Antiguo árbol registra en su anillo la inversión del campo magnético de la Tierra
Los árboles milenarios no solo viven durante siglos; también pueden convertirse en archivos naturales de la historia del planeta. En 2019, en Ngāwhā, en la Isla Norte de Nueva Zelanda, se descubrió un tronco gigante de swamp kauri (Agathis australis) enterrado en antiguos sedimentos. Ese árbol, de más de 16 metros y decenas de toneladas, resultó tener unos 40.000 años de antigüedad y conservaba en sus anillos un registro excepcional de una inversión del campo magnético de la Tierra. NZ Herald
Para muchas comunidades locales el árbol era casi un ser con alma, un testigo silencioso de eras glaciales, cielos distintos y radiaciones más intensas. Para la ciencia, se convirtió en una especie de “caja negra” del clima y del magnetismo terrestre, capaz de contar qué ocurrió cuando el planeta perdió casi por completo su escudo magnético.
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Un tronco antiguo que reaparece en Ngāwhā
El tronco apareció durante las obras de una central geotérmica cerca de Ngāwhā Springs, al norte de Nueva Zelanda. Los trabajadores se toparon con un árbol gigantesco, perfectamente conservado en el barro, que había permanecido oculto durante decenas de milenios. NZ Herald
Los estudios iniciales mostraron que se trataba de un kauri de pantano, árboles que pueden vivir casi dos mil años antes de caer y quedar sepultados en turberas. Gracias al entorno sin oxígeno, la madera se conserva de forma extraordinaria, como si el tiempo se hubiera detenido. Wikipedia
En 2019 la noticia dio la vuelta al mundo: un árbol fósil de unos 40.500 años podía aportar pistas sobre un misterioso episodio climático y magnético. El hallazgo despertó el interés de geólogos, paleoclimatólogos y físicos que buscaban entender mejor las inversiones del campo magnético terrestre y sus efectos sobre la vida.

Cómo un árbol puede registrar una inversión magnética
A simple vista, los anillos de un árbol cuentan historias de lluvia, sequía y temperatura. Pero en el caso del kauri de Ngāwhā, los científicos vieron la oportunidad de ir más allá: usar sus anillos como un registro de radiocarbono (carbono-14).
Cuando el campo magnético de la Tierra se debilita, entra más radiación cósmica en la atmósfera. Esa radiación transforma parte del nitrógeno en carbono-14, un isótopo radiactivo que luego es absorbido por los árboles a través del dióxido de carbono. Cuanto mayor es la radiación, más carbono-14 queda atrapado en los anillos de crecimiento. gfz.de
Analizando anillo por anillo, los investigadores reconstruyeron 1.700 años de variaciones de radiocarbono justo en el periodo en el que el campo magnético parecía haberse vuelto inestable. De este modo, el kauri se convirtió en una “regla milimetrada del tiempo”, que permitió sincronizar registros de hielo, sedimentos marinos y otras evidencias geológicas distribuidas por todo el planeta. Lab Manager+1

El evento Laschamp y el “Adams Event” de hace 42.000 años
Los datos del árbol encajaban con un episodio conocido como evento Laschamp, una excursión geomagnética ocurrida hace unos 42.000 años, cuando el campo magnético se invirtió durante unos cientos de años y su intensidad cayó a entre el 0 y el 6 % del valor actual. gfz.de+2Wikipedia+2
Estudios posteriores bautizaron a esta fase crítica como “Adams Event”, en referencia al escritor Douglas Adams y su famoso número 42, porque la inversión coincidió con los 42.000 años antes del presente. Earth Sciences New Zealand | NIWA+1
Durante ese tiempo, los polos magnéticos “se volvieron locos”: el polo norte se desplazó hacia el sur y viceversa, para luego volver a su configuración original. El kauri de Ngāwhā fue uno de los pocos seres vivos que estuvo presente durante todo el proceso, registrando en silencio las consecuencias de un planeta con su escudo magnético casi apagado.
Para profundizar en este fenómeno, es muy recomendable la lectura de la <a href=»https://www.sciencenews.org/article/earth-magnetic-field-reversal-mass-extinctions-environment-crisis» target=»_blank» rel=»noopener»>investigación sobre el evento Laschamp y sus impactos climáticos</a>, que resume los principales hallazgos científicos.

