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Promete devolver al mamut lanudo de la extinción

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El regreso del mamut lanudo: ¿ciencia pionera o experimento temerario?

A finales de la década de 2010, la noticia sacudió titulares en todo el mundo: el presidente ruso, Vladímir Putin, prometió “devolver al mamut lanudo de la extinción”. La idea ya sonaba a ciencia ficción, pero tomó un cariz todavía más audaz cuando se anunció la creación de una instalación multimillonaria de clonación en Yakutsk, la ciudad más fría del planeta.

Este laboratorio, presentado como un “centro científico paleogenético de clase mundial”, se propone no solo trabajar con mamuts lanudos, sino también con leones de las cavernas, rinocerontes lanudos y otras especies prehistóricas cuyos restos congelados se conservan en el permafrost de Siberia. La meta declarada: repoblar la naturaleza remota de Rusia con fauna de la Era del Hielo, en un proyecto que recuerda inevitablemente al cine de “Jurassic Park”.

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La noticia, publicada en 2018, abrió una intensa discusión internacional sobre ética, riesgos y oportunidades de este tipo de proyectos de de-extinción.

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La visión de Clone: un “Jurassic Park” en el Ártico ruso

En el corazón del proyecto se encuentra Clone, el nuevo centro de clonación y paleogenética promovido por autoridades rusas y científicos locales. La instalación se construirá en Yakutsk, ciudad situada en la República de Sajá (Yakutia), una región donde el permafrost ha conservado durante milenios huesos, piel, pelos e incluso órganos internos de animales extintos.

La visión oficial es clara:

  • Crear un centro científico paleogenético de referencia mundial, capaz de secuenciar ADN antiguo con una precisión sin precedentes.

  • Extraer material genético de mamuts lanudos y otros animales prehistóricos para intentar recrear individuos vivos utilizando técnicas de clonación y edición genética.

  • Convertir a Yakutsk en un polo de biotecnología global, atrayendo inversión, talento y turismo científico.

En los comunicados oficiales se repite la idea de que Rusia posee una “mina de oro genética” en su permafrost, y que sería un error no explotar este “recurso”. La narrativa presenta la clonación como la continuación lógica de la paleontología y la genética moderna, situando a Putin como patrocinador político de un proyecto que promete prestigio y liderazgo científico internacional.

Repoblar la naturaleza con animales de la Edad de Hielo

La parte más llamativa de la propuesta es el objetivo ecológico: repoblar zonas remotas de Rusia con fauna de la Edad de Hielo. La idea se basa en varias premisas científicas y ecológicas:

  1. Los mamuts lanudos y otros herbívoros gigantes moldeaban los ecosistemas árticos, manteniendo abiertas grandes praderas en lugar de bosques densos.

  2. La “estepa de mamuts” habría contribuido a reforzar el suelo helado, reflejar más luz solar y, potencialmente, reducir el deshielo del permafrost.

  3. Si se lograra reintroducir animales de comportamiento similar, podría restaurarse parte de ese ecosistema, con posibles beneficios climáticos.

En esta línea se apoyan en proyectos ya conocidos, como la experiencia del “Pleistocene Park” en Siberia, un experimento real donde se han introducido bisontes, caballos y otros herbívoros robustos para estudiar cómo alteran el paisaje. Para los defensores, revivir al mamut lanudo sería el siguiente paso lógico: un “ingeniero ecosistémico” capaz de derribar árboles, compactar nieve y transformar el terreno.

Sin embargo, recrear animales extintos y soltarlos en la naturaleza no es un proceso sencillo ni exento de incertidumbre.

Cómo se clonaría un mamut lanudo: ciencia al límite

Aunque la narrativa pública habla de “resucitar mamuts”, la realidad biotecnológica es más compleja. Los pasos, resumidos, serían:

  1. Localizar restos congelados en excelente estado: músculos, piel, médula ósea o, en el mejor de los casos, células con ADN relativamente intacto.

  2. Secuenciar y reconstruir el genoma del mamut lanudo, comparándolo con el de su pariente vivo más cercano, el elefante asiático.

  3. Utilizar técnicas de edición genética (como CRISPR) para introducir en el genoma del elefante los genes clave del mamut: pelaje denso, capa de grasa, adaptación al frío, hemoglobina especial, etc.

  4. Crear embriones híbridos y gestarlos en elefantas o en vientres artificiales, si la tecnología lo permite.

De este modo, el primer “mamut” no sería una copia perfecta, sino un elefante-mamut híbrido, diseñado para sobrevivir en condiciones de frío extremo. La instalación de Yakutsk aspira a centralizar todo ese proceso: desde la excavación de fósiles hasta la ingeniería genética avanzada.

