Enorme expulsión de masa coronal, CME, llega la tierra en breve
La enorme expulsión de masa coronal (CME) detectada en julio de 2017 volvió a poner sobre la mesa un viejo debate: hasta qué punto una tormenta solar intensa puede afectar no solo a nuestras comunicaciones, redes eléctricas y satélites, sino también a la actividad sísmica y volcánica en la Tierra. El canal BPEarthWatch emitió entonces una advertencia de terremoto y erupción volcánica para el período comprendido entre el domingo 16 de julio de 2017, 6:00 AM (hora del este de EE. UU.) y el lunes, generando preocupación y muchas preguntas entre los observadores del clima espacial.
Aquel episodio, aunque pertenece al pasado, sigue siendo una referencia útil para entender cómo se comunican estas alertas, qué dice la ciencia solar oficial y qué tipo de precauciones razonables pueden tomar gobiernos, empresas y ciudadanía cuando se anuncia la llegada de una CME de gran magnitud.
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Qué es una expulsión de masa coronal y por qué preocupa
Una expulsión de masa coronal es una gigantesca eyección de plasma solar cargado que parte de la corona del Sol y se propaga a través del espacio. A diferencia de un simple destello solar (solar flare), una CME implica el lanzamiento de enormes cantidades de partículas cargadas y campos magnéticos que, si están dirigidos hacia la Tierra, pueden interactuar de forma directa con la magnetosfera terrestre.
Cuando el frente de la CME alcanza nuestro planeta, se pueden producir:
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Tormentas geomagnéticas intensas, capaces de alterar las líneas del campo magnético terrestre.
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Afectaciones a satélites y sistemas de navegación como GPS, comunicaciones de alta frecuencia y enlaces de radio.
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Corrientes inducidas en redes eléctricas, que en casos extremos podrían dañar transformadores y provocar cortes de energía.
La llegada de una CME rápida y densa, como la señalada en julio de 2017, activa las alertas de los principales centros de monitoreo del clima espacial, entre ellos NOAA, NASA y agencias espaciales europeas, que emiten boletines oficiales para operadores de infraestructura crítica.

La alerta de BPEarthWatch en julio de 2017
En el caso concreto de julio de 2017, BPEarthWatch informó sobre una enorme CME dirigida hacia la Tierra y emitió una advertencia de terremoto y de erupción volcánica para una ventana específica: desde el domingo 16 de julio de 2017 a las 6:00 AM (EST) hasta el lunes. El mensaje sugería que el aumento del impacto electromagnético y de partículas solares podría coincidir con un incremento en la inestabilidad geológica del planeta.
Es importante subrayar varios puntos:
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La advertencia se difundió desde un canal independiente de monitoreo del clima espacial, no desde una agencia gubernamental.
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La base de la alerta combinaba datos reales de actividad solar con interpretaciones sobre posibles efectos en placas tectónicas y volcanes, un vínculo que la ciencia oficial aún no respalda de forma concluyente.
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Para muchos usuarios, aquella advertencia fue su primer contacto con el concepto de que una tormenta solar potente pudiera estar relacionada con terremotos y erupciones, lo que generó debate, temor y curiosidad.
Aunque el período de advertencia ya quedó atrás, el episodio sirve como caso de estudio para analizar cómo se mezclan datos científicos, hipótesis alternativas y comunicación en redes cuando se habla de fenómenos extremos.

CME, terremotos y volcanes: qué dice (y qué no dice) la ciencia
Uno de los aspectos más controvertidos es la idea de que una CME intensa pueda desencadenar terremotos o erupciones volcánicas. Hasta hoy, la comunidad científica mayoritaria sostiene que no existe una evidencia sólida que demuestre una relación directa y consistente entre las tormentas geomagnéticas y los grandes eventos sísmicos o volcánicos.
Algunos puntos clave:
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Los terremotos están relacionados principalmente con el movimiento de las placas tectónicas y las tensiones acumuladas en las fallas geológicas.
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Las erupciones volcánicas dependen de la dinámica del magma, la presión interna y la estructura del edificio volcánico.
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El campo magnético terrestre y la ionosfera sí pueden verse fuertemente perturbados por una CME, pero ese efecto es sobre todo electromagnético, no mecánico.
Aun así, existen investigaciones que exploran posibles correlaciones débiles entre picos de actividad solar, variaciones en el campo magnético y ligeros cambios en la corteza terrestre, pero no son concluyentes. Sitios oficiales como NOAA Space Weather Prediction Center, NASA – Space Weather o ESA Space Weather explican detalladamente los efectos confirmados de las tormentas solares sobre tecnología y atmósfera, pero no emiten alertas sísmicas ni volcánicas basadas en CME.
Esto no significa que la hipótesis sea imposible, sino que, hasta ahora, no hay consenso científico para usar las CME como herramienta de pronóstico sísmico o volcánico confiable.

