Encontraron un sorprendente recetario de medicina de la Edad Media
El hallazgo de un recetario de medicina de la Edad Media que todavía puede funcionar contra bacterias modernas parece sacado de una novela histórica. Sin embargo, eso es exactamente lo que ocurrió cuando un grupo de investigadores decidió reconstruir una receta conocida como “colirio de Calvo” a partir de un antiguo manuscrito anglosajón. Lo que empezó como un experimento casi arqueológico terminó revelando un potente efecto antimicrobiano frente a bacterias tan peligrosas como Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA).
Lejos de ser una simple curiosidad, este remedio medieval se ha convertido en un ejemplo de cómo el pasado puede ofrecer pistas para enfrentar la crisis actual de resistencia a los antibióticos. Y al mismo tiempo, nos obliga a revisar los prejuicios sobre la medicina antigua, tantas veces ridiculizada como superstición o magia.
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Origen del colirio de Calvo en plena Edad Media
El colirio de Calvo aparece en un recetario médico medieval conservado en un manuscrito del siglo X, elaborado en una Europa donde la medicina combinaba conocimientos clásicos, tradiciones locales y creencias religiosas.
En ese contexto, los “médicos” o “leechs” registraban remedios detallados para afecciones comunes: heridas, infecciones, dolores crónicos y problemas oculares. Una de estas recetas describía un tratamiento para una “protuberancia en el ojo”, muy probablemente un orzuelos o infección del folículo de las pestañas, causada por bacterias como Staphylococcus aureus. Wikipedia
Durante siglos, ese recetario durmió en los archivos, consultado solo por filólogos o historiadores. Nadie imaginaba que sus instrucciones podían encerrar una fórmula con impacto en la medicina del siglo XXI. Todo cambió cuando un grupo de investigadores decidió ir más allá de la traducción y recrear físicamente la receta original.

La receta: vino, ajo, cebolla y bilis en un cuenco de cobre
El tratamiento descrito en el manuscrito parecía sencillo, casi doméstico. Para preparar el colirio de Calvo, el texto indicaba mezclar:
Vino
Ajo
Otra planta del género Allium (como cebolla o puerro)
Oxgall, es decir, bilis de vaca
Los ingredientes debían triturarse y mezclarse cuidadosamente, colocarse en un recipiente de cobre o bronce y dejarse reposar durante nueve noches antes de su uso. Luego, la mezcla se colaba, se purificaba y se aplicaba en el ojo con una pluma o un pequeño instrumento, como si fuera un colirio moderno. nottingham.ac.uk+1
A primera vista, podía parecer una combinación extraña. Sin embargo, cada componente tiene propiedades conocidas:
El ajo y la cebolla contienen compuestos sulfuro-orgánicos con efecto antimicrobiano.
El vino aporta alcohol y ácidos que pueden ayudar a extraer sustancias activas de las plantas.
La bilis contiene sales que pueden alterar las membranas bacterianas.
El cobre o el bronce del recipiente son metales con reconocida actividad antibacteriana.
Lo verdaderamente sorprendente fue comprobar que no se trata solo de ingredientes interesantes por separado, sino que la combinación y el ritual de preparación parecían ser la clave del efecto.

Del manuscrito anglosajón al laboratorio moderno
Al reproducir el colirio de Calvo en el laboratorio, los científicos siguieron la receta con rigor: mismas proporciones, misma secuencia y el mismo tiempo de maceración. Después sometieron la mezcla a una batería de pruebas contra bacterias modernas.
Los resultados fueron impactantes. El colirio no solo mató bacterias implicadas en infecciones oculares y cutáneas, sino que también mostró una fuerte actividad frente a Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA), una de las llamadas “superbacterias” responsables de infecciones graves y difíciles de tratar en hospitales. nottingham.ac.uk+1
En algunos ensayos, la mezcla logró:
Reducir en más del 90 % las poblaciones de bacterias en biofilms, esas comunidades pegajosas que se adhieren a tejidos y superficies médicas.
Combatir no solo cepas sensibles, sino también variantes altamente resistentes a antibióticos.
Mantener su efecto en modelos animales de infecciones crónicas, donde muchos antibióticos modernos fracasan.
Otra observación crucial fue que ningún ingrediente aislado consiguió ese nivel de eficacia. Ni el ajo, ni el vino, ni la bilis, ni el metal del recipiente, por separado, daban un resultado equivalente. El poder del colirio surgía de la sinergia entre todos los elementos y del método de preparación, incluyendo el reposo de nueve días.
