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Iceberg a punto de romperse en la Antártida – Claves 2025

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Iceberg a punto de romperse en la Antártida: por qué el caso Pine Island preocupa al mundo

El descubrimiento de un iceberg a punto de romperse en la Antártida, con una superficie aproximada de 300 kilómetros cuadrados, encendió las alarmas en la comunidad científica.
Las imágenes satelitales de alta resolución mostraron una grieta larga, escarpada y recién detectada en la plataforma de hielo del glaciar Pine Island, en la Antártida Occidental.
Lo que más inquieta a los especialistas no es solo la magnitud del bloque de hielo, sino la velocidad con la que la fractura crece y el contexto de calentamiento del océano que la está impulsando.

La grieta de casi 30 kilómetros de largo comenzó en una zona inusual: el centro de la plataforma de hielo, justo donde el frente flotante del glaciar entra en contacto con aguas oceánicas más cálidas, capaces de derretir el hielo desde abajo.
Este proceso invisible, conocido como fusión basal, debilita la estructura de la plataforma y la vuelve mucho más vulnerable a las fracturas superficiales que terminan generando icebergs gigantes.

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La grieta de 30 kilómetros: anatomía de una fractura gigante

Los expertos que analizan las imágenes describen la grieta como una hendidura profunda y abrupta que recorre el hielo como si fuera una cicatriz geológica.
Su longitud, cercana a los 30 km, y su rápida expansión indican que el iceberg está muy cerca de desprenderse completamente de la plataforma.

A diferencia de otras fracturas que se inician en el borde externo y avanzan hacia el interior, esta nació tierra adentro, donde el hielo supuestamente es más estable.
Esto sugiere que la estructura interna del glaciar Pine Island está debilitada, probablemente por años de fusión basal y por el constante empuje del flujo de hielo hacia el mar.

Los satélites permiten seguir casi en tiempo real el avance de la grieta, midiendo cada pequeño cambio en forma y longitud.
Misiones como Copernicus Sentinel o Landsat, junto con datos de radar, ofrecen información crucial para entender cómo se comporta el hielo cuando se expone a un océano que se calienta y a una atmósfera más templada.

 

 

Stef Lhermitte@StefLhermitte

A new 30 km long rift appeared across Pine Island Glacier since September indicating the upcoming calving of a ~300km² iceberg [1/n] pic.twitter.com/Dnh3YMKYIs

Turismo Antartida: si el Iceberg se rompe,tendrá 300 km.cuadrados

 

Stef Lhermitte@StefLhermitte

The upcoming ~300km iceberg (or its disintegrated pieces) will be the next large calving event after iceberg B-44 last year and the 6th large calving of since 2018 [2/n] pic.twitter.com/LdJ2caJrhv

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Pine Island: un glaciar clave en la Antártida Occidental

El glaciar Pine Island no es un glaciar cualquiera. Es uno de los principales drenajes de hielo de la Antártida Occidental, y actúa como una especie de puerta de salida para enormes volúmenes de hielo continental hacia el océano.
Cuando su plataforma de hielo flotante se debilita o se fractura, el hielo que está tierra adentro puede acelerar su flujo, aumentando la contribución al aumento del nivel del mar.

Por eso, la posible ruptura de un iceberg de 300 km² no se interpreta solo como un fenómeno espectacular, sino como un síntoma de inestabilidad.
Las plataformas de hielo funcionan como “tapones” o “contrafuertes”: mientras se mantienen intactas, frenan el flujo del glaciar; cuando se rompen, ese freno se reduce o desaparece.

Estudios publicados en revistas científicas y divulgados por instituciones como la NASA y el British Antarctic Survey coinciden en que Pine Island y su vecino, el glaciar Thwaites, son dos de los puntos más vulnerables de la Antártida Occidental frente al calentamiento global.
No es casual que sean objeto de misiones internacionales dedicadas exclusivamente a estudiar su evolución y su impacto potencial en el nivel del mar global.

Aguas más cálidas y fusión desde abajo: el papel del océano

La clave de lo que está ocurriendo con este iceberg a punto de romperse está en el océano.
Debajo de la plataforma flotante de Pine Island circulan corrientes de agua relativamente cálida, conocidas como Agua Profunda Circumpolar modificada, que pueden tener varios grados más que el punto de congelación del agua de mar.

Cuando estas aguas logran entrar en contacto con la base del hielo, lo derriten de forma silenciosa.
Ese derretimiento desde abajo adelgaza la plataforma, genera huecos, cavernas y canales, y reduce su capacidad de resistir los esfuerzos mecánicos.
El resultado es un hielo más delgado, fracturado y frágil, que termina desarrollando grietas superficiales como la de 30 km que hoy preocupa a los científicos.