Riesgos reales de una gran CME para la vida moderna
Más allá del debate geológico, los riesgos comprobados de una enorme expulsión de masa coronal son suficientemente serios como para tomar la temática con atención. Una CME similar al evento de Carrington de 1859, pero en pleno siglo XXI, podría impactar de forma crítica:
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Redes eléctricas de alta tensión, produciendo corrientes inducidas geomagnéticamente que dañen transformadores y equipos clave.
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Satélites de comunicaciones, meteorología y navegación, alterando su órbita, electrónica y sistemas de control.
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Sistemas de posicionamiento global (GPS), afectando desde la aviación y el transporte marítimo hasta aplicaciones civiles cotidianas.
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Comunicaciones de alta frecuencia (HF), vitales para aviación en rutas polares y misiones científicas.
En episodios como el de julio de 2017, el foco razonable está en evaluar:
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La velocidad y densidad de la CME.
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La orientación del campo magnético asociado (sobre todo el componente Bz).
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La duración y la intensidad esperada de la tormenta geomagnética.
Con estos parámetros, los centros de pronóstico pueden estimar la posible aparición de auroras en latitudes medias, las probabilidades de perturbaciones en comunicaciones y las medidas preventivas que deberían adoptar las infraestructuras sensibles.

Cómo prepararse ante alertas de clima espacial extremo
La experiencia de 2017 y otros episodios intensos demuestra que una parte clave de la respuesta ante una gran CME es la preparación informada, sin alarmismo pero sin indiferencia. Tanto a nivel institucional como individual, hay medidas prácticas que se pueden considerar:
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Operadores de redes eléctricas pueden ajustar la carga y supervisar con mayor detalle los transformadores durante las tormentas geomagnéticas anunciadas.
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Empresas satelitales pueden cambiar órbitas, reducir operaciones sensibles o reconfigurar sistemas para minimizar daños.
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Aerolíneas que usan rutas polares pueden modificar trayectos para evitar regiones de fuerte perturbación ionosférica.
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A nivel ciudadano, es prudente entender que en un evento extremo podrían darse cortes de energía, fallas de internet o problemas de navegación. Tener linternas, baterías cargadas y un plan básico de comunicación familiar es siempre una buena práctica.
Además, es esencial seguir fuentes oficiales y especializadas de clima espacial, como:
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NOAA SWPC, que publica alertas y pronósticos en tiempo real.
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NASA Space Weather, con contenido educativo y reportes de misiones solares.
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ESA Space Weather, que ofrece boletines para Europa y operadores globales.
Frente a mensajes de alto impacto que circulan en redes o canales alternativos, lo más sano es contrastar siempre la información con estas fuentes, para diferenciar entre alerta justificada y sensacionalismo.
Lecciones de la advertencia de 2017: comunicación, ciencia y responsabilidad
La advertencia de terremoto y erupción volcánica asociada a la enorme CME de julio de 2017 dejó una serie de lecciones valiosas. Por un lado, evidenció el interés masivo que despierta todo lo relacionado con el Sol, las tormentas solares y los eventos extremos. Por otro, hizo visible el riesgo de mezclar datos científicos reales con hipótesis no comprobadas sin dejar claras las fronteras entre ambas cosas.
Entre las principales lecciones que podemos extraer se encuentran:
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La necesidad de una comunicación responsable, que distinga entre hechos observables (CME, índices Kp, velocidad del viento solar) y especulaciones (incrementos sísmicos directamente causados por la CME).
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La importancia de que medios, blogs y canales informativos de clima espacial citen siempre fuentes oficiales y expliquen los límites del conocimiento actual.
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El valor de educar al público sobre conceptos básicos de física solar, para que las personas puedan interpretar mejor los términos como CME, tormenta geomagnética, índice Kp, Bz, Vento Solar, etc.
Recordar aquel episodio de 2017 no es reabrir miedos, sino utilizarlo como material pedagógico para comprender cómo funciona realmente el Sol, qué impacto tiene sobre nuestra civilización tecnológica y cómo debemos informarnos y prepararnos ante futuros eventos.
- Investigación y verificación de información crítica.
- Infraestructura técnica (hosting, seguridad y velocidad).
- Herramientas de monitoreo y cobertura de eventos extremos.
- Producción de guías prácticas para preparación ciudadana.
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