ultravioleta-particulas-que-emiten-los-seres - 2018-09-25 - Biofotones1 1

Los biofotones existen en el espectro visible y ultravioleta

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En 2018 circuló con fuerza una idea fascinante: que todos los seres vivos emiten luz y que esa luz, aunque real, es tan tenue que necesitaríamos ojos 1.000 veces más sensibles para verla. Hoy, con mejores sensores, la ciencia describe este fenómeno como biofotones o Ultra-Weak Photon Emission (UPE): una emisión espontánea de fotones, extremadamente baja, asociada al metabolismo y a procesos de oxidación.

Lo más importante: no estamos hablando de “aura” mística. Hablamos de fotones medibles, en rangos del visible y, según condiciones, también del ultravioleta, que pueden revelar información sobre el estado bioquímico de células, tejidos y organismos completos.

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Qué son los biofotones (UPE) y por qué aparecen en visible y UV

Los biofotones son fotones emitidos de forma espontánea por sistemas vivos a intensidades tan bajas que suelen quedar enterradas en el ruido de fondo. Se los considera una forma de quimioluminiscencia ultra-débil vinculada a reacciones químicas internas, especialmente a la formación de especies excitadas durante procesos oxidativos.

En términos simples: cuando el cuerpo “quema” energía, repara daño o responde al estrés, se generan intermediarios químicos altamente reactivos. Algunos regresan a estados de menor energía liberando esa diferencia como luz. Ese “destello” es minúsculo, pero existe.

¿Y por qué se menciona el ultravioleta? Porque ciertas transiciones energéticas y especies excitadas pueden producir fotones de mayor energía, aunque en mediciones biológicas reales se observa con frecuencia un rango predominante en visible cercano y visible, y el UV suele requerir condiciones experimentales y filtros específicos. Una revisión moderna del tema resume historia, mecanismos y medición de la UPE con bastante claridad. Podés verla en esta revisión sobre ultra-weak photon emission (UPE) publicada en Frontiers.

El origen más aceptado: metabolismo, estrés oxidativo y ROS

La explicación más respaldada hoy conecta la UPE con el metabolismo oxidativo y el estrés oxidativo. En especial, con el papel de las especies reactivas de oxígeno (ROS), capaces de iniciar cadenas de reacciones (por ejemplo, peroxidación lipídica) que generan moléculas en estados excitados. Al relajarse, emiten fotones.

Esto no significa “daño” necesariamente: el metabolismo normal produce ROS en niveles bajos, y el organismo dispone de antioxidantes y enzimas para gestionarlas. Pero cuando el equilibrio se altera (inflamación, fatiga intensa, hiperglucemia, etc.), la señal puede cambiar.

En plantas, animales y tejidos humanos se observa que la UPE puede variar con el estrés y con la química redox. Un trabajo de referencia resume cómo las ROS participan en la UPE y cómo distintas biomoléculas (lípidos, proteínas, ácidos nucleicos) pueden contribuir a la emisión. Si querés profundizar en el mecanismo, este artículo sobre el rol de las especies reactivas de oxígeno en la emisión ultra-débil es un buen punto de partida.

Cómo se detecta lo que el ojo no ve: fotomultiplicadores y cámaras ultra-sensibles

Si nuestros ojos necesitarían ser “1.000 veces” más sensibles, la pregunta obvia es: ¿cómo se mide? La respuesta es tecnología de bajo ruido y alta sensibilidad. Los laboratorios usan principalmente:

  • Fotomultiplicadores (PMT): detectores extremadamente sensibles que cuentan fotones individuales o flujos de fotones con muy bajo ruido.

  • Cámaras CCD/CMOS enfriadas: al reducir el ruido térmico, permiten capturar señales ultra-débiles, a veces formando mapas espaciales de emisión.

  • Filtros espectrales: para estimar en qué bandas (visible cercano, visible, UV) se concentra la emisión.

Las mediciones suelen realizarse en condiciones controladas: oscuridad casi total, control de temperatura, calibración y protocolos para separar señal real de artefactos (por ejemplo, “afterglow” de materiales, fluorescencia residual o contaminación lumínica).

