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agujeros-glaciar-de-islandia - 2017-09-11 - Islandia 1

Aparecen agujeros gigantes en el glaciar de Islandia

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Islandia: enormes agujeros de 400 metros se han abierto en uno de los glaciares más grandes de Europa.

Esto provoca temores de que otra gran erupción esté a punto de comenzar.

Vatnajokull se extiende sobre el 8% de Islandia y abarca muchos volcanes. Durante los últimos años, el aumento de la actividad sísmica en la zona ha llevado a la fusión de la capa de hielo. Esta fusión causó numerosas inundaciones en la región.

Con la aparición de estos nuevos agujeros en el glaciar, los científicos han advertido que una erupción volcánica catastrófica podría estar en camino.

 

Las cavidades en el hielo hacen que la tierra situada bajo el glaciar se exponga por primera vez en muchos cientos de años, o tal vez en miles de años, desde que se formó el glaciar. Los científicos ahora están preocupados. Dijeron que es importante estar atentos si se crean más calderas. Las calderas aumentan las posibilidades de que haya una inundación glacial.

 

Las inundaciones, conocidas en Islandia como Jokulhlaup, ocurren cuando falla una presa que contiene un lago glacial. Pueden ocurrir debido a la presión acumulada. Sin embargo, es mucho más probable que sean causados ​​por un terremoto o una erupción volcánica. Esto ocurrió en 2010 cuando el volcán Eyjafjallajökull entró en erupción.

 

Aunque hay algo extraño sucediendo en el glaciar más grande de Islandia. Nadie sabe exactamente que es. Los habitantes  creen que habrá una erupción volcánica catastrófica. Katla entró en erupción la última vez en 1918. Y no hay registros de que pasen más de 99 años sin que haya una erupción volcánica.

 

Las últimas diez erupciones ocurrieron entre septiembre y noviembre y esto fue durante una fusión glacial. La presencia de una actividad sísmica ha aumentado este verano. El pueblo de Islandia está ahora observando los signos más pequeños de cualquier erupción.

El volcán más observado es Katla, fuera de los 30 volcanes que son activos. En promedio un acontecimiento volcánico importante en Islandia ocurre cada cinco años. La última erupción fue la erupción Eyjafjallajökull,y esto ocurrió en 2010. Creó una nube de ceniza que dejó a más de 10 millones de personas varadas.

El glaciar más grande de Islandia Vatnajokull y los volcanes bajo su hielo.

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En el corazón de Islandia, el glaciar Vatnajökull se ha convertido en un laboratorio natural donde la Tierra muestra su fuerza más primitiva. En los últimos años, la aparición de agujeros gigantes en el hielo ha despertado preocupación entre científicos y autoridades, porque no se trata solo de un fenómeno paisajístico: puede ser la señal de que una erupción volcánica catastrófica está en camino.

Vatnajökull se extiende sobre alrededor del 8 % de la superficie de Islandia y cubre una compleja red de volcanes activos. La combinación de calentamiento global, aumento de la actividad sísmica y dinamismo volcánico hace de esta región uno de los lugares más vigilados del planeta.

Un glaciar colosal sobre una fábrica de volcanes

El glaciar Vatnajökull no es una simple masa de hielo. Es una gigantesca cúpula helada bajo la cual se esconde un auténtico cinturón volcánico. Varios de los volcanes más importantes de Islandia se encuentran bajo su capa de hielo, entre ellos Grímsvötn, Bárðarbunga y Öræfajökull, nombres que los vulcanólogos conocen muy bien.

La particularidad de Islandia es que se asienta sobre la dorsal mesoatlántica, una zona donde las placas tectónicas se separan y permiten la salida de magma desde el interior del planeta. Al mismo tiempo, el país está influido por un punto caliente que potencia aún más la actividad volcánica. Cuando esa energía asciende justo debajo de una lengua de hielo, el resultado es un delicado equilibrio entre fusión del glaciar, acumulación de agua de deshielo y posibles erupciones subglaciales.

