Quiere probar la Tierra plana en un cohete casero
Quiere probar la Tierra plana en un cohete casero
En 2018, un hombre estadounidense llamado “Mad” Mike Hughes acaparó la atención mundial al anunciar su intento de demostrar que la Tierra es plana lanzándose al cielo en un cohete casero construido con sus propios recursos. Su plan, tan arriesgado como peculiar, buscaba captar imágenes desde gran altura que, según él, probarían que nuestro planeta no es una esfera.
Su historia es un ejemplo de cómo la curiosidad humana, el escepticismo y las redes sociales pueden mezclarse hasta generar fenómenos virales. A pesar de las advertencias de expertos en física y aerodinámica, Hughes afirmó que no confiaba en la ciencia tradicional y que solo creería lo que pudiera ver con sus propios ojos.
El proyecto se desarrolló en el desierto de Mojave, California, y reunió a un pequeño equipo de colaboradores. Su cohete, propulsado por vapor, alcanzaría según cálculos una altitud de más de 500 metros, una hazaña notable considerando sus limitados recursos.

El sueño de un autodidacta
Mike Hughes no era ingeniero ni científico, sino un entusiasta autodidacta. Se describía a sí mismo como un “daredevil”, un amante de los desafíos extremos. Ya había intentado otros vuelos experimentales en años anteriores, aunque con resultados dispares. Su motivación, sin embargo, fue mucho más allá del simple espectáculo: quería desafiar las creencias establecidas.
Su historia despertó tanto admiración como críticas. Muchos lo consideraban un símbolo del espíritu libre estadounidense; otros, una víctima de la desinformación digital. Lo cierto es que Hughes representaba a una generación de personas que desconfían de la ciencia institucional y buscan respuestas por cuenta propia.
Su cohete fue construido con materiales reciclados, tanques presurizados y un sistema de expulsión de vapor. El costo total superó los 20.000 dólares, obtenidos en parte mediante donaciones de seguidores y patrocinadores dentro de la comunidad de “flat earthers” (tierra planistas).

El lanzamiento fallido y la perseverancia
El primer intento de lanzamiento, previsto para noviembre de 2017, se canceló por problemas técnicos y por falta de permisos de vuelo. Las autoridades de aviación civil temían que el cohete pudiera representar un riesgo para el espacio aéreo.
Finalmente, en marzo de 2018, Hughes logró su objetivo: el cohete despegó en un tramo desértico cerca de Amboy, California. Alcanzó aproximadamente 570 metros antes de que el sistema de paracaídas se desplegara. La cápsula cayó con fuerza, y aunque sufrió heridas leves, Hughes sobrevivió al impacto.
El experimento no logró mostrar evidencia alguna sobre la forma del planeta. Sin embargo, para Mike, el vuelo fue una victoria personal. Demostró que un individuo con convicción y determinación puede construir una máquina capaz de elevarse al cielo, aunque sin la sofisticación de los grandes proyectos espaciales.
El suceso fue ampliamente cubierto por los medios internacionales, despertando debates sobre libertad individual, pseudociencia y educación científica.
Artículo sobre el vuelo de Hughes — BBC News
Más información sobre teorías de la Tierra plana — National Geographic
Historia completa de “Mad” Mike Hughes — The Guardian

El debate científico y la desinformación
El caso de Hughes evidenció cómo las teorías conspirativas pueden impulsarse en la era de internet. Plataformas como YouTube y Facebook se convirtieron en espacios donde la idea de una Tierra plana encontró eco entre miles de seguidores.
Los científicos, por su parte, recordaron que la forma esférica de la Tierra está comprobada desde hace siglos mediante observaciones astronómicas, cálculos matemáticos y evidencia satelital. La NASA y otros organismos espaciales explicaron que ningún vuelo casero podría obtener la precisión necesaria para refutar siglos de conocimiento acumulado.
Aun así, el fenómeno fue útil para abrir un debate sobre alfabetización científica. Diversos divulgadores alertaron sobre el peligro de difundir ideas sin base empírica, sobre todo en contextos donde el escepticismo hacia las instituciones se combina con el impacto emocional de las redes.
En ese sentido, el vuelo de Hughes fue más que una curiosidad: fue un símbolo del enfrentamiento entre ciencia y creencia, entre evidencia y percepción.

El trágico final de un soñador
En febrero de 2020, durante un nuevo intento de lanzamiento para un programa televisivo, Mike Hughes perdió la vida cuando el paracaídas de su cohete se desprendió prematuramente. El accidente, filmado por las cámaras del equipo, conmocionó al público.
Aunque el desenlace fue trágico, muchos lo recordaron como un pionero en su propio sentido, alguien que vivió según sus convicciones, desafiando la gravedad y las normas. Su legado plantea una reflexión profunda sobre los límites del conocimiento y la necesidad de distinguir entre curiosidad y negacionismo.
En retrospectiva, la historia de “Mad Mike” resume una época donde la información se democratizó, pero también donde las fronteras entre verdad y ficción se volvieron difusas.
Reflexiones desde Argentina: ciencia y educación
En Argentina, el episodio fue seguido con curiosidad desde portales de divulgación y comunidades de astronomía. Muchos medios locales aprovecharon el caso para reforzar la importancia del pensamiento crítico y la educación científica.
En tiempos donde proliferan teorías sobre planetas huecos, conspiraciones y negacionismo climático, los educadores insisten en que la ciencia debe ser accesible y explicarse con empatía. No se trata solo de mostrar datos, sino de reconstruir la confianza social en la evidencia.
El legado de Hughes, visto desde América del Sur, también invita a valorar la curiosidad como motor de progreso, pero siempre acompañada de responsabilidad. En los observatorios argentinos, donde se estudian fenómenos reales como las llamaradas solares o los cometas, se recuerda que el verdadero conocimiento requiere método, constancia y cooperación.
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