Una revisión en acceso abierto describe con detalle definiciones, diferencias con bioluminiscencia y métodos de detección, útil para entender por qué el tema es serio y difícil a la vez: células emiten luz a intensidades ultra-bajas y medirlo exige instrumentación muy específica.

Qué se ha observado en humanos: patrones, ritmos y variaciones

En humanos, los resultados más consistentes muestran que la UPE:

  • No es uniforme: cambia por zonas del cuerpo y por condiciones fisiológicas.

  • Puede variar con el ritmo circadiano, actividad y estado metabólico.

  • Es extremadamente pequeña, pero medible con protocolos adecuados.

Estudios y revisiones han explorado la UPE como posible indicador indirecto de procesos oxidativos y estado de salud, aunque aún no es una herramienta clínica estándar. En 2021, por ejemplo, se discutió la UPE humana como un enfoque no invasivo prometedor, pero con limitaciones y controversias pendientes (sensibilidad, estandarización, interpretación).

Lo crucial para una mirada “Orbes”: la señal existe, pero su significado no es unívoco. Un aumento o disminución no “diagnostica” por sí solo. Puede reflejar múltiples variables: estrés, inflamación, exposición previa a luz, temperatura de piel, perfusión, glucosa, sueño, entre otras.

Aun así, la idea de contar fotones del cuerpo como una “ventana” a la química interna abre una vía potente: medición no invasiva, potencialmente continua y sensible a cambios sutiles.

¿Biofotones como comunicación? Qué es plausible y qué sigue en debate

Aquí aparece la parte más tentadora (y donde más se exagera en internet): la hipótesis de que los biofotones podrían participar en señalización o “comunicación” celular. Hay autores que han propuesto modelos de coherencia o roles reguladores, pero el consenso fuerte hoy se mantiene más prudente: la UPE es, en gran parte, un subproducto de reacciones metabólicas oxidativas, y su uso como canal de comunicación generalizado no está demostrado de forma concluyente.

Dicho eso, la investigación avanza. En 2024, Scientific Reports publicó resultados sobre emisión ultra-débil desde ADN bajo ciertas condiciones, lo que reaviva preguntas sobre fuentes específicas dentro de la célula y sobre cómo interpretar componentes de la señal. Podés leerlo aquí como referencia directa: ultra-weak photon emission from DNA.

La forma correcta de pensarlo:

  • Hecho: hay emisión ultra-débil medible.

  • Bastante probable: se relaciona con química redox, oxidación y estados excitados.

  • En investigación: si parte de esa luz puede tener roles funcionales o aportar biomarcadores robustos.

Impacto real: biomarcadores ópticos, medicina y el “nuevo vistazo” tecnológico

El “vistazo” que prometía el artículo de 2018 hoy es más concreto: sensores más sensibles, mejores cámaras y análisis estadístico permiten mapear UPE y correlacionarla con procesos fisiológicos. Pero el impacto más realista, por ahora, es este: biomarcadores ópticos complementarios.

Posibles aplicaciones (con cautela):

  • Seguimiento de estrés oxidativo y respuesta inflamatoria en investigación.

  • Evaluación de cambios metabólicos en estudios de nutrición, ejercicio y sueño.

  • Exploración en contextos clínicos, como apoyo experimental no invasivo, todavía lejos de ser diagnóstico “plug and play”.

Un ejemplo de línea aplicada: trabajos han propuesto que la UPE podría aportar información en diversas condiciones, pero remarcan la necesidad de más evidencia y estandarización.

Si lo llevamos a una conclusión clara: sí, los biofotones existen y se detectan con instrumentación adecuada. La parte transformadora no es “ver un aura”, sino disponer de una señal óptica ultra-débil que podría convertirse, con metodología sólida, en un indicador adicional del estado interno del organismo. En 2018 era una promesa fascinante; hoy es un campo activo que pide rigor, pero ya no es ciencia ficción.

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