En este contexto, la aparición de nuevos agujeros gigantes en el glaciar —muchos de ellos visibles desde el aire como enormes depresiones circulares— es leída por los expertos como una señal de alarma que no se puede ignorar.

Aumento de la actividad sísmica y fusión acelerada del hielo

Durante los años previos y posteriores a 2017, los instrumentos instalados en la zona registraron un marcado incremento en los enjambres sísmicos bajo Vatnajökull. Estos enjambres consisten en series de pequeños terremotos que, aunque no causan daños directos, indican movimientos de magma y fluidos en el subsuelo.

Cada vez que el magma se acerca a la superficie, su calor se transmite a la base del glaciar. Esto provoca un proceso conocido como fusión basal, donde el hielo se derrite desde abajo y genera acumulaciones de agua de deshielo. Esa agua, atrapada entre el hielo y el lecho rocoso, puede formar lagos subglaciales que permanecen ocultos durante años.

La consecuencia visible en superficie son las depresiones y agujeros gigantes que comienzan a abrirse en diferentes sectores del glaciar. En algunos casos, estas cavidades pueden tener decenas o incluso cientos de metros de diámetro. Desde la superficie, se ven como enormes cráteres oscuros rodeados de hielo fracturado, testigos de que el glaciar está respondiendo a fuerzas ocultas.

Los glaciólogos comparan estas estructuras con “ventanas” al interior del sistema. A través de imágenes satelitales y sobrevuelos, han podido seguir la evolución de esos agujeros, vinculándolos con pulsos de actividad sísmica y con variaciones en la velocidad de deslizamiento del hielo sobre el terreno.

Jökulhlaups: las inundaciones repentinas que aterran a Islandia

Cuando el agua de deshielo se acumula en grandes cantidades bajo un glaciar, el sistema se vuelve inestable. De repente, la presión interna puede superar la resistencia del hielo que la retiene. En ese momento, se desencadena lo que en Islandia se conoce como jökulhlaup, una inundación glacial repentina capaz de arrasar todo a su paso.

En la región de Vatnajökull, los jökulhlaups no son un fenómeno teórico: forman parte de la memoria histórica del país. A lo largo del siglo XX y principios del XXI, varias de estas inundaciones destruyeron puentes, carreteras y líneas eléctricas, dejando paisajes marcados por gigantescos abanicos de sedimentos.

Los agujeros gigantes observados desde 2017 en adelante se vinculan precisamente con estos procesos. El hielo, debilitado por la fusión interna, se hunde y abre cavidades que pueden convertirse en puntos de drenaje para futuras inundaciones. Por eso, las autoridades islandesas trabajan estrechamente con equipos científicos y sistemas de monitoreo, como los que describe la Oficina Meteorológica de Islandia en sus informes sobre jökulhlaups y riesgos glaciares, para anticipar cualquier evento extremo y evacuar a la población con tiempo suficiente.

La experiencia acumulada demuestra que, cuando los agujeros se multiplican y la sismicidad se intensifica, la probabilidad de una liberación súbita de agua aumenta de forma preocupante.

¿Señal de una erupción volcánica catastrófica?

La gran pregunta que se hacen los investigadores es si la aparición de estas cavidades en Vatnajökull es solo una consecuencia del calentamiento global y del incremento general de la fusión del hielo, o si, por el contrario, están indicando que el magma se está acumulando peligrosamente cerca de la superficie.

En 2011, el volcán Grímsvötn, situado bajo el glaciar, protagonizó una erupción explosiva que lanzó cenizas hasta 20 kilómetros de altura y obligó a cancelar cientos de vuelos en Europa. Otros sistemas volcánicos cercanos, como Bárðarbunga, causaron largas fisuras eruptivas y extensos campos de lava, acompañados de importantes emisiones de gases.