Además, la pérdida de espesor altera el equilibrio entre la flotación y la gravedad.
A medida que el hielo flotante se adelgaza, pequeñas tensiones internas pueden transformarse en fracturas mayores, que finalmente liberan enormes icebergs.
Es un proceso gradual, pero que se acelera cuando el océano continúa ganando calor debido al cambio climático impulsado por la actividad humana.

Un precedente reciente: el iceberg de 2017 en Pine Island

La situación actual tiene un antecedente directo.
En 2017, un iceberg aproximadamente 4,5 veces más grande que Manhattan se desprendió también del glaciar Pine Island, marcando uno de los eventos de fractura más destacados de los últimos años.
Ese episodio ya había puesto a Pine Island en el centro del debate sobre la estabilidad de la Antártida Occidental.

Lo llamativo es que, apenas un año después, se observe un nuevo iceberg a punto de romperse en la misma región.
Esta sucesión de eventos sugiere que la plataforma de hielo se está volviendo más propensa a fracturarse con frecuencia, lo que a largo plazo podría significar una pérdida sostenida de masa de hielo.

Los investigadores han comparado series históricas de imágenes satelitales para reconstruir cómo ha cambiado la plataforma de Pine Island en las últimas décadas.
Los datos muestran una tendencia a retiros progresivos del frente de hielo, sumados a un adelgazamiento constante, lo que respalda la idea de que el sistema se encuentra en un estado de estrés creciente.

Para el público general, la magnitud puede apreciarse si recordamos que un iceberg de este tamaño equivale a varias ciudades juntas.
Según algunos análisis, explicados en sitios como informes sobre cambio climático en la Antártida, Pine Island y otros glaciares cercanos podrían, en un escenario extremo, contribuir con decenas de centímetros al aumento del nivel del mar durante los próximos siglos.

Implicancias globales: por qué este iceberg importa más allá de la Antártida

Aunque la ruptura de grandes icebergs forma parte del comportamiento natural de las plataformas de hielo, la frecuencia y las causas de estos eventos están cambiando.
Hoy sabemos que el calentamiento del océano y la atmósfera está alterando la dinámica del hielo antártico, y que regiones como Pine Island son especialmente sensibles.

Si la plataforma de hielo continúa adelgazando y fragmentándose, el glaciar que la alimenta podría acelerar su descarga de hielo hacia el mar, elevando el nivel medio de los océanos.
Esto tiene consecuencias directas para ciudades costeras, deltas y pequeñas islas en todo el mundo, donde millones de personas viven a muy poca altura sobre el nivel del mar.

Diversas investigaciones, divulgadas por medios como NASA Global Climate Change, advierten que incluso cambios aparentemente lejanos, como la ruptura de un iceberg en la Antártida, pueden traducirse en mayores riesgos de inundaciones, erosión costera y tormentas más destructivas.
Por eso, cada nuevo evento en Pine Island se analiza como una pieza más del rompecabezas climático global.

Además, el seguimiento detallado de estos icebergs permite mejorar los modelos numéricos de hielo y océano, fundamentales para proyectar escenarios futuros.
Cuanto mejor entendamos cómo responde la Antártida al calentamiento, más precisas serán las estimaciones sobre el aumento del nivel del mar y los plazos en que podría ocurrir.

Vigilancia satelital y responsabilidad humana ante el deshielo

El hecho de que este iceberg de unos 300 km² esté a punto de desprenderse se conoce gracias a una red global de satélites, radares y estaciones científicas que monitorean continuamente la Antártida.
La combinación de imágenes ópticas, sensores de radar y mediciones gravimétricas permite detectar cambios en el grosor del hielo, la aparición de grietas y la velocidad del glaciar.

Esta vigilancia permanente convierte a la Antártida en un laboratorio a cielo abierto del cambio climático.
Los datos recabados muestran una realidad incómoda: el calentamiento causado por las emisiones de gases de efecto invernadero está penetrando en regiones que antes se consideraban aisladas y estables.

Frente a este panorama, la responsabilidad no recae solo en la comunidad científica.
Las políticas climáticas, los acuerdos internacionales y las decisiones individuales sobre consumo de energía, transporte y uso de recursos son parte de la respuesta.
Informarse a través de fuentes especializadas, como centros de datos polares y glaciológicos, ayuda a comprender la urgencia del problema.

Mientras la grieta de casi 30 km sigue avanzando sobre la plataforma de Pine Island, el mundo observa cómo un nuevo iceberg a punto de romperse en la Antártida se convierte en símbolo de un planeta que se calienta y cambia rápidamente.
Cada imagen satelital, cada dato de temperatura y cada modelo climático nos recuerdan que lo que ocurre en los confines helados del sur está íntimamente conectado con el futuro de las costas, las ciudades y las comunidades humanas en todo el mundo.

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