante radiación hacia el espacio. Es en esas noches excepcionales cuando la temperatura se desploma hasta niveles récord. Aun así, los expertos creen que -97,8 °C podría estar muy cerca del límite teórico para la superficie terrestre, ya que por debajo de ese valor el aire alcanza características físicas que dificultan un enfriamiento adicional.

Qué le pasaría a una persona a -97,8 grados
Intentar imaginar lo que se sentiría al exponerse a -97,8 grados Celsius es casi imposible, porque ningún ser humano ha experimentado de manera directa esa temperatura sin una protección extrema. Aun así, la ciencia puede estimar las consecuencias.
A esa magnitud de frío, el aire es tan gélido que el contacto con las vías respiratorias dañaría rápidamente los tejidos. Los capilares de los pulmones podrían romperse, generando hemorragias internas con apenas unas pocas respiraciones. Además, el aire seco favorecería la congelación del agua en las mucosas, aumentando todavía más el daño.
La piel expuesta sufriría congelación inmediata. En cuestión de segundos aparecería frostbite o congelación localizada, y los tejidos podrían volverse irreversiblemente dañados. Incluso con ropa técnica, sería difícil mantener una temperatura corporal segura durante más que unos minutos, salvo que se cuente con trajes presurizados y sistemas de calefacción activa, similares a los utilizados en expediciones polares de alto riesgo.
El cuerpo humano está adaptado para funcionar en un rango relativamente estrecho de temperaturas internas, alrededor de 36–37 °C. Si el entorno acelera la pérdida de calor, la hipotermia avanza con rapidez: primero aparecen temblores, confusión y pérdida de coordinación; luego, disminuye el pulso y la respiración, hasta que el corazón deja de latir. En un ambiente de casi -100 °C, este proceso sería extremadamente rápido.
Por eso, los expertos señalan que estos lugares no son simplemente fríos, sino incompatibles con la permanencia humana sin tecnología avanzada. Son laboratorios naturales donde la vida tal como la conocemos queda relegada a escalas microscópicas o latentes.
Por qué la Antártida es el lugar más frío del planeta
La Antártida reúne varios factores que la convierten en el sitio ideal para que se alcance la temperatura más baja de la Tierra. En primer lugar, es un continente cubierto casi por completo de hielo, con una altura media superior a los 2.000 metros sobre el nivel del mar. Esa altitud implica una atmósfera más delgada y, por lo tanto, menos capacidad del aire para retener calor.
En segundo lugar, el eje de la Tierra está inclinado, y eso provoca que durante el invierno austral la Antártida permanezca sumida en una noche polar que puede prolongarse varios meses. Sin luz solar directa, el suelo y el aire se enfrían progresivamente, acumulando frío día tras día.
En tercer lugar, la forma del continente y la presencia del vórtice polar antártico favorecen el aislamiento del aire helado. Los vientos circumpolares actúan como un muro que impide que el aire más templado de otras latitudes penetre con facilidad, lo que mantiene el sistema casi cerrado.
Por último, la meseta antártica oriental incluye zonas de gran altitud, con superficies muy lisas donde el aire frío se desliza hacia pequeñas depresiones. Allí se forma una especie de “piscina de aire gélido” que se enfría más y más, especialmente en noches claras y sin viento. Es en esas cuencas donde los satélites detectaron los valores cercanos a -100 °C.
Todo esto hace que el récord de -97,8 °C no sea un accidente aislado, sino la consecuencia extrema de condiciones geográficas, astronómicas y atmosféricas que se combinan de forma única en este rincón del planeta.
Clima extremo, cambio climático y límites del planeta
El descubrimiento de la temperatura más fría en la Tierra también tiene implicaciones para la ciencia del clima y para nuestra comprensión del cambio climático global. A primera vista puede parecer contradictorio hablar de un récord de frío en un planeta que se está calentando, pero ambas cosas pueden coexistir.
El calentamiento global se refiere a la tendencia de aumento de la temperatura media del planeta, impulsada principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta tendencia no impide que sigan produciéndose eventos extremos de frío, especialmente en regiones que ya eran muy frías de por sí. Lo que cambia, según los modelos, es la frecuencia y la extensión de esos episodios.
En la Antártida, el calentamiento no es uniforme. Algunas partes de la península antártica muestran una tendencia clara al aumento de temperatura, mientras que otras regiones del interior mantienen valores muy estables o presentan variaciones más complejas. Por eso, los estudios de récords de frío ayudan a entender mejor el comportamiento del sistema climático polar, que a su vez influye en el nivel del mar, las corrientes oceánicas y los patrones de circulación atmosférica.
Además, los datos obtenidos en estos lugares extremos sirven para validar los modelos climáticos y las capacidades de los instrumentos satelitales. Si los modelos son capaces de reproducir correctamente las condiciones en puntos tan extremos como la meseta antártica, aumentan las probabilidades de que describan adecuadamente el comportamiento del clima en otras regiones del planeta.
Los investigadores también comparan estos registros con fenómenos como las olas de frío en otras zonas del mundo, la expansión del hielo marino o los cambios en la circulación del aire. La Antártida, en este sentido, actúa como un barómetro extremo del estado climático de la Tierra.
Curiosidades: otros récords de frío y enlaces recomendados
Antes del descubrimiento del valor de -97,8 °C, el récord oficial de frío en la superficie terrestre correspondía a la base rusa Vostok, también en la Antártida, con unos -89,2 °C medidos en 1983. Esta cifra sigue siendo importante porque se obtuvo con termómetros en una estación habitada, mientras que el nuevo mínimo proviene de análisis combinados de satélite y observaciones automáticas.
También se han registrado temperaturas extremas en lugares de Siberia, como Oymyakon, donde algunas mediciones históricas rondan los -67 °C. Aunque estos números son impresionantes, todavía están lejos de las condiciones casi alienígenas del interior antártico.
Si quieres profundizar en el tema del clima extremo y de cómo se mide el frío en la Antártida, puedes consultar recursos divulgativos y bases de datos climáticas internacionales, por ejemplo:
Informes y noticias científicas sobre récords de temperatura y clima extremo en portales de divulgación y agencias espaciales.
Bases de datos de organismos meteorológicos globales que recopilan registros históricos de temperatura, precipitación y viento.
Artículos de instituciones especializadas en investigación polar que explican el funcionamiento de las estaciones automáticas y las campañas en la Antártida.
La temperatura más fría
Estos recursos ayudan a poner en contexto el valor de -97,8 °C y a entender cómo se relaciona con la dinámica general del clima global.
En definitiva, la temperatura más fría en la Tierra registrada en la Antártida, con un impresionante -97,8 grados Celsius, nos recuerda que nuestro planeta puede albergar condiciones casi imposibles para la vida humana. Estos hallazgos no solo alimentan la curiosidad científica, sino que también son una pieza clave para comprender cómo funciona el clima en sus extremos, cómo se comportan las capas de hielo y cuáles pueden ser las consecuencias de alterar el delicado equilibrio energético de la Tierra.
La Antártida sigue siendo un enorme laboratorio natural, silencioso y remoto, donde el frío absoluto se convierte en un mensaje que la ciencia intenta descifrar: entender esos extremos es también una forma de proteger el futuro de un planeta cada vez más transformado por la actividad humana.
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