Consecuencias climáticas y biológicas de un campo magnético inestable
La información del árbol sirvió para alimentar modelos climáticos globales. Al simular un campo magnético extremadamente débil, los científicos observaron una reducción importante de la capa de ozono, un aumento de la radiación ultravioleta y cambios en los patrones de circulación atmosférica. gfz.de+1
Estos cambios pudieron haber desencadenado alteraciones drásticas en el clima, con regiones que se enfriaban rápidamente y otras que sufrían sequías prolongadas. Algunos investigadores sugieren que este escenario contribuyó a crisis ambientales, extinciones locales de grandes mamíferos e incluso a la desaparición de los neandertales en Europa, aunque la relación exacta aún se debate. New Atlas+1
El árbol de Ngāwhā también ofrece pistas sobre cómo las sociedades humanas primitivas pudieron haber reaccionado. Un incremento de tormentas eléctricas, auroras intensas en latitudes medias y cielos extrañamente iluminados pudo impulsar cambios culturales, como el auge de las pinturas rupestres en cuevas como refugio frente a un entorno exterior más hostil. New Atlas
Quien quiera explorar más sobre los vínculos entre reversales magnéticas y vida en la Tierra puede consultar el análisis divulgativo de Smithsonian en su artículo sobre “caos para la vida durante una inversión magnética”
¿Podría repetirse una inversión del campo magnético hoy?
El campo magnético de la Tierra no es estable: oscila, se desplaza y, de vez en cuando, se invierte. Sabemos que la última gran inversión completa ocurrió hace unos 780.000 años, pero las excursiones cortas, como la de Laschamp, son más frecuentes. gfz.de+1
Las mediciones modernas muestran que, en los últimos siglos, el campo se ha debilitado alrededor de un 9 % en promedio, y mucho más en zonas como la Anomalía del Atlántico Sur, que afecta especialmente a Sudamérica y el sur del Atlántico. Algunos científicos se preguntan si estamos viendo las primeras señales de una nueva fase de inestabilidad. gfz.de
Sin embargo, los registros de árboles como el kauri de Ngāwhā indican que estos procesos pueden durar cientos o miles de años. No se trata de un cambio repentino de un día para otro, sino de una transición prolongada durante la cual la vida tiene cierto margen para adaptarse.
Para mantenerse al día sobre estas investigaciones, muchos expertos recomiendan seguir recursos como la <a href=»https://theconversation.com/earths-magnetic-field-broke-down-42-000-years-ago-and-caused-massive-sudden-climate-change-155580″ target=»_blank» rel=»noopener»>explicación del colapso del campo magnético hace 42.000 años</a>, escrita por parte del equipo científico que trabaja con los kauri neozelandeses. Ngāwhā Generation
Lo que nos enseña este árbol sobre nuestra vulnerabilidad
Más allá de los detalles técnicos, la historia del antiguo árbol de Ngāwhā nos recuerda que la Tierra es un sistema dinámico, capaz de cambios extremos en escalas de tiempo relativamente breves. Para los seres humanos modernos, acostumbrados a una civilización electrificada y dependiente de satélites, un escenario de campo magnético muy débil implicaría riesgos serios:
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Mayor incidencia de tormentas solares dañando redes eléctricas y comunicaciones.
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Aumento de la radiación en vuelos de alta altitud y en latitudes elevadas.
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Cambios climáticos regionales que podrían afectar agricultura, recursos hídricos y biodiversidad.
Al mismo tiempo, este árbol milenario nos enseña algo más íntimo: los seres vivos son archivos de la memoria del planeta. Los anillos del kauri guardan la huella de eventos apocalípticos que ocurrieron mucho antes de que existiera la escritura, e incluso antes de que nuestra especie se extendiera por el mundo.
Mirar su sección pulida es como leer una biografía de la Tierra, escrita con círculos de madera en lugar de tinta. Y comprenderla puede ayudarnos a prepararnos mejor para un futuro en el que el campo magnético vuelva a cambiar, y en el que nuestras ciudades y tecnologías deban enfrentarse a un cielo más activo y peligroso.
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