Cusco: las grietas siguen creciendo y cubren un área de más de 30 hectáreas
}En la sierra de Cusco, el distrito de Llusco (provincia de Chumbivilcas) convive con una amenaza que no se “detuvo” con el primer desastre. Tras un gran deslizamiento de tierra ocurrido en marzo de 2018, las grietas continúan evolucionando y el terreno mantiene un comportamiento muy activo, con un área afectada que puede alcanzar 15 a 30 hectáreas.

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El antecedente clave: el deslizamiento que cambió el mapa de Llusco
En la madrugada del 1 de marzo de 2018 (aprox. 03:00) se registró un deslizamiento de gran magnitud en la comunidad de Lutto Kututo, asociado al cerro Campanayocpata. El evento provocó el colapso de viviendas y daños severos en infraestructura: canales de riego, agua potable, energía eléctrica, un centro de salud y áreas de cultivo.
El impacto social fue inmediato: familias que perdieron su casa, rutas alteradas y servicios básicos comprometidos. No se trató de un derrumbe puntual, sino del inicio de un proceso de movimiento de masas que, en escenarios así, puede reactivarse con cada temporada de lluvias. Por eso, el foco no es solo “lo que pasó”, sino lo que sigue pasando: el suelo continúa desplazándose, abriendo fracturas y reconfigurando el relieve local.
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Qué significan las grietas: un terreno que se desplaza por bloques
Las grietas observadas en Campanayocpata no son simples fisuras superficiales. Los reportes técnicos describen resquebrajaduras pronunciadas con longitudes relevantes y profundidades considerables: se mencionan tramos de hasta 200 metros, una profundidad promedio de 10 a 15 metros y una traza aproximada de 300 metros, dentro de un área estimada de 15 a 30 hectáreas.
En términos prácticos, esto suele indicar que el terreno se está moviendo como una masa grande que se “fractura” en bloques: algunos se hunden, otros se desplazan lateralmente y otros quedan en tensión hasta abrir más grietas. El peligro no está solo en caer dentro de una abertura; el riesgo real es el colapso súbito de sectores completos (viviendas, caminos, taludes) y el daño progresivo a redes de agua y riego que, al filtrarse, pueden acelerar el proceso.

Por qué sigue avanzando: lluvias, saturación y “presión de poros”
Los informes oficiales señalan un factor recurrente: la sobresaturación del terreno tras las lluvias (temporadas previas y lluvias intensas), que favorece el movimiento ladera abajo. Se describe que, luego de lluvias de 2017, el suelo se sobresaturó y se produjo un empuje del terreno, manifestado en abombamientos y agrietamientos.
Cuando un suelo se carga de agua, aumenta la presión interna (presión de poros) y disminuye la fricción que “amarra” los granos y capas: en criollo, el cerro pierde estabilidad y comienza a “correrse”. Esto se vuelve más crítico si existen materiales geológicos susceptibles (conglomerados, limos, areniscas) y si el drenaje natural está alterado.
Por eso, aunque el gran evento haya ocurrido en 2018, en 2019 el proceso puede continuar: las grietas se abren y se conectan, y cada lluvia fuerte puede reactivar el deslizamiento. La lección es clara: en zonas de montaña, el “después” puede ser tan peligroso como el “durante”.

Daños y señales de alerta: cuándo evacuar y qué no ignorar
En Llusco, el deslizamiento afectó no solo viviendas, sino infraestructura crítica para la vida diaria: agua potable, energía, riego, salud y cultivos. Cuando esas redes se dañan, el riesgo se multiplica: una tubería rota puede infiltrar agua, un canal puede socavar una ladera y un corte de ruta puede aislar a comunidades.
Señales típicas que deben considerarse alerta roja en un escenario de grietas activas:
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Apertura rápida de fisuras o grietas “nuevas” en horas/días.
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Hundimientos en patios, corrales, caminos o bases de muros.
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Puertas/ventanas que dejan de cerrar (deformación estructural).
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Ruido de “crujidos” en el terreno o caída de piedras sin causa aparente.
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Aumento de filtraciones o aparición de manantiales donde antes no existían.
Aunque cada caso requiere evaluación técnica, la regla de oro es no normalizar lo anómalo: si el terreno cambia, se restringe el acceso, se señaliza y se prioriza la evacuación preventiva ante lluvias intensas. Un buen punto de partida para entender el contexto oficial es el informe del COEN–INDECI sobre el deslizamiento en Llusco: https://portal.indeci.gob.pe/wp-content/uploads/2019/01/20190125180819.pdf
Respuesta, reubicación y monitoreo: qué funciona en deslizamientos activos
Cuando un deslizamiento se mantiene activo, la estrategia suele combinar tres ejes: proteger vidas, reducir exposición y monitorear. En Llusco, los reportes registran medidas de seguridad perimétrica, apoyo para traslado de pertenencias y continuidad de servicios en puntos temporales (por ejemplo, atención de salud en ubicaciones alternativas).
A nivel técnico, lo que más reduce el riesgo es alejar viviendas e infraestructura de la zona de deformación. Eso puede implicar reubicación planificada, lotización segura, y restricciones de uso del suelo en sectores inestables. Otra medida clave es el manejo del agua: drenajes superficiales, control de escorrentía, mantenimiento de canales y reducción de filtraciones, porque el agua suele ser el “acelerador” invisible.
Para comprender por qué estos deslizamientos pueden permanecer activos y generar más grietas, sirve esta nota sobre el estado del deslizamiento y el riesgo de nuevas fracturas: alerta técnica sobre el deslizamiento activo en Llusco (Andina): https://andina.pe/ingles/noticia-ingemmet-alerta-deslizamiento-llusco-esta-activo-y-podria-causar-mas-grietas-719357.aspx
Lecciones para Cusco y los Andes: prevención real, no “parches”
El caso Llusco–Lutto Kututo deja aprendizajes aplicables a muchas zonas altoandinas: la amenaza no es solo el gran derrumbe, sino la inestabilidad prolongada. Las grietas que “siguen creciendo” son un síntoma de que el sistema está buscando un nuevo equilibrio, y ese proceso puede durar años si las lluvias y la geología lo favorecen.
¿Qué prevención funciona de verdad?
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Mapeo de peligro (zonificación): identificar áreas de ruptura, escarpa, depósitos y rutas de drenaje.
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Ordenamiento territorial: no reconstruir “encima” de la cicatriz del deslizamiento.
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Monitoreo comunitario + técnico: pluviómetros, puntos de control, reportes periódicos.
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Educación y simulacros: rutas de evacuación claras y puntos seguros definidos.
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Transparencia de la información: reportes públicos y señalización visible.
Como antecedente del impacto y la declaración de emergencia en 2018, este reporte periodístico resume el contexto y la respuesta inicial: estado de emergencia en Llusco por deslizamiento de tierra: https://cooperativa.cl/noticias/mundo/peru/declaran-estado-de-emergencia-al-sur-de-peru-por-deslizamiento-de-tierra/2018-03-03/131619.html
Si algo demuestra Llusco es que los desastres geológicos rara vez son un “evento aislado”. Son procesos. Y cuando el suelo habla en forma de grietas, lo más inteligente es escucharlo a tiempo.
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