Según publicaciones científicas sobre de-extinción y clonación de mamuts, el margen de error es enorme: ADN fragmentado, mutaciones, problemas inmunológicos, sin contar las dudas éticas sobre el bienestar de las madres gestantes y de los propios animales resultantes. Sitios especializados como un portal de biotecnología y genética evolutiva o un medio de divulgación científica sobre conservación analizan estos riesgos con detalle, alertando sobre expectativas poco realistas y posibles fracasos dolorosos.

Ética y riesgos: ¿debemos resucitar a los mamuts?

Más allá de la espectacularidad del titular, la pregunta central es si realmente debemos “devolver” al mamut lanudo de la extinción. La discusión ética se divide en varios ejes:

  • Prioridades de la conservación: muchos expertos sostienen que los recursos deberían destinarse a salvar especies actuales, como tigres, rinocerontes o anfibios en peligro, en lugar de invertir miles de millones en traer de vuelta especies extintas. Organizaciones dedicadas a la conservación global recuerdan en sus informes que cada año desaparecen especies que aún podrían salvarse.

  • Bienestar animal: recrear mamuts implica experimentos con embriones, abortos, malformaciones y sufrimiento en animales vivos. ¿Está la ciencia preparada para asumir ese costo ético?

  • Impacto ecosistémico imprevisible: introducir “nuevos” mamuts en ecosistemas modernos puede generar efectos inesperados en flora, fauna y poblaciones locales. Los ecosistemas de hoy no son los mismos que hace 10.000 años.

  • Uso político y propagandístico: la promesa de Putin también se interpreta como una demostración de poder tecnológico y prestigio nacional, más que como una medida puramente científica o ecológica.

Algunos filósofos de la ciencia citados en informes de bioética y biotecnología señalan que la de-extinción puede convertirse en una “narrativa de salvación tecnológica”, donde se transmite la idea de que, si siempre podemos “revivir” especies, la extinción deja de ser un problema irreversible, lo que podría reducir la urgencia de proteger los ecosistemas actuales.

¿Futuro del Ártico o espectáculo biotecnológico?

La combinación de ciencia de vanguardia, grandeza política y estética de Jurassic Park convierte al proyecto ruso en un símbolo de nuestra época: la creencia de que la tecnología puede corregir los errores del pasado y remodelar el planeta a voluntad.

En un escenario ideal, la instalación de Yakutsk podría:

  • Desarrollar nuevas técnicas de conservación genética aplicables a especies actuales.

  • Obtener conocimientos únicos sobre evolución, adaptación al frío y biología del permafrost.

  • Inspirar proyectos internacionales de colaboración responsable en biotecnología y clima.

Pero en un escenario menos optimista, el centro de clonación podría terminar siendo:

  • Un costoso laboratorio con resultados limitados, incapaz de crear poblaciones viables de mamuts o leones de las cavernas.

  • Un parque temático biotecnológico donde se exhiben pocos ejemplares, más como curiosidad mediática que como solución ecológica.

  • Una señal equivocada para la conservación, reforzando la idea de que la extinción es reversible y no tan grave.

Frente a esta ambivalencia, muchos científicos piden transparencia, regulación internacional y evaluaciones independientes de riesgo. En informes de centros dedicados a la ética de la genética se insiste en la necesidad de marcos legales globales que orienten la de-extinción antes de que cada país avance en solitario con sus propios proyectos.

Lo cierto es que, desde que la noticia se hizo pública en 2018, el proyecto se ha convertido en un símbolo de los nuevos límites de la biotecnología: una frontera donde se cruzan política, ciencia, negocios, turismo y fascinación popular por la megafauna prehistórica.

¿Qué significa para nosotros el regreso del mamut lanudo?

Más allá de Rusia y de Yakutsk, el debate sobre el mamut lanudo nos obliga a hacernos preguntas profundas:

  • ¿Qué entendemos por “extinción” si la biotecnología promete revertirla?

  • ¿Quién decide qué especies merecen regresar y con qué objetivos?

  • ¿Cómo se reparte la responsabilidad moral si algo sale mal?

En un contexto de crisis climática, pérdida de biodiversidad y aceleración tecnológica, la promesa de Putin de “devolver al mamut lanudo de la extinción” actúa como metáfora de nuestra época: podemos hacer cosas increíbles, pero aún no sabemos si debemos hacerlas.

Mientras científicos, gobiernos y organizaciones discuten límites y oportunidades, una cosa está clara: el mamut lanudo ya ha vuelto a la conversación pública, ocupando portadas, documentales y debates en redes sociales. Su posible regreso físico a la tundra rusa sigue siendo incierto, pero su presencia simbólica es hoy más fuerte que nunca.

En ese sentido, el gigantesco herbívoro de la Edad de Hielo se ha convertido en un espejo de nuestras propias decisiones como especie: hasta dónde queremos llegar, qué riesgos aceptamos y qué futuro imaginamos para la vida en la Tierra.

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