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internet-web-adiccion-afecta-cerebro - 2017-09-18 - Internet Redes

Internet web afecta la forma en que la gente piensa e interactúa socialmente

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Internet, y en particular la Internet web, se ha convertido en el escenario donde trabajamos, nos informamos, socializamos y nos entretenemos casi sin pausa. Pero ese cambio de hábitos no es neutro. Desde hace años, neurocientíficos y psicólogos analizan cómo el uso intensivo de pantallas modifica nuestra atención, nuestras emociones y la forma en que interactuamos socialmente.

En 2017, el psicólogo británico Dr. Phil Reed, profesor de psicología del desarrollo y de la conducta en la Universidad de Swansea, advirtió que la revolución digital está teniendo un efecto negativo, físico y mental en los seres humanos y que esta tendencia puede empeorar si no se controla la adicción a Internet o la dependencia digital. Sus palabras se han vuelto aún más actuales en un mundo hiperconectado.

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Una revolución digital que reconfigura el cerebro

La idea de que la tecnología cambia el cerebro no es nueva, pero la velocidad del cambio actual sí lo es. Cada vez que miramos una notificación, respondemos un mensaje o hacemos scroll infinito, nuestro cerebro recibe pequeñas dosis de recompensa dopaminérgica.

Este circuito de recompensa refuerza la conducta de conectarse una y otra vez, hasta el punto de que muchos usuarios sienten inquietud o ansiedad cuando no pueden revisar sus dispositivos. Los estudios citados por el Dr. Phil Reed sugieren que el uso excesivo de Internet está asociado a reducciones en el autocontrol, mayor impulsividad y dificultades para tolerar el aburrimiento.

Además, la exposición constante a estímulos rápidos y fragmentados (noticias, vídeos cortos, memes, mensajes) entrena al cerebro para buscar novedad permanente, haciendo más difícil mantener la atención en tareas prolongadas como la lectura profunda, el estudio o una conversación cara a cara.

La digitalización no solo ofrece nuevas herramientas; está moldeando los circuitos neuronales que sostienen la forma en que pensamos y sentimos.

Adicción a Internet y dependencia digital emergente

No todas las personas desarrollan una adicción, pero cada vez más usuarios muestran patrones de uso problemático de Internet, similares a los de otras conductas adictivas. Se habla de adicción a las redes sociales, adicción a los videojuegos online o adicción al smartphone.

Quienes la sufren suelen presentar síntomas como:

  • necesidad de conectarse durante más tiempo para sentir la misma satisfacción;

  • pérdida de control sobre el tiempo de uso;

  • descuido del sueño, la alimentación o el rendimiento laboral y académico;

  • irritabilidad cuando no pueden acceder a la red.

  • Informes de organismos internacionales sobre los efectos neurológicos de la adicción a Internet pueden consultarse en fuentes especializadas como la Organización Mundial de la Salud, donde se analizan trastornos como el gaming disorder.

    La dependencia digital no se limita a los videojuegos: plataformas de vídeo, redes sociales y aplicaciones de mensajería compiten por captar cada segundo de nuestra atención, empleando diseños persuasivos que refuerzan la conexión constante.

    Cambios en la atención, la memoria y el procesamiento de la información

    La multitarea digital (contestar mensajes mientras vemos un vídeo y revisamos otra app) parece eficiente, pero tiene un coste. La evidencia neuropsicológica apunta a que este estilo de uso se asocia con:

  • atención más dispersa, con dificultad para concentrarse en una sola tarea;

  • tendencia a procesar la información de forma más superficial;

  • mayor fatiga mental y sensación de saturación informativa.

  • El cerebro se acostumbra a recibir fragmentos breves de contenido, lo que reduce la práctica de la lectura profunda y crítica. Esto puede afectar a la memoria de trabajo, clave para retener datos mientras razonamos o resolvemos problemas.

    Diversos estudios sobre el impacto del uso excesivo de internet en el cerebro, disponibles en instituciones como la Asociación Americana de Psicología, alertan de cambios en las áreas cerebrales relacionadas con la autorregulación emocional, la planificación y la toma de decisiones.

