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Rocian veneno en las tierras agrícolas de la Franja de Gaza

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En enero de 2018, agricultores de la Franja de Gaza denunciaron que aviones israelíes rociaron veneno sobre sus campos. Lo que para el ejército se presentó como una operación de “seguridad” sobre la franja fronteriza, para las comunidades rurales se convirtió en un ataque ambiental y económico que destruyó cosechas enteras de trigo, cebada, vegetales y forrajes.

En pocas horas, los cultivos que sostenían a cientos de familias comenzaron a amarillear, secarse y morir. Las denuncias se multiplicaron en zonas como Khan Younis, Rafah y Beit Hanoun, donde la agricultura es uno de los pocos medios de vida disponibles bajo un bloqueo que ya llevaba más de una década.

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Las autoridades locales y organizaciones de derechos humanos advirtieron que los compuestos pulverizados podrían incluir glifosato y paraquat, dos herbicidas de alta toxicidad, asociados a riesgos cancerígenos y daños neurológicos. La situación encendió alarmas no solo por la pérdida inmediata de alimentos, sino por el posible daño de largo plazo al suelo y al agua subterránea.

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Contexto: bloqueo, agricultura y vulnerabilidad

Para comprender el impacto de este episodio, es clave recordar que la Franja de Gaza vive desde 2007 bajo un severo bloqueo terrestre, marítimo y aéreo. Esto limita la entrada de insumos agrícolas, maquinaria, semillas y combustible, encareciendo cada campaña de siembra y volviendo más frágil todo el sistema productivo.

En este escenario, cada hectárea cultivable es vital. Los pequeños agricultores trabajan parcelas cercanas a la valla que separa Gaza de Israel, conocidas como “áreas de acceso restringido”, donde el riesgo de disparos, demoliciones o fumigaciones es constante. Informes de la ONU han documentado desde hace años restricciones a la circulación, destrucción de tierras y ataques a pescadores y campesinos en estas zonas.ochaopt.org+1

De acuerdo con datos recopilados por organizaciones locales e internacionales, miles de dunums de tierras agrícolas han sido dañados por fumigaciones aéreas con herbicidas desde 2014, con pérdidas acumuladas de millones de dólares para una economía ya colapsada.mezan.org+1

En este contexto, el rociado de enero de 2018 no fue un incidente aislado, sino parte de un patrón de intervenciones sobre la franja fronteriza que genera inseguridad permanente para quienes dependen del campo para sobrevivir.

Cómo se produjo el rociado de herbicidas

Según el relato de los agricultores, los rociados se realizaron en varios días de enero de 2018, en horarios de la mañana, cuando los campesinos ya se encontraban trabajando. Aviones ligeros volaron a baja altura paralelos a la valla y liberaron una nube de sustancias que, impulsadas por el viento, se internaron cientos de metros dentro de Gaza.

Un informe de la ONU sobre protección de civiles en enero de 2018 indicó que, según los propios agricultores, los aviones rociaron herbicidas en al menos cuatro ocasiones sobre tierras de cultivo a lo largo de la cerca.ochaopt.org+1

Años más tarde, la organización Gisha documentó, con apoyo de análisis independientes, que la mezcla utilizada incluía glifosato, oxyfluorfen y diurón, y que el rociado podía alcanzar más de 300 metros dentro de Gaza, afectando plantaciones mucho más allá de la zona inmediata de la valla.Gisha+1

Mientras el ejército israelí sostiene que estas operaciones buscan limpiar la vegetación para mantener un “corredor de seguridad”, grupos de derechos humanos señalan que no se notifica adecuadamente a los agricultores, ni se evalúan los impactos ambientales ni se ofrecen mecanismos efectivos de compensación por los daños causados.Gisha+1

Impacto en cultivos, suelos y agua

En cuestión de días, los campos de trigo, cebada, tomates, pepinos, espinaca, alfalfa y otros forrajes comenzaron a marchitarse. Los agricultores describieron cómo las hojas se volvieron amarillas, se quemaron los bordes y las plantas colapsaron, un cuadro típico de exposición a herbicidas sistémicos.

