El megavolcán frente a Filipinas, tiene la caldera más grande de la Tierra
Frente a la costa oriental de Luzón, en el mar de Filipinas, se levanta una gran meseta oceánica conocida como Benham Rise (también llamada Philippine Rise). Allí, un equipo internacional que incluyó investigadores de GNS Science identificó la huella de un antiguo megavolcán submarino: una depresión circular gigantesca, interpretada como una caldera de aproximadamente 150 km de ancho.
La cifra impresiona porque deja pequeñas a calderas famosas del imaginario popular. La caldera del sistema volcánico de Taupō ronda los 35 km, y la de Yellowstone suele citarse cerca de 60 km, aunque el sistema es más complejo que una sola “boca” volcánica. En ese contexto, el hallazgo en Benham Rise sugiere un episodio volcánico de escala extrema, ocurrido hace millones de años, y hoy oculto bajo el océano.
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¿Qué es una caldera y por qué importa tanto su tamaño?
Una caldera no es simplemente un cráter. Se forma cuando una cámara magmática grande se vacía parcial o totalmente durante una erupción masiva (o por drenaje de magma), y el “techo” del volcán colapsa, creando una depresión amplia. Esa depresión puede quedar rodeada por un borde elevado, con fracturas anulares y zonas hundidas.
El tamaño importa porque suele correlacionar con procesos capaces de movilizar volúmenes enormes de magma. En volcanismo explosivo continental, calderas grandes se asocian a erupciones capaces de afectar regiones enteras (ceniza, aerosoles, cambios climáticos regionales). En el caso submarino, el impacto superficial puede ser diferente, pero el tamaño sigue siendo una pista de una historia geológica extraordinaria.
Además, una caldera gigante puede registrar fases múltiples: construcción tipo escudo, colapso, y luego vulcanismo tardío dentro o en los bordes. Esa “biografía” geológica ayuda a reconstruir cómo evolucionó la corteza oceánica en esa zona del Pacífico occidental.

Benham Rise: la meseta oceánica donde apareció el megavolcán
Benham Rise es una gran provincia ígnea en el West Philippine Basin. No es una isla: es un relieve submarino extenso, que se eleva sobre el fondo marino profundo. Su cresta presenta una morfología que, al analizarse con datos batimétricos y geofísicos, se asemeja a una caldera colosal de alrededor de 150 km.
En 2019, la noticia se divulgó ampliamente por tratarse de lo que podría ser la caldera más grande conocida en el planeta, y se popularizó el nombre Apolaki para la estructura. En algunos reportes se destaca que fue identificada por un equipo encabezado por la geofísica marina Jenny Anne Barretto.
Un detalle clave: hablamos de un volcán antiguo. No se trata de “un supervolcán activo a punto de explotar”, sino de una estructura geológica enorme que conserva su forma en el relieve del fondo oceánico. Aun así, su sola existencia obliga a repensar la escala de ciertos procesos volcánicos en ambientes oceánicos.

Cómo se detecta una caldera submarina de 150 km
Bajo el mar no hay conos visibles a simple vista. Por eso, la herramienta reina es la batimetría (mapas del relieve del fondo), combinada con datos de gravedad y magnetismo. Con esas capas de información, los científicos pueden distinguir bordes curvos, “banquetas” internas y zonas hundidas, rasgos compatibles con un colapso caldérico.
En Benham Rise, se describen elementos como un borde parcialmente “brechado” y rasgos internos que sugieren una historia de varias etapas. En un enfoque geológico, la idea es buscar coherencia: que la forma, la estructura y el contexto tectónico apunten a un mismo mecanismo de origen.
También es importante el trabajo comparativo. Cuando aparece una depresión de tamaño gigante, hay que considerar alternativas: ¿podría ser un cráter de impacto? En discusiones científicas posteriores, se mencionó que una estructura tan grande puede confundirse con rasgos de impacto si no se integra toda la evidencia. Justamente por eso, el debate se apoya en la suma de datos morfológicos y geofísicos.

