BRICS en expansión: qué significa para el dólar, el comercio y la geopolítica
En pocos años, BRICS pasó de ser un acrónimo económico a convertirse en un bloque político-diplomático con ambición de reordenar reglas de comercio, finanzas y poder. Su expansión (con nuevas incorporaciones y países interesados) no “derriba” al dólar de un día para otro, pero sí erosiona monopolios: más acuerdos bilaterales, más financiación alternativa y más coordinación entre grandes productores de energía y materias primas. Todo esto importa también para Argentina, no solo por geopolítica: influye en precios, suministros y hasta en cómo se gestionan emergencias y shocks climáticos.
¿Quiénes entraron y qué cambia con el “BRICS ampliado”?
Desde el 1 de enero de 2024 se sumaron Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán al núcleo del grupo. Además, el propio ecosistema BRICS siguió moviéndose con debates de adhesión y “socios” (partner states) y con la incorporación de Indonesia en 2025 según fuentes del bloque y reportes de seguimiento.
El efecto práctico es simple: BRICS gana peso demográfico, capacidad industrial y, sobre todo, control sobre rutas energéticas y logísticas (Golfo, Mar Rojo, corredores africanos). Eso fortalece su agenda: cooperación Sur-Sur, más instituciones propias (banco y mecanismos de liquidez) y coordinación en foros globales.

El dólar: ¿desdolarización real o titular exagerado?
La idea de “desdolarización” suele venderse como ruptura inmediata, pero lo realista es un proceso gradual: más comercio en monedas locales, más swaps, más diversificación de reservas, y más financiamiento fuera de circuitos tradicionales. BRICS empuja esa dirección porque reduce costos y dependencia de la moneda estadounidense en transacciones específicas.
Ahora bien: el dólar sigue dominando reservas globales y mercados profundos. Datos del FMI (COFER) muestran que la composición de reservas cambia lentamente y que el dólar mantiene una porción mayoritaria (aunque con variaciones pequeñas trimestre a trimestre). Y un análisis de Reuters también remarca esa dinámica: ajustes marginales, no derrumbe.
Entonces, ¿qué significa “amenaza” para el dólar? Significa que, en más operaciones (energía, commodities, comercio regional), aparecen alternativas funcionales. No reemplazo total: competencia parcial.
Comercio y energía: el nuevo mapa de pagos y cadenas de suministro
La expansión es especialmente relevante en energía. Con actores del Golfo y del eje euroasiático, el bloque (y su órbita) concentra influencia en petróleo, gas y rutas marítimas. Esto no solo toca geopolítica: impacta inflación importada, costos logísticos y disponibilidad de insumos industriales.
Además, BRICS busca ampliar herramientas financieras propias: el New Development Bank se presenta como brazo de financiamiento para infraestructura y desarrollo, con foco en resiliencia y menor exposición a volatilidad de monedas fuertes. En la práctica, eso puede acelerar proyectos energéticos, portuarios y de conectividad que reorientan comercio hacia corredores alternativos.
Geopolítica: sanciones, autonomía estratégica y bloques más nítidos
BRICS ampliado también es una señal política: varios miembros quieren margen de maniobra frente a sanciones, alineamientos forzados y reglas escritas por otros. El Council on Foreign Relations explica que el grupo apunta a fortalecer cooperación y construir instituciones alternativas a las dominantes en el sistema internacional.
Para el comercio global, esto puede traducirse en un mundo con más fricción: estándares, financiamiento y acuerdos que compiten. Y con más fricción, suele haber más volatilidad en commodities, tipo de cambio y tasas.
Ángulo Orbes: emergencias, clima extremo y el “riesgo BRICS” que pocos miran
El clima extremo no es un tema separado: es un multiplicador de crisis. Sequías, inundaciones, olas de calor y eventos severos pueden disparar shocks de alimentos y energía, justo en mercados donde BRICS (y su entorno ampliado) tiene peso productivo o logístico. Si se corta una ruta, sube el flete; si falla una cosecha regional, suben granos; si hay tensiones en un corredor energético, sube el precio del combustible.
Aquí el punto clave para Argentina y la región: cuando el mundo se vuelve más “por bloques”, la respuesta a emergencias (energía, alimentos, financiamiento rápido) puede depender más de alianzas, swaps, bancos de desarrollo y acuerdos de abastecimiento. En crisis climáticas, contar con canales alternativos puede ayudar… pero también generar presiones: competencia por suministros y mayor volatilidad cambiaria.
Cierre: qué mirar en los próximos 12 meses
BRICS en expansión no implica “fin del dólar”, pero sí un tablero más complejo: más acuerdos en monedas locales, más financiamiento alternativo, y más política dentro del comercio. Para seguir el tema sin humo, tres señales valen oro:
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cuánta energía se liquida fuera del dólar,
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cuánto crece el financiamiento del NDB,
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cómo evolucionan las reservas globales (COFER).
Si además sumamos el factor Orbes —clima extremo—, la conclusión es directa: en un mundo más fragmentado, los shocks se transmiten más rápido y con más ruido. Preparación, diversificación y lectura fina de riesgos dejan de ser “geopolítica de expertos” y pasan a ser supervivencia económica.




























