Antártida 2026: qué está ocurriendo con el continente helado
La Antártida atraviesa en 2026 una combinación de cambios que no puede resumirse simplemente como “el continente se está derritiendo”. Las observaciones más recientes muestran un escenario mucho más complejo: el hielo marino continúa en niveles excepcionalmente bajos, sectores de la Antártida Occidental pierden hielo hacia el océano, algunos glaciares permanecen bajo estrecha vigilancia y, al mismo tiempo, fuertes nevadas recientes han producido ganancias temporales de masa en partes de la Antártida Oriental.
Uno de los datos más recientes apareció en septiembre de 2026. El hielo marino antártico alcanzó un máximo anual de aproximadamente 17,59 millones de kilómetros cuadrados, el tercero más bajo desde que comenzaron las observaciones satelitales continuas. Durante los primeros días de octubre, su extensión descendió rápidamente y llegó a valores mínimos récord para esas fechas.
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Pero el hielo que flota alrededor del continente no debe confundirse con la gigantesca capa de hielo situada sobre tierra. Esta última contiene suficiente agua congelada como para determinar una parte crucial de la evolución futura del nivel del mar.
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Lo que ocurre en la Antártida, por tanto, no queda confinado al extremo sur del planeta. Los cambios en sus glaciares, plataformas de hielo, océano circundante y hielo marino tienen implicaciones para el nivel del mar y el sistema climático global, con consecuencias potenciales para ciudades y comunidades costeras situadas a miles de kilómetros.

El hielo marino antártico vuelve a situarse cerca de mínimos históricos
Cada invierno austral, el océano que rodea la Antártida se congela sobre una superficie enorme. Después, durante la primavera y el verano, gran parte de ese hielo desaparece. Esta expansión y contracción anual es normal; lo extraordinario de los últimos años ha sido la persistencia de extensiones reducidas.
Según el seguimiento del hielo marino antártico realizado por el National Snow and Ice Data Center, el máximo de 2026 se produjo el 14 de septiembre con 17,59 millones de kilómetros cuadrados. Fue el tercer máximo más bajo del registro satelital, que se remonta a 1979.
La evolución posterior resultó igualmente significativa. El NSIDC informó que desde el 2 de octubre la extensión descendió hasta alcanzar mínimos diarios récord, con pérdidas destacadas en los mares de Ross y Amundsen y en el sector del océano Índico.
Esto no significa que cada año futuro vaya a establecer un nuevo récord. El hielo marino antártico presenta una variabilidad natural considerable, influenciada por vientos, temperaturas oceánicas, circulación atmosférica y otros procesos.
También es importante diferenciarlo del hielo continental. Cuando el hielo marino se derrite no provoca directamente un aumento significativo del nivel del mar porque ya está flotando. Sin embargo, puede modificar el intercambio de energía entre océano y atmósfera, afectar ecosistemas y alterar las condiciones alrededor de las plataformas de hielo.
Lo preocupante en 2026 no es un único valor aislado, sino la repetición reciente de extensiones excepcionalmente bajas.
La paradoja de 2026: algunas regiones ganaron hielo mientras otras continúan perdiéndolo
Uno de los resultados que más fácilmente puede generar interpretaciones equivocadas es el aumento reciente de masa detectado en partes de la capa de hielo antártica. Este fenómeno no contradice automáticamente el calentamiento global ni demuestra que la pérdida de hielo haya terminado.
Investigaciones difundidas por la Agencia Espacial Europea indican que nevadas excepcionalmente intensas desde 2020 aumentaron temporalmente la masa, particularmente en sectores de la Antártida Oriental. Las mediciones gravitacionales permiten detectar estas variaciones al registrar diminutos cambios del campo gravitatorio terrestre asociados con modificaciones en la cantidad de hielo.
Al mismo tiempo, los glaciares que descargan hielo hacia el océano siguen perdiendo masa en sectores vulnerables.
Un nuevo análisis de décadas de observaciones satelitales muestra por qué ambas afirmaciones pueden ser verdaderas. Aunque más del 77 % de las líneas de apoyo estudiadas alrededor de la costa antártica permanecieron relativamente estables durante aproximadamente tres décadas, determinadas regiones experimentaron retrocesos considerables. En sectores próximos al mar de Amundsen se detectaron retrocesos de hasta 43 kilómetros.
Por eso resulta incorrecto describir a la Antártida como un bloque uniforme. La Antártida Oriental, la Antártida Occidental y la Península Antártica responden de maneras diferentes, y dentro de cada región existen importantes variaciones.
Las ganancias debidas a nevadas pueden compensar temporalmente parte de las pérdidas. No garantizan que esa situación continúe durante las próximas décadas.

Thwaites y los glaciares de la Antártida Occidental siguen bajo vigilancia
Uno de los lugares más observados es el glaciar Thwaites, en la Antártida Occidental. Su importancia no procede de que exista evidencia de un colapso inminente, sino de su geometría, su exposición al océano y su posible influencia sobre sectores vecinos de la capa de hielo.