    No se trata de que Internet “destruya” el cerebro, sino de que lo reorganiza en función de los hábitos que repetimos a diario.

    Impacto en las relaciones sociales y la empatía

    Internet web ha ampliado nuestras posibilidades de comunicación, pero también ha modificado la forma de relacionarnos. Mensajes breves, emojis y likes sustituyen muchas veces a las conversaciones profundas.

    La comunicación digital favorece la inmediatez, pero puede restar matices emocionales: desaparecen el tono de voz, las miradas y el lenguaje corporal. Esto puede dificultar el desarrollo de la empatía, sobre todo en personas que ya tienen habilidades sociales frágiles.

    El anonimato o la distancia física facilitan conductas como el ciberacoso, los discursos de odio o los ataques coordinados en redes. En estos entornos, algunas personas se desinhiben, pierden el sentido de responsabilidad y participan en dinámicas dañinas que quizá no asumirían en la vida offline.

    Al mismo tiempo, muchas relaciones se vuelven cuantitativas (número de seguidores, de reacciones) más que cualitativas. La comparación constante con vidas aparentemente perfectas alimenta sentimientos de insuficiencia, ansiedad y soledad, a pesar de estar “conectados” todo el tiempo.

    Riesgos para niños, adolescentes y jóvenes adultos

    El Dr. Phil Reed y otros especialistas alertan de que los cerebros en desarrollo son especialmente sensibles al impacto de la tecnología. Niños y adolescentes que pasan muchas horas frente a pantallas pueden presentar:

  • dificultades para regular sus emociones;

  • problemas de sueño, asociados a la luz azul de las pantallas y al uso nocturno;

  • menor práctica de actividades esenciales como el juego físico, la lectura o el contacto con la naturaleza;

  • mayor exposición a contenidos tóxicos o inadecuados para su edad.

  • Organismos como UNICEF ofrecen una guía de bienestar digital para adolescentes donde se recomiendan límites de tiempo de pantalla, supervisión activa y diálogo abierto con los cuidadores.

    En el caso de los jóvenes adultos, la combinación de presión académica, precariedad laboral y dependencia del móvil puede derivar en estrés crónico, procrastinación y caída del rendimiento. La línea entre estudio, ocio y trabajo se difumina, generando una sensación permanente de estar “ocupados”, pero no necesariamente de ser productivos.

    Cómo construir un uso consciente y saludable de la web

    La solución no es demonizar la tecnología, sino avanzar hacia un uso consciente de Internet que respete la salud mental y las relaciones humanas. Algunas estrategias clave son:

  • Establecer horarios sin pantallas, especialmente antes de dormir y durante las comidas.

  • Practicar el monotasking: hacer una sola cosa a la vez, sin notificaciones interrumpiendo.

  • Reservar tiempo diario para actividades offline: deporte, lectura en papel, arte, conversación cara a cara.

  • Desactivar notificaciones no esenciales y organizar sesiones específicas para revisar correos y redes.

  • Educar a niños y adolescentes en una alfabetización digital crítica, enseñándoles a reconocer contenidos dañinos y a cuidar su bienestar emocional.

  • Existen recursos prácticos, como las herramientas de control del tiempo de pantalla o las aplicaciones de bienestar digital, recopilados en portales especializados como Centro de seguridad en línea y bienestar digital, que ayudan a diseñar hábitos más equilibrados.

    El objetivo es que la tecnología esté a nuestro servicio y no al revés: usar Internet web sin que Internet nos use a nosotros.

    En definitiva, la advertencia del Dr. Phil Reed sobre los efectos negativos de la revolución digital sigue vigente. Internet web está cambiando el cerebro y transformando nuestras relaciones sociales a un ritmo acelerado. Reconocer estos impactos es el primer paso para construir una cultura digital más saludable, donde podamos aprovechar las ventajas de la red sin sacrificar nuestra atención, nuestra empatía y nuestro equilibrio emocional.

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