Comparaciones útiles: Taupō, Yellowstone y el “efecto escala”
Para dimensionar: Taupō (Nueva Zelanda) y Yellowstone (EE. UU.) son referencias conocidas porque están vinculadas a volcanismo explosivo y a calderas bien estudiadas. En notas de divulgación, se contrasta que Taupō ronda los 35 km y Yellowstone cerca de 60 km, mientras que Benham Rise alcanzaría 150 km.
Pero la comparación no significa que “Benham Rise sea más peligroso hoy”. Sirve, sobre todo, para visualizar el tamaño geométrico de la depresión y lo que implica para la historia del magma involucrado. En volcanes continentales, las grandes erupciones pueden generar depósitos enormes de ceniza. En un megavolcán submarino, entran otras variables: presión hidrostática, interacción magma-agua, y cómo se distribuye la energía eruptiva.
El “efecto escala” también obliga a ser precisos con las palabras. Mucha gente usa “cráter”, “caldera” y “supervolcán” como sinónimos. No lo son. Una caldera es una estructura de colapso; un supervolcán suele referir a potencial eruptivo gigantesco (y es un término popular más que una categoría formal). En Benham Rise, lo más responsable es hablar de caldera gigante asociada a un sistema volcánico antiguo.

¿Qué riesgos reales implica hoy para Filipinas?
La pregunta aparece siempre: “¿Puede hacer erupción?” La información divulgada alrededor del hallazgo suele indicar que el sistema es inactivo desde hace millones de años. En otras palabras: no hay señales presentadas públicamente de una reactivación inminente asociada a esta caldera en particular.
Dicho eso, Filipinas sí es un país con riesgo volcánico y sísmico alto por su ubicación en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Por eso conviene separar dos cosas:
Riesgo regional actual (volcanes activos filipinos, sismos, tsunamis).
Interés científico de una estructura gigante antigua que ayuda a entender el pasado geológico.
A nivel práctico, el hallazgo impulsa investigación en oceanografía y geociencias: mejor cartografía del fondo marino, evaluación de procesos tectónicos y volcánicos pasados, y protección de zonas de estudio. Además, Benham/Philippine Rise tiene relevancia estratégica y ambiental como área marina.
Por qué este megavolcán cambia lo que creíamos sobre el volcanismo oceánico
Las grandes provincias ígneas oceánicas se asocian a episodios de magma abundante, a veces vinculados a plumas del manto y a interacciones con dorsales de expansión. En el caso de Benham Rise, se ha propuesto que su formación está relacionada con una interacción entre pluma mantélica y dorsal (procesos de expansión del fondo oceánico).
Que una caldera de ~150 km exista en un entorno oceánico sugiere que los episodios de colapso y reorganización del sistema magmático pueden alcanzar escalas mayores de lo que se documentaba con claridad. Y también abre puertas a nuevas preguntas:
¿Cuánto magma se requiere para generar un colapso así?
¿Fue un evento único o una secuencia de colapsos?
¿Qué señales quedan en gravedad, magnetismo y rocas muestreadas?
Este tipo de descubrimientos suelen ocurrir cuando mejoran los mapas del fondo marino. El océano todavía guarda estructuras enormes que, sin datos modernos, pasan desapercibidas. Por eso, cada hallazgo “gigante” no solo suma una curiosidad, sino que ajusta modelos sobre cómo se construye y se recicla la corteza del planeta.
Enlaces salientes:
Para conocer más sobre la investigación geocientífica en la región del Pacífico, consultá el trabajo de GNS Science sobre geociencias y riesgos naturales.
Si querés entender cómo se estudian las calderas activas en EE. UU., revisá la información oficial del Yellowstone Volcano Observatory (USGS).
Para una mirada general y actualizada sobre Benham Rise / Philippine Rise, podés ver la descripción geográfica y contexto del área.
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