Los científicos saben que una erupción subglacial de gran magnitud podría tener impactos globales. La interacción entre magma y hielo genera grandes cantidades de ceniza volcánica fina, capaz de viajar miles de kilómetros y alterar el tráfico aéreo a escala continental. Además, una erupción catastrófica podría producir jökulhlaups masivos, con caudales de agua y sedimentos comparables a los mayores ríos del planeta.

En este escenario, los agujeros gigantes en el glaciar se interpretan como una pieza más del rompecabezas. Aportan evidencias de que el sistema está cambiando y de que el equilibrio entre hielo, agua y magma se está rompiendo. Informes especializados publicados en revistas de geociencias, como los artículos sobre erupciones subglaciales en Islandia y su impacto en el clima, subrayan que estos procesos pueden actuar como desencadenantes de cambios atmosféricos temporales, al inyectar aerosoles y gases en las capas altas de la atmósfera.

Aunque el artículo original que describía este fenómeno en 2017 ya advertía de la posibilidad de una erupción volcánica catastrófica, la ciencia insiste en que no se trata de hacer predicciones exactas a corto plazo, sino de comprender las tendencias y preparar a la sociedad ante los distintos escenarios.

Cambio climático, fragilidad del hielo y responsabilidad global

Más allá del riesgo volcánico, la situación de Vatnajökull es también un espejo del cambio climático global. Durante las últimas décadas, los glaciares de Islandia han perdido una cantidad significativa de masa, y algunos estudios indican que una parte importante del hielo islandés podría desaparecer en las próximas centurias si continúan las actuales tendencias de calentamiento.

Cuando el hielo se adelgaza, su capacidad para confinar el magma y el agua disminuye. Esto significa que los procesos volcánicos subyacentes pueden manifestarse de forma más violenta en superficie. En otras palabras: la fusión acelerada del glaciar no solo es un síntoma del calentamiento global, sino que también amplifica los riesgos geológicos.

El caso de Vatnajökull ilustra cómo la crisis climática y la actividad volcánica pueden interactuar. Mientras organismos como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático analizan los efectos del calentamiento en glaciares de todo el mundo, Islandia se convierte en un caso de estudio para entender hasta qué punto la pérdida de hielo puede modificar la frecuencia y la intensidad de las erupciones.

Desde la perspectiva ciudadana, el mensaje es claro: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero no solo protege al clima en abstracto, sino que también contribuye a estabilizar regiones volcánicas cubiertas de hielo, donde cada grado de temperatura cuenta.

Vigilancia constante y ciencia al servicio de la prevención

Ante este panorama, Islandia ha desarrollado una de las redes de monitoreo volcánico y glaciar más avanzadas del mundo. Sismógrafos, GPS de alta precisión, radares de penetración en hielo y satélites de observación trabajan de manera conjunta para seguir la evolución de Vatnajökull en tiempo real.

Los datos recogidos se comparten con centros de investigación internacionales y con agencias de protección civil. La cooperación entre glaciólogos, vulcanólogos y expertos en gestión de riesgos es clave para traducir señales complejas —como la apertura de agujeros gigantes en el glaciar— en decisiones concretas, por ejemplo, cerrar carreteras, evacuar zonas vulnerables o emitir alertas para la aviación.

Al mismo tiempo, el glaciar se ha convertido en un destino para el turismo científico y responsable, con visitas guiadas que explican la relación entre hielo, volcanes y clima. Diversos portales de divulgación, como las plataformas dedicadas al turismo geológico en Islandia, recomiendan a los viajeros seguir siempre las indicaciones oficiales y contratar guías acreditados, ya que la presencia de grietas, cuevas de hielo inestables y agujeros ocultos puede ser extremadamente peligrosa para los visitantes desprevenidos.

En este sentido, Vatnajökull es un recordatorio de que la belleza extrema de la naturaleza suele ir acompañada de una vulnerabilidad igualmente extrema. Lo que hoy se contempla como un paisaje impresionante de hielo azul y cavidades gigantes puede, en cuestión de horas, transformarse en un escenario dominado por inundaciones, ceniza y gases.