Queman torres 5G por temor a que estén empeorando el brote de coronavirus
En los primeros meses de 2020, mientras el mundo enfrentaba la expansión acelerada del coronavirus (COVID-19), surgió un fenómeno inesperado: ataques e incendios contra torres de telecomunicaciones 5G en distintos puntos de Europa. Estos actos fueron impulsados por el temor —sin sustento científico— de que la nueva tecnología estuviera provocando o agravando los síntomas del virus.
La combinación de incertidumbre sanitaria, desinformación viral y desconfianza hacia la tecnología creó el caldo de cultivo perfecto para que estas teorías conspirativas se transformaran en acciones reales de sabotaje. El resultado fue una serie de incendios, amenazas a técnicos y daños a infraestructura crítica en plena emergencia sanitaria.
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El origen del miedo: 5G y coronavirus en la misma narrativa
El despliegue de la tecnología 5G coincidió temporalmente con la aparición del COVID-19, lo que llevó a algunas personas a asociar ambos fenómenos sin evidencia. En redes sociales comenzaron a circular videos y mensajes que afirmaban que las ondas electromagnéticas del 5G debilitaban el sistema inmunológico o incluso transmitían el virus.
Estas ideas se propagaron con rapidez en plataformas como Facebook, WhatsApp y YouTube. Influencers marginales, pseudocientíficos y sitios de baja credibilidad reforzaron la narrativa, generando pánico tecnológico en sectores vulnerables de la población.
Organismos científicos y de salud, como la Organización Mundial de la Salud, desmintieron repetidamente estas afirmaciones, aclarando que los virus no se transmiten por ondas de radio y que el 5G opera dentro de márgenes seguros. Aun así, el miedo persistió.

Incendios de torres 5G en Reino Unido: los casos más graves
El Reino Unido fue uno de los países más afectados por esta ola de ataques. En Birmingham, un mástil de telecomunicaciones fue incendiado a plena luz del día, y el hecho quedó registrado en video, circulando masivamente en redes sociales.
Según BBC News, también se registraron incendios en Liverpool, Melling, Merseyside y Aigburth, además de actos de vandalismo y amenazas directas a trabajadores de empresas de telecomunicaciones. Muchos de los equipos dañados ni siquiera eran 5G, sino antenas 3G o 4G, lo que evidenció el desconocimiento técnico detrás de los ataques.
Estos actos no solo afectaron la infraestructura, sino que pusieron en riesgo la conectividad de hospitales, servicios de emergencia y comunicaciones esenciales durante la pandemia.

El rol de la desinformación y las teorías conspirativas
La quema de torres 5G fue un ejemplo extremo del impacto de la desinformación digital. Las teorías conspirativas se apoyaron en argumentos como:
Supuesta relación entre radiación electromagnética y enfermedades
Gráficos manipulados que mostraban mapas de 5G superpuestos con brotes de COVID-19
Discursos que acusaban a gobiernos y corporaciones de ocultar “la verdad”
Estudios sobre desinformación demostraron que estas narrativas se amplifican en contextos de miedo colectivo, especialmente cuando existe baja alfabetización científica. Un análisis del MIT sobre noticias falsas mostró que la información errónea se difunde más rápido que la verificada, especialmente en redes sociales
👉 https://www.science.org/doi/10.1126/science.aap9559

Qué dice la ciencia sobre el 5G y la salud
Desde el punto de vista científico, no existe evidencia que vincule la tecnología 5G con el coronavirus ni con la inducción de enfermedades infecciosas. El 5G utiliza ondas de radio no ionizantes, incapaces de dañar el ADN o provocar infecciones.
La OMS ha sido clara al afirmar que la exposición a radiofrecuencias dentro de los límites internacionales no genera efectos adversos conocidos en la salud
👉 https://www.who.int/news-room/q-a-detail/radiation-5g-mobile-networks
Asimismo, organismos reguladores como la ICNIRP establecen límites de exposición muy por debajo de los niveles que podrían causar calentamiento tisular. La relación entre virus y telecomunicaciones carece de base biológica.

Consecuencias sociales y tecnológicas de los ataques
La destrucción de torres 5G tuvo consecuencias reales y medibles. Entre ellas:
Interrupción de servicios móviles y de datos
Retrasos en el despliegue de redes críticas
Costos millonarios en reparaciones
Mayor desconfianza pública en la tecnología
Además, los ataques afectaron la lucha contra la pandemia, ya que muchas aplicaciones de rastreo, telemedicina y trabajo remoto dependen de una red robusta. Paradójicamente, el sabotaje tecnológico perjudicó a quienes decían querer protegerse.
Empresas de telecomunicaciones y gobiernos debieron lanzar campañas de información para frenar la violencia y explicar, con lenguaje accesible, cómo funciona realmente la tecnología.

Una lección sobre miedo, tecnología y comunicación
El caso de las torres 5G incendiadas durante el brote de coronavirus dejó una enseñanza clave: la falta de información clara puede transformar el miedo en acciones destructivas. La tecnología, cuando no se comprende, se convierte fácilmente en un chivo expiatorio.
Combatir la desinformación requiere educación científica, comunicación transparente y responsabilidad en redes sociales. La pandemia no solo expuso vulnerabilidades sanitarias, sino también fracturas en la relación entre sociedad y conocimiento.
A cinco años de aquellos episodios, el consenso científico es absoluto: el 5G no causa ni agrava el COVID-19. Sin embargo, el impacto social de la desinformación sigue siendo una advertencia vigente.
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