Qué nos dice este remedio sobre la crisis de antibióticos
El éxito del colirio de Calvo no significa que debamos abandonar los antibióticos modernos. Pero sí deja varias lecciones importantes para la ciencia:
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La medicina medieval no era solo superstición. Aunque muchas recetas eran ineficaces o peligrosas, otras se basaban en observaciones empíricas acumuladas durante generaciones. El hecho de que este colirio funcione indica que algunos tratamientos se refinaban por ensayo y error, igual que hoy se optimizan fármacos en el laboratorio.
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Las combinaciones complejas pueden ser más eficaces que un solo compuesto. La farmacología moderna suele concentrarse en moléculas aisladas. El colirio medieval muestra que mezclas de ingredientes naturales pueden generar efectos emergentes difíciles de prever al estudiar cada componente por separado.
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Es posible encontrar nuevas armas contra bacterias resistentes en fuentes históricas. Esta idea ha dado lugar al concepto de “ancientbiotics”, un enfoque que busca en recetas antiguas, textos médicos clásicos y tradiciones herbolarias posibles pistas para desarrollar tratamientos frente a superbacterias. ResearchGate+1
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La resistencia a antibióticos exige creatividad. Patógenos como MRSA o las bacterias multirresistentes que infectan heridas crónicas y pacientes hospitalizados obligan a explorar nuevas estrategias: terapias combinadas, agentes que destruyan biofilms, moléculas que bloqueen la comunicación entre bacterias y remedios inspirados en la historia.
En este sentido, el colirio de Calvo funciona como un símbolo poderoso: demuestra que mirar hacia atrás puede ayudarnos a avanzar.
Riesgos, mitos y lo que viene después de este hallazgo
Pese al entusiasmo, los propios investigadores insisten en varios puntos clave:
No es un remedio casero. Preparar el colirio de Calvo en casa, con ajo, vino y bilis, sería peligroso. La mezcla original se manipula en entornos controlados, con estándares de esterilidad y dosificación muy precisos.
Falta camino antes de usarlo en humanos. Aunque los resultados en modelos experimentales son prometedores, aún se requieren estudios clínicos, evaluaciones de seguridad y ensayos comparativos con antibióticos existentes.
No reemplaza a los tratamientos médicos actuales. En caso de infección ocular, orzuelos o infecciones cutáneas, la recomendación sigue siendo consultar a un profesional de la salud, no experimentar con remedios improvisados.
El valor real de este recetario medieval reside en que abre líneas de investigación. Ya se están estudiando variantes de la receta, cambios en las proporciones, modos de purificación y formulaciones que podrían convertirse en colirios o ungüentos clínicamente aprobados.
Además, el hallazgo ha impulsado proyectos interdisciplinarios en los que participan:
Historiadores y filólogos, que traducen y contextualizan los textos.
Microbiólogos y farmacólogos, que prueban los remedios con bacterias actuales.
Médicos y especialistas en enfermedades infecciosas, que evalúan su potencial terapéutico real.
Este enfoque integrador se refleja en iniciativas y publicaciones de universidades como la Universidad de Nottingham, la Universidad de Warwick o artículos científicos en revistas como mBio, que analizan la eficacia del colirio de Calvo frente a diferentes patógenos. nottingham.ac.uk+2warwick.ac.uk+2
Un recetario medieval que vuelve a escribir el futuro
La historia del recetario de medicina de la Edad Media donde se encontró el colirio de Calvo es, en el fondo, una historia sobre nuestra relación con el conocimiento. Durante mucho tiempo, la medicina medieval fue vista como un cúmulo de supersticiones. Hoy, gracias a la ciencia, sabemos que entre esas páginas amarillentas hay más que oraciones y rituales: hay fórmulas que, bajo la lupa del método científico, demuestran un sorprendente poder terapéutico.
El caso del colirio de Calvo nos recuerda que:
El progreso no siempre es lineal; a veces implica rescatar ideas olvidadas.
La frontera entre “lo tradicional” y “lo científico” puede desdibujarse cuando los datos respaldan un remedio ancestral.
Explorar el pasado con mente abierta puede ofrecer soluciones concretas a problemas tan urgentes como las infecciones resistentes.
Mientras los laboratorios continúan probando y refinando este antiguo colirio, una cosa queda clara: aquel recetario medieval que parecía una curiosidad para especialistas se ha convertido en un actor inesperado en la batalla contemporánea contra las superbacterias.
En un mundo donde los antibióticos pierden fuerza y las infecciones se vuelven cada vez más difíciles de tratar, la idea de que un texto milenario pueda aportar nuevas respuestas no solo es fascinante: es una señal de que la ciencia debe seguir buscando conocimiento más allá de sus fronteras habituales, incluso entre las páginas polvorientas de la historia.
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