Gran noche para la astronomía por el eclipse lunar y conjunción marciana
Gran noche para la observación del cielo: el 27 de julio de 2018 vivimos una de esas jornadas astronómicas que quedan grabadas en la memoria colectiva. Un eclipse lunar total espectacular coincidió con una gran conjunción de Marte, en pleno periodo de tres eclipses entre julio y agosto de 2018. Para los aficionados y curiosos del cosmos fue una cita irrepetible: la Luna enrojecida, Marte brillando como una estrella rojiza intensa y un contexto astronómico cargado de simbolismo y ciencia.

El segundo de tres eclipses en cadena: un mes agitado en el cielo
Entre el 13 de julio y el 11 de agosto de 2018 el cielo nos regaló una secuencia poco habitual de fenómenos. Primero, un eclipse solar parcial el 13 de julio. Luego, el protagonista de esta historia: el eclipse lunar total del 27 de julio, y finalmente, un eclipse solar parcial el 11 de agosto. Todo dentro de un período de apenas un mes, lo que convirtió a 2018 en un año especialmente interesante para la astronomía observacional.
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Este eclipse lunar total ocupó el lugar central de la serie y se destacó no sólo por su duración, sino también por la coincidencia con la oposición de Marte, cuando el planeta rojo se encontraba muy cerca de su aproximación máxima a la Tierra. En esa noche, mirar al cielo implicaba contemplar dos mundos teñidos de rojo: la Luna de sangre y un Marte particularmente brillante hacia el mismo sector del firmamento.
Para entender la relevancia de este evento, conviene recordar que los eclipses lunares se producen cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre nuestro satélite. En este caso, la geometría del sistema Sol–Tierra–Luna fue casi perfecta, lo que permitió un eclipse total prolongado, con una fase de totalidad cercana a la hora y media.

Por qué la Luna se tiñó de rojo durante el eclipse total
Uno de los aspectos más fascinantes de este tipo de eventos es el color de la Luna. En lugar de desaparecer por completo, la Luna se transforma en una Luna roja o “Luna de sangre”. Este tono anaranjado o rojizo no tiene nada de misterioso: es consecuencia de la atmósfera terrestre.
Cuando la Luna entra en la sombra de la Tierra, la luz solar directa deja de llegarle. Sin embargo, la luz del Sol se filtra a través de la atmósfera terrestre, que actúa como un gigantesco filtro. Los tonos azules y verdes se dispersan en todas direcciones —por eso el cielo es azul durante el día—, mientras que las longitudes de onda rojas y anaranjadas se desvían hacia el interior del cono de sombra y terminan iluminando la superficie lunar.
Desde la Luna, un hipotético observador habría visto un anillo rojo de todos los amaneceres y atardeceres del planeta rodeando la Tierra. Desde la Tierra, nosotros vimos esa luz rojiza proyectada sobre la Luna. Cuanto más cargada de polvo, humo o partículas esté la atmósfera, más intensa puede ser la tonalidad rojiza. Por eso cada eclipse total es ligeramente distinto y la Luna presenta matices únicos en cada ocasión.
En la noche del 27 de julio de 2018, la tonalidad fue muy llamativa y sirvió como una clase abierta de física atmosférica para millones de observadores alrededor del mundo, respaldada por explicaciones de instituciones como la NASA o la Agencia Espacial Europea (ESA), disponibles en artículos divulgativos y notas educativas en línea.

Marte en máxima exhibición: conjunción, oposición y brillo extremo
Si la Luna acaparaba las miradas por su color, Marte no se quedaba atrás. La misma noche del eclipse, el planeta rojo se encontraba en oposición, es decir, en la posición exactamente opuesta al Sol vista desde la Tierra. Además, estaba muy cerca de su perigeo (la mínima distancia relativa en esa oposición), lo que lo convertía en uno de los mejores momentos de observación marciana de los últimos años.
Durante julio de 2018, Marte alcanzó un brillo notable, superando a muchas estrellas principales del cielo nocturno. Su tonalidad rojiza se debía a la presencia de óxidos de hierro en su superficie, los mismos que le dieron el apodo de “planeta rojo”. Para observadores a simple vista, era una especie de “segunda estrella roja” acompañando a la Luna eclipsada. Para quienes contaban con telescopios o binoculares, ofrecía la oportunidad de intentar distinguir algunas de sus estructuras, aunque en esa época también se registró una gran tormenta de polvo global que cubrió buena parte del planeta.
Desde el punto de vista astronómico, la coincidencia de un eclipse lunar total y una conjunción aparente con Marte no implica una alineación especial más allá de la geometría de la oposición marciana y la posición de la Luna en su órbita. Sin embargo, para la observación y la divulgación científica, fue un escenario perfecto para hablar de órbitas, ciclos y mecánica celeste.
Organizaciones como la Sociedad Astronómica Europea, observatorios nacionales y numerosos clubes de aficionados aprovecharon el evento para realizar actividades públicas, charlas y transmisiones en vivo, muchas de ellas accesibles hoy a través de plataformas y sitios de divulgación como NASA, ESA o recursos educativos dedicados a los eclipses y oposiciones planetarias.
Cómo se vivió el eclipse y la conjunción en distintas regiones del mundo
El eclipse lunar total del 27 de julio de 2018 fue visible principalmente desde Europa, África, Asia, Oceanía y parte de Sudamérica, dependiendo de la hora local y de las condiciones meteorológicas. En muchos lugares, la totalidad ocurrió bien entrada la noche; en otros, al anochecer o cerca del amanecer, ofreciendo postales espectaculares con la Luna rojiza cerca del horizonte.
En ciudades y regiones donde el cielo colaboró con un buen tiempo atmosférico, miles de personas se reunieron en plazas, parques, terrazas y balcones para observar el fenómeno. A diferencia de los eclipses de Sol, que requieren protección visual adecuada, los eclipses de Luna son completamente seguros a simple vista, lo que los convierte en una oportunidad ideal para acercar la astronomía al público general.
Observatorios y planetarios de distintos países organizaron jornadas especiales abiertas, con telescopios a disposición del público, charlas explicativas y actividades para niños y jóvenes. Muchos de estos eventos quedaron documentados en sitios de divulgación científica y medios especializados en astronomía, como Space.com, que cubren este tipo de fenómenos detallando horarios, mapas de visibilidad y explicaciones didácticas.
En regiones donde el eclipse no se pudo ver en totalidad debido a nubes, lluvia o posición geográfica, los observadores recurrieron a transmisiones en vivo por internet. La combinación de observación local y streaming global hizo de aquella noche una experiencia compartida planetariamente, con millones de personas conectadas a la vez para ver la misma Luna enrojecida acompañada por Marte.
Más allá del aspecto estético, muchos aficionados aprovecharon la ocasión para practicar astrofotografía, capturando en la misma imagen a la Luna eclipsada y al brillante Marte. Estas fotos circulan aún hoy por redes sociales y archivos personales como testimonio de una de las noches astronómicas más llamativas de 2018.
Lecciones científicas y oportunidades para la divulgación de la astronomía
Eventos como el eclipse lunar total del 27 de julio de 2018, combinado con la conjunción marciana, ofrecen una oportunidad excepcional para explicar conceptos clave de la astronomía de forma sencilla y visual. