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derrocar-al-presidente-sirio-bashar-al-assad - 2018-04-16 - Tercera Guerra1 1

Estados Unidos planeaba derrocar al presidente sirio Bashar al Assad

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Estados Unidos planeaba derrocar al presidente sirio Bashar al Assad: ¿qué hay detrás de la denuncia de Wesley Clark?

En 2018 volvieron a circular con fuerza las declaraciones del general estadounidense Wesley Clark, ex comandante supremo de la OTAN, sobre un supuesto plan de Washington para derrocar al presidente sirio Bashar al Assad y a otros seis gobiernos en Medio Oriente y África.
Estas afirmaciones, realizadas originalmente a comienzos de los años 2000, alimentan desde entonces un intenso debate sobre la estrategia geopolítica de Estados Unidos tras el 11-S, pero también sobre el límite entre la crítica legítima y la teoría de la conspiración.

A continuación se presenta un análisis amplio y contextualizado, útil para lectores que buscan comprender el origen, el contenido y las implicaciones de estas denuncias, sin dar por hecho que todo lo afirmado sea cierto ni desestimarlo sin más.

Contexto: quién es Wesley Clark y por qué sus palabras generaron impacto

Wesley Clark es un general de cuatro estrellas retirado del ejército de Estados Unidos, que alcanzó notoriedad como comandante supremo de la OTAN durante la guerra de Kosovo. Su trayectoria militar, su posterior carrera política y su presencia en medios hicieron que sus declaraciones sobre la política exterior de EE. UU. tuvieran un peso particular.

En una entrevista con el programa Democracy Now!, Clark relató una conversación en el Pentágono poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Allí, según su versión, un alto oficial le mostró un memorándum –no difundido públicamente– que hablaba de un plan para “tomar” siete países en cinco años: Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán.

Esta frase, repetida y comentada durante años, se convirtió en una especie de símbolo de la crítica al intervencionismo estadounidense. Sin embargo, Clark nunca aportó el documento original y siempre matizó que se trataba de una conversación informal, lo que deja abierta la discusión sobre si fue un plan real y detallado, una idea en estudio o simplemente una visión estratégica discutida en ciertos círculos del poder.

El memorándum de los “siete países en cinco años” y la guerra en Siria

Las guerras y cambios de régimen producidos en Irak y Libia, así como la guerra civil siria, alimentaron la percepción de que el supuesto plan que describió Clark se estaba cumpliendo, aunque fuera de forma fragmentaria y con plazos mucho más largos.

En el caso de Siria, el argumento central es que Washington habría visto la oportunidad, durante las protestas de 2011 y el estallido del conflicto interno, para apoyar a grupos opositores armados y debilitar al gobierno de Bashar al Assad, alineado con Irán y Rusia.

La realidad es compleja:

  • Estados Unidos sí brindó apoyo político y material a sectores de la oposición siria.

  • Sin embargo, también se enfocó en la lucha contra grupos yihadistas como Al Qaeda y, más tarde, el autodenominado Estado Islámico (ISIS).

  • A nivel oficial, Washington ha negado reiteradamente cualquier plan para “derrocar gobiernos en serie” en la región.

  • Para entender el trasfondo, muchos analistas recomiendan revisar las transformaciones en la doctrina de seguridad estadounidense tras el 11-S, documentadas en informes públicos y en investigaciones académicas de centros como el Council on Foreign Relations o estudios publicados por medios como BBC Mundo que explican la evolución del conflicto sirio y el papel de las potencias externas.

    Acusaciones sobre ISIS, Obama y el llamado “Estado profundo”

    En el marco de estas denuncias se popularizó también la idea de que ISIS habría sido “creado” o fomentado por la administración de Barack Obama, con la colaboración de figuras como Hillary Clinton y de un supuesto “Deep State” o Estado profundo.

    Es importante subrayar algunos puntos clave:

  • Existen documentos desclasificados y reportes periodísticos que muestran errores graves de cálculo, operaciones encubiertas y el uso de grupos armados como “fuerzas proxy” por parte de diversas potencias, incluida EE. UU., en distintos conflictos.

  • Sin embargo, no hay pruebas concluyentes de que Washington haya diseñado y controlado de manera directa a ISIS como una herramienta perfectamente orquestada.

  • La mayoría de los especialistas en terrorismo y seguridad internacional describen a ISIS como el resultado de una combinación de factores: la invasión y ocupación de Irak, la marginación de la población sunita, la guerra civil siria, el financiamiento de actores privados de la región y la radicalización ideológica en redes transnacionales.

