2-ninas-cautivaron-la-imaginacion-del-publico - 2019-03-20 - Hadas 1

2 niñas cautivaron la imaginación del público en general

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En 1917, dos niñas de un pueblo suburbano de West Yorkshire hicieron algo que parecía imposible: llevar las hadas al papel fotográfico. Más de un siglo después, su historia sigue alimentando libros, documentales y debates sobre fe, engaño y poder de la imagen. Esas niñas eran Elsie Wright y Frances Griffiths, primas que vivían en Cottingley, cerca de Bradford, y que terminaron creando uno de los engaños fotográficos más famosos del siglo XX. Wikipedia+1

Sus fotografías de supuestos seres diminutos danzando junto a un arroyo no solo cautivaron la imaginación del público en general, sino que también atraparon a intelectuales, periodistas y hasta al creador de Sherlock Holmes. Entre creyentes entusiasmados y escépticos implacables, el caso de las hadas de Cottingley se convirtió en un espejo de los sueños y miedos de una época, y en 2019 volvió a estar en los titulares gracias a subastas y nuevas investigaciones. Wikipedia+2The Guardian+2

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Un verano de 1917 junto al arroyo de Cottingley

Las protagonistas eran dos primas de 16 y 9 años que compartían juegos en un jardín con un pequeño arroyo —el famoso Cottingley Beck— en la parte baja de la casa familiar. A los adultos les molestaba que regresaran siempre con los zapatos mojados, pero las niñas tenían una explicación irresistible: decían que bajaban “a ver a las hadas”. Wikipedia+1

Cansada de los reproches, Elsie decidió demostrar que su prima Frances decía la verdad. Tomó prestada la cámara Midg quarter-plate de su padre, un aficionado a la fotografía, y juntas se dirigieron al arroyo. Poco después regresaron con una placa que, al ser revelada, mostraba a Frances sentada junto a un grupo de pequeñas figuras aladas. Aquella imagen, aparentemente inocente, sería el origen de un fenómeno mundial. Wikipedia+1

En una segunda sesión, las niñas produjeron otra fotografía en la que Elsie aparecía junto a un gnomo. A los ojos de muchos, aquellas imágenes parecían pruebas irrefutables de que el mundo cotidiano escondía reinos invisibles. Para el padre de Elsie, en cambio, se trataba simplemente de recortes de cartón; conocía el talento artístico de su hija y sospechó desde el principio. Wikipedia+1

Fotografías que viajaron del jardín al mundo

La historia habría quedado en una travesura doméstica si no fuera por el contexto cultural del momento. La madre de Elsie, interesada en el movimiento teosófico y en las ideas sobre espíritus y planos superiores, llevó las fotos a una reunión de la Sociedad Teosófica en Bradford. Allí, los asistentes vieron en las imágenes una señal alentadora de que el mundo espiritual podía documentarse científicamente. Historic UK+1

Las placas terminaron en manos de Edward Gardner, un miembro influyente del movimiento. Fascinado, utilizó expertos para analizar las copias. Los técnicos de Kodak dijeron que la imagen no mostraba signos evidentes de manipulación, aunque se negaron a certificar que fuera prueba real de hadas. Esa ambigüedad alimentó aún más el misterio: si las fotos no eran un truco fotográfico evidente, ¿podrían ser auténticas? Wikipedia

Con el tiempo, los acontecimientos de Cottingley se transformaron en un caso de estudio tanto para creyentes como para escépticos. Hoy es posible encontrar la historia completa de las hadas de Cottingley en resúmenes detallados que contextualizan cómo un par de imágenes tomadas en un jardín suburbano terminaron dando la vuelta al mundo. Wikipedia+1

Conan Doyle, el espiritismo y la fe en las hadas

El episodio dio un salto definitivo cuando las fotografías llegaron a manos de Sir Arthur Conan Doyle, ya célebre como creador de Sherlock Holmes pero también ferviente defensor del espiritismo. Doyle fue invitado a escribir un artículo sobre hadas para The Strand Magazine, la misma revista que había publicado muchas de las aventuras de su detective. Al ver las imágenes de Cottingley, el escritor quedó profundamente impresionado. Wikipedia+1

En 1920, Doyle publicó “Fairies Photographed”, un texto donde presentaba las fotos como evidencia sólida de que el mundo espiritual interactuaba con el nuestro. En sus palabras, las imágenes ofrecían un “triunfo para la causa espiritualista”, demostrando que no todo puede explicarse por la razón. Un resumen de ese artículo puede consultarse en recopilaciones dedicadas a la obra de Conan Doyle sobre fenómenos paranormales. arthur-conan-doyle.com+1