Durante 2026 investigadores del British Antarctic Survey y del Korea Polar Research Institute intentaron instalar instrumentos oceanográficos debajo del glaciar mediante perforaciones con agua caliente. La misión buscaba obtener mediciones prolongadas de las aguas que interactúan con la base del hielo, aunque parte del instrumental quedó atrapado durante la operación.
El objetivo científico es comprender mejor cómo agua oceánica relativamente cálida puede derretir el hielo desde abajo. Esta interacción es especialmente importante en la Antártida Occidental, donde numerosos glaciares terminan en plataformas flotantes.
El programa internacional de investigación del glaciar Thwaites del British Antarctic Survey estudia precisamente si su retroceso puede desarrollarse durante décadas o siglos y cómo afectaría al nivel del mar.
Conviene evitar el popular calificativo de “glaciar del juicio final” como si existiera una fecha establecida para su desaparición. La ciencia no predice actualmente un colapso repentino en un año determinado.
Lo que sí muestran las observaciones de largo plazo es que Thwaites, Pine Island y otros glaciares de la región del mar de Amundsen constituyen sectores particularmente vulnerables.
Determinar su velocidad futura de retroceso es una de las cuestiones centrales para calcular cuánto podría aumentar el nivel del mar durante los próximos siglos.
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La pérdida de hielo antártico ya forma parte del aumento del nivel del mar
En septiembre de 2026 se publicó uno de los registros satelitales más extensos realizados hasta ahora sobre las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida. Los resultados permiten observar varias décadas de evolución en lugar de concentrarse únicamente en las fluctuaciones de uno o dos años.
El estudio, coordinado mediante la iniciativa internacional IMBIE y apoyado por ESA y NASA, concluyó que ambas capas de hielo perdieron conjuntamente alrededor de 11 billones de toneladas de hielo desde la década de 1970, contribuyendo con más de tres centímetros al aumento global del nivel del mar.
En la Antártida, las pérdidas anuales estimadas pasaron de aproximadamente 48.000 millones de toneladas durante la década de 1980 a unos 202.000 millones durante la década de 2010. El estudio atribuye gran parte de esa evolución al derretimiento provocado por el océano y a la aceleración de los glaciares que descargan hielo hacia el mar.
La Agencia Espacial Europea documenta la aceleración de los glaciares y la pérdida de hielo polar, mostrando que no se trata simplemente de hielo derritiéndose en la superficie: grandes cantidades son transportadas directamente hacia el océano por glaciares que fluyen más rápidamente.
Los datos recientes también contienen un matiz importante. Entre 2020 y 2023 la pérdida neta antártica se desaceleró debido principalmente a nevadas extraordinarias en la Antártida Oriental.
La tendencia de varias décadas y las fluctuaciones de pocos años deben analizarse por separado. Una ganancia temporal de masa no elimina las pérdidas acumuladas durante períodos más largos.
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Por qué lo que ocurre en la Antártida importa para las ciudades costeras
La conexión más directa entre el continente antártico y las poblaciones humanas se encuentra en el océano. A diferencia del hielo marino flotante, el hielo continental que pasa de tierra al océano sí aumenta el nivel del mar.
El portal científico de NASA dedicado al nivel del mar estima actualmente para la Antártida una pérdida de masa del orden de 130 gigatoneladas anuales, aunque la cifra incluye un margen considerable de incertidumbre y puede cambiar a medida que se incorporan nuevas observaciones.
El aumento del nivel medio del mar tampoco significa que todas las costas experimenten exactamente el mismo incremento. Corrientes oceánicas, movimientos verticales del terreno, gravedad y circulación atmosférica producen diferencias regionales.
Para las ciudades costeras, unos centímetros adicionales pueden tener consecuencias importantes porque elevan el punto de partida sobre el que actúan mareas altas, marejadas ciclónicas y tormentas costeras. Un episodio que anteriormente producía inundaciones excepcionales puede alcanzar zonas más extensas cuando el nivel medio del océano es mayor.
Esta relación convierte a la Antártida en una cuestión también vinculada con las emergencias y la adaptación climática. Buenos Aires y otras áreas costeras del Atlántico Sur no dependen exclusivamente de lo que ocurra en la Antártida, pero forman parte de un sistema oceánico global en el que el aumento del nivel del mar modifica progresivamente el riesgo.
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En 2026, por tanto, no existe una única historia antártica. Hay hielo marino excepcionalmente reducido, glaciares occidentales vulnerables, fuertes nevadas en el este y una pérdida de masa de largo plazo que continúa contribuyendo al nivel del mar.
Precisamente esa combinación explica por qué los científicos necesitan observaciones continuas. Las variaciones de un año pueden ser llamativas; para comprender hacia dónde se dirige realmente el continente helado es necesario distinguirlas de las tendencias que se desarrollan durante décadas.
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