Las estimaciones de organizaciones locales hablaron de cientos de acres dañados, con pérdidas casi totales para muchos productores familiares. Un informe presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU mencionó que solo en una de las operaciones de enero de 2018 se vieron afectadas al menos 550 acres de tierras agrícolas, una superficie crítica para la seguridad alimentaria de Gaza.Biblioteca Digital de la ONU+1

La destrucción no se limitó a la campaña de ese año. Los herbicidas penetran en el suelo, alteran la microbiota que sostiene la fertilidad y pueden filtrarse hacia el agua subterránea, especialmente en áreas con riego intensivo. Agricultores y expertos locales señalaron que la tierra quedó inutilizable durante meses, obligando a muchos a dejar campos en barbecho forzado o a invertir recursos que no tenían para intentar recuperar la productividad.mezan.org+1

Además, el impacto ecológico se extendió a fauna, insectos polinizadores y ganado. El pastoreo sobre hierbas contaminadas elevó el riesgo de intoxicación en animales y abrió la posibilidad de exposición indirecta en la población humana a través de la cadena alimentaria.Transnational Institute+1

Consecuencias para la salud y los derechos humanos

Testimonios de campesinos recogidos por organizaciones de la sociedad civil describieron mareos, dolores de cabeza, irritación ocular, náuseas y problemas respiratorios inmediatamente después de los rociados. Estos síntomas son consistentes con la exposición aguda a herbicidas como glifosato y paraquat, que en muchos países se encuentran parcial o totalmente prohibidos debido a su toxicidad.Ban DDT+1

Además de los efectos inmediatos, la exposición crónica a estas sustancias se asocia con mayor riesgo de cáncer, alteraciones hormonales y enfermedades neurodegenerativas, especialmente en comunidades rurales que viven y trabajan en contacto directo con el suelo y el agua.

Diversas organizaciones de derechos humanos, como Al Mezan, Adalah y Gisha, exigieron a Israel que detuviera de inmediato las fumigaciones aéreas y que evaluara los daños a la luz del derecho internacional humanitario, que obliga a proteger a la población civil y sus medios de subsistencia incluso en contextos de conflicto. En una carta conjunta, estas organizaciones alertaron que el rociado pone en peligro la salud, la seguridad alimentaria y la dignidad de la población de Gaza.Gisha+1

Desde la perspectiva de los derechos humanos, el episodio de 2018 no se puede separar del bloqueo prolongado, las restricciones a la pesca y la destrucción periódica de infraestructuras esenciales. Todo ello configura lo que expertos han comenzado a denominar “violencia ecológica” o “ecocidio”, la utilización del daño ambiental como herramienta de control y castigo sobre comunidades enteras.SEDI+1

¿Crimen ambiental? Exigencias y lecciones globales

El caso de los herbicidas en Gaza ha reabierto el debate sobre si este tipo de acciones podrían considerarse crímenes ambientales a nivel internacional. Algunos juristas sostienen que, cuando se destruyen de manera deliberada ecosistemas clave para la supervivencia de una población, se cruzan límites que deberían ser perseguidos por la justicia global igual que otros crímenes graves.

Investigaciones como la de Forensic Architecture, que analizaron imágenes satelitales y patrones de viento para demostrar cómo el rociado fue diseñado para que el veneno cruzara la frontera y se adentrara en Gaza, refuerzan la idea de que no se trata simplemente de un “daño colateral” sino de una práctica sistemática que afecta a la seguridad alimentaria.Forensic Architecture+1

Para las familias campesinas, sin embargo, la discusión jurídica es solo una parte del problema. Lo urgente es recuperar la capacidad de cultivar, recibir compensaciones por las pérdidas y garantizar que no se repetirá la fumigación sin aviso. Muchos agricultores han optado por sembrar cultivos de menor valor o reducir la superficie cultivada, por miedo a que un nuevo rociado convierta en humo sus inversiones y su trabajo.MEO+1

Agroquímicos altamente tóxicos

A nivel global, el caso de Gaza se suma a otros ejemplos en los que agroquímicos altamente tóxicos se utilizan en contextos de conflicto o de control territorial, desde la defoliación en guerras pasadas hasta fumigaciones contra cultivos ilícitos que terminan afectando a comunidades rurales enteras.

La lección es clara: no se puede separar el medio ambiente de los derechos humanos. Rociar veneno sobre campos que alimentan a una población cercada no solo destruye plantas; erosiona la capacidad de una sociedad de sostenerse, de planificar su futuro y de vivir con dignidad.

Frente a ello, organizaciones de la región y del mundo reclaman transparencia sobre las sustancias utilizadas, monitoreo independiente, reparación para las víctimas y un compromiso real de no repetir estas prácticas. Mientras esa rendición de cuentas no llegue, los agricultores de Gaza seguirán sembrando bajo la sombra de los herbicidas, preguntándose si la próxima temporada de cultivo terminará otra vez en sequedad, olor químico y tierra muerta.

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