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el-alma-es-esa-parte-que-lo-impulsa - 2019-03-21 - Senales Del Alma

Señales que el alma está durmiendo, esperando ser despertada

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La Merriam-Webster define el alma como “la esencia inmaterial, principio animador o causa actuante de una vida individual”. Es la parte de usted que lo impulsa, que da dirección, sentido y coherencia a todo lo que vive.

Cuando hablamos de un alma dormida es como estar sentado en un automóvil sin gasolina y sin volante: hay un vehículo, pero no hay impulso ni dirección. Muchas personas viven así sin darse cuenta, atrapadas en la rutina, el cansancio y la desconexión.

Este artículo, inspirado en un texto publicado en 2019, explora señales claras de que el alma está durmiendo y cómo empezar a escuchar su llamado para despertarla.

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1. Vivir en piloto automático todo el día

Una de las primeras señales de un alma dormida es vivir en modo automático. Se despierta, trabaja, cumple obligaciones, mira una pantalla y se acuesta… día tras día, sin preguntarse por qué hace lo que hace.

Si al mirar su rutina siente que todo es repetición y casi nunca hay momentos de presencia consciente, el alma está pidiendo atención. No es solo cansancio físico: es una sensación profunda de que la vida pasa sin usted.

La psicología describe este estado como una mezcla de apatía y desconexión interna. Estudios sobre bienestar señalan que cuando vivimos desconectados de nuestros valores, aumenta el vacío existencial, la ansiedad y la sensación de no pertenecer a ningún lugar; puede ver más en esta investigación sobre bienestar emocional.

Cuando la mayor parte del tiempo está pensando en “lo próximo” y casi nunca en lo que está ocurriendo ahora, es probable que el alma esté adormecida, esperando un motivo real para despertar.

2. Falta de asombro ante la belleza y la vida cotidiana

Otra señal poderosa es la pérdida del asombro. De niños, casi todo nos sorprende: una hoja moviéndose, el olor de la lluvia, la forma de las nubes. Con los años, esa capacidad se va apagando, y el alma entra en una especie de sueño gris.

Si hace tiempo que no se detiene a admirar un atardecer, a agradecer un pequeño gesto o a disfrutar un silencio, es probable que su alma haya perdido sensibilidad. No porque la belleza haya desaparecido, sino porque ya no la mira.

El asombro es un signo de que el alma está viva: se conmueve, se expande, se deja tocar. Cuando todo se siente “normal, aburrido o irrelevante”, incluso lo que antes amaba, la vida corre el riesgo de convertirse en un escenario sin luz.

Recuperar el asombro implica volver a mirar con ojos nuevos: prestar atención a los detalles, caminar sin prisa, escuchar el viento, observar a las personas sin juzgar. Cada pequeño acto de contemplación es como un suave despertador para el alma.

3. Emociones apagadas… o desbordadas sin sentido

Un alma dormida no solo deja de asombrarse; también se relaciona de forma extraña con las emociones. A veces, todo se vuelve plano: nada entusiasma, nada conmueve, nada duele demasiado. Es como si alguien hubiera bajado el volumen del corazón.

En otros casos ocurre lo contrario: las emociones salen desbordadas, sin causa clara. Llantos repentinos, irritabilidad constante, ataques de rabia o tristeza profunda que no se entiende. No es debilidad: es el alma golpeando la puerta para que alguien la escuche.

Cuando las emociones se vuelven confusas, tendemos a distraernos con trabajo, redes sociales, compras o comida. Pero el mensaje profundo sigue ahí: “Hay algo que necesitas atender y estás ignorando”.

Practicar atención plena ayuda a escuchar esas señales internas. Una buena introducción es esta guía de mindfulness para principiantes, que propone ejercicios simples para observar pensamientos y emociones sin huir de ellos.

El objetivo no es controlar todo lo que siente, sino reconectar con su mundo interior para que el alma pueda dejar de dormir y empezar a expresarse con claridad.

4. Sensación persistente de vacío y falta de propósito

Tal vez tenga un trabajo estable, una familia, amigos y responsabilidades, pero aun así sienta una sensación de vacío que no se llena con nada. Esta es una de las señales más claras de que el alma no está participando activamente en la vida diaria.

Ese vacío no siempre se debe a “falta de logros”; muchas veces surge porque lo que hace cada día no está alineado con su esencia, con aquello que verdaderamente le importa. Puede tener éxito externo y, al mismo tiempo, sentir una pobreza interior dolorosa.

El alma despierta cuando encuentra propósito, cuando lo que hace tiene un “para qué” que va más allá del ego, el estatus o el dinero. No se trata necesariamente de grandes gestas heroicas. A veces, el propósito se manifiesta en servir, acompañar, crear, cuidar, enseñar o construir algo significativo.

Explorar preguntas como: “¿Qué me hace sentir vivo?”, “¿Qué aporto al mundo cuando soy mi mejor versión?” o “¿Qué deseo dejar como huella?” es un ejercicio espiritual y a la vez práctico. Cada respuesta sincera es un paso más hacia el despertar del alma dormida.

5. Relaciones superficiales y desconexión con los demás

Una alma dormida suele vivir rodeada de gente, pero se siente sola por dentro. Hay conversaciones, mensajes y reuniones, pero pocas veces se habla de lo que realmente importa. Se comparten noticias, chistes y quejas, pero casi nunca miedos, sueños o vulnerabilidades.

Cuando evita mostrarse tal como es por miedo a ser juzgado, cuando se limita a representar un personaje para encajar, su alma se esconde detrás de una máscara. Con el tiempo, esa máscara resulta asfixiante: las relaciones se vuelven funcionales, pero no nutritivas.

La verdadera conexión requiere presencia, escucha y autenticidad. Iniciar conversaciones más profundas, preguntar cómo se siente el otro de verdad, o compartir lo que le duele y le inspira, abre un espacio donde el alma puede respirar y despertar.

Además, explorar enfoques como la inteligencia espiritual y relacional, de la que hablan diversos autores en la línea de la psicología positiva y el sentido de vida, puede orientarle para construir vínculos más coherentes con sus valores.

Cuando se rodea de personas con las que puede ser honestamente usted mismo, el alma deja de esconderse y comienza a participar activamente en cada encuentro.

6. Llamados internos a cambiar… que se posponen una y otra vez

Quizá lo más revelador no sea lo que ya está ocurriendo, sino lo que su intuición viene señalando desde hace tiempo. Un trabajo que ya no encaja, una relación que no lo respeta, un proyecto que su corazón pide iniciar, un hábito que sabe que necesita soltar…

Si escucha una voz interna que dice “esto no es para mí” o “hay algo más que quiero vivir”, y aun así lo posterga una y otra vez, es probable que su alma esté tocando la puerta del despertar. Pero cada vez que se ignora ese llamado, se vuelve un poco más difícil escucharlo.

No se trata de tomar decisiones impulsivas, sino de honrar esos mensajes con pasos concretos: pedir ayuda profesional, hablar de lo que siente, estudiar algo nuevo, ajustar su rutina, dedicar tiempo a la reflexión y la creatividad.

Incluso un gesto pequeño —como reservar 10 minutos de silencio al día para escuchar su interior— puede ser el inicio de una transformación profunda. La definición de alma de Merriam-Webster, a la que puede acceder en esta entrada sobre el significado de “soul”, recuerda que es el principio animador de la vida individual.

Cuando usted se atreve a responder a esos llamados internos, deja de vivir en un automóvil sin gasolina y sin volante. Su alma despierta, toma el timón y le recuerda que la vida no es solo sobrevivir, sino vivir con presencia, propósito y conexión.

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