La autoridad cultural de Doyle hizo que mucha gente aceptara las fotografías como auténticas. Periódicos y revistas reprodujeron las imágenes; se organizaron conferencias y debates; los defensores de lo invisible vieron en Cottingley una confirmación de todas sus creencias. Sin embargo, críticos literarios y periodistas escépticos publicaron columnas irónicas preguntándose cómo podía el creador del detective más racional de la literatura dejarse seducir por unas niñas de provincias. Wikipedia+1

Confesiones, escepticismo y verdad histórica

Con el paso de las décadas, el entusiasmo inicial se fue apagando, pero las fotografías nunca desaparecieron del todo. Investigadores, magos escépticos y periodistas analizaron cada detalle: la rigidez de las figuras, las sombras, la perspectiva. A finales del siglo XX, la historia era considerada por muchos como un ejemplo clásico de cómo el deseo de creer puede nublar el juicio crítico.

En 1983, ya ancianas, Elsie Wright y Frances Griffiths concedieron entrevistas donde admitieron que las primeras fotos habían sido falsificadas. Contaron que habían recortado figuras de hadas basadas en ilustraciones de un libro —Princess Mary’s Gift Book— y las habían sujetado con alfileres de sombrero antes de fotografiarlas. Aun así, Frances sostuvo que, al menos en una de las imágenes posteriores, sí había visto hadas reales. Wikipedia+1

El caso se convirtió en un terreno fértil para la reflexión escéptica. Autores como Massimo Polidoro han analizado las hadas de Cottingley como un ejemplo de conspiración involuntaria, donde testigos, creyentes y medios de comunicación construyen entre todos un mito que parece más sólido de lo que realmente es. En su análisis, publicado en la revista Skeptical Inquirer, subraya cómo los errores de memoria y las expectativas colectivas pueden sostener una historia durante generaciones. Skeptical Inquirer+1

Aun después de las confesiones, las fotografías siguieron circulando. Coleccionistas y museos se disputan las copias originales; en 2019, algunas impresiones de las primeras imágenes se vendieron por miles de libras en subastas especializadas, demostrando que el magnetismo de aquellas hadas de cartón sigue vigente en el mercado del arte y de los recuerdos victorianos. Wikipedia+2The Guardian+2

Por qué estas dos niñas siguen fascinando al siglo XXI

¿por qué dos niñas de un suburbio de West Yorkshire, jugando con una cámara prestada, siguen fascinando al mundo más de cien años después? Una clave está en el contexto histórico. En 1917, en plena Primera Guerra Mundial, Europa vivía un clima de dolor y pérdida. El espiritismo y la teosofía ofrecían consuelo a quienes habían perdido familiares. Ver pequeñas hadas sonrientes junto a un arroyo era mucho más que un juego infantil: era la promesa de que la muerte no tenía la última palabra. Wikipedia+2Historic UK+2

Otro factor es el poder simbólico de la fotografía. Durante décadas se creyó que “la cámara no miente”. El caso Cottingley demuestra lo contrario: una foto puede ser técnicamente auténtica —sin manipulación en el laboratorio— y, sin embargo, mentir sobre lo que representa. En la era de los deepfakes y de las imágenes generadas por inteligencia artificial, esta lección es más relevante que nunca. Diversos estudios sobre imágenes engañosas han retomado el ejemplo de las hadas para explicar cómo nuestra confianza visual puede ser explotada. The Guardian+1

La historia también nos habla del poder de la narrativa. El relato de “dos niñas que ven hadas en el fondo del jardín” es, por sí mismo, irresistible. Contiene inocencia, naturaleza, rebeldía suave contra la autoridad adulta y un toque de justicia poética: durante años, las niñas lograron que el mundo entero tomara en serio su juego. Esa mezcla de ternura y picardía convierte el caso en un mito moderno, más cercano a un cuento de hadas que a un expediente policial.

En 2019, cuando se volvieron a publicar artículos y libros sobre el tema, el enfoque cambió ligeramente: ya no se trataba solo de probar si las hadas eran reales, sino de entender qué dice este caso sobre la psicología colectiva y la cultura de la credulidad. En muchos análisis recientes se subraya cómo incluso personas cultas y racionales pueden suspender su escepticismo si una historia encaja con sus deseos profundos. University of Huddersfield+1

Finalmente, las hadas de Cottingley sobreviven porque nos obligan a mirarnos al espejo. Nos preguntan cuánto estamos dispuestos a creer, qué tipo de pruebas exigimos y qué lugar dejamos para la maravilla en un mundo saturado de tecnología. Gracias a estas dos niñas y a su travesura fotográfica, millones de personas han aprendido a mirar las imágenes con más cuidado, sin renunciar por eso al encanto de los cuentos.

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