  • Desde una perspectiva crítica pero rigurosa, es más exacto hablar de decisiones políticas y militares que favorecieron el ascenso de ISIS, en lugar de presentar como hecho probado que fue un “proyecto creado en un despacho” por Obama o por la CIA. Dar por cierto este tipo de afirmaciones sin matices puede transformar el análisis geopolítico en discurso conspirativo, algo que numerosos fact-checkers y organizaciones de verificación han advertido en repetidas ocasiones.

    ¿Plan maestro para la Tercera Guerra Mundial o suma de decisiones mal calculadas?

    Algunos comentaristas interpretan las declaraciones de Clark y la secuencia de intervenciones militares como pruebas de un plan maestro para provocar una Tercera Guerra Mundial, reconfigurar las fronteras del mundo árabe y consolidar la hegemonía estadounidense.

    Sin embargo, varios elementos invitan a adoptar una visión más prudente y matizada:

  • Los propios documentos oficiales de Washington muestran cambios de estrategia, debates internos y fuertes discrepancias entre distintos sectores del gobierno y del Congreso.

  • La política exterior de EE. UU. hacia Siria y Oriente Medio en general ha oscilado entre el intervencionismo directo, el uso de aliados regionales y, en otros momentos, el repliegue parcial y el énfasis en la guerra contra el terrorismo.

  • Otros actores –Rusia, Irán, Turquía, las monarquías del Golfo, Israel, la Unión Europea– también han impulsado sus propios intereses, haciendo del escenario sirio un auténtico tablero multipolar, difícil de reducir a un solo guion.

  • Más que un libreto único, la evidencia apunta a una constelación de políticas, errores, rivalidades y oportunidades, que en conjunto han generado consecuencias devastadoras para la población civil siria y para la estabilidad regional.

    Cómo leer hoy las acusaciones de Wesley Clark y los debates de 2018

    Cuando en 2018 resurgieron las declaraciones de Wesley Clark, lo hicieron en un contexto marcado por:

  • Años de guerra en Siria, con cientos de miles de muertos y millones de desplazados.

  • Una fuerte polarización mediática, el auge de las “fake news” y la circulación masiva de contenidos sin verificación en redes sociales.

  • El descrédito de las versiones oficiales de Washington tras la invasión de Irak en 2003, justificada con armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.

  • Por ello, muchos ciudadanos vieron en el testimonio de Clark una especie de validación de sus sospechas: que las guerras en la región no eran respuestas puntuales a crisis específicas, sino parte de un programa de cambio de régimen planificado a largo plazo.

    Desde el punto de vista del pensamiento crítico, conviene sostener al mismo tiempo dos actitudes complementarias:

    1. Desconfiar de las narrativas simplificadas que presentan a Estados Unidos como un actor puramente altruista, sin intereses estratégicos ni errores graves.

    2. Desconfiar también de las narrativas que lo explican todo mediante un complot perfecto, en el que un puñado de personas controla a voluntad el destino de países enteros y hasta de organizaciones terroristas.

    Investigar fuentes diversas, contrastar versiones y revisar documentos –como el libro “Winning Modern Wars” de Wesley Clark, o análisis históricos disponibles en sitios de referencia como Encyclopaedia Britannica o United States Institute of Peace– ayuda a construir una comprensión más sólida que los titulares incendiarios.

    Conclusiones: por qué este debate sigue siendo relevante

    El debate sobre si Estados Unidos planeaba derrocar a Bashar al Assad no es solo una disputa sobre lo que ocurrió en despachos de Washington hace dos décadas. Habla también de:

  • La legitimidad de las intervenciones militares en nombre de la democracia o la lucha contra el terrorismo.

  • El uso de guerras por poderes, operaciones encubiertas y alianzas con actores cuestionados.

  • El impacto humano de estas decisiones en sociedades como la siria, la iraquí o la libia.

  • Más allá de estar de acuerdo o no con las denuncias de Clark, lo cierto es que plantean preguntas incómodas sobre el rol de las grandes potencias en el orden internacional y sobre los límites de la soberanía nacional.

    Para los lectores interesados en geopolítica, revisar críticamente estos episodios –y también las teorías que se construyen a su alrededor– es una forma de fortalecer la cultura democrática y la exigencia de transparencia, evitando caer tanto en la ingenuidad como en el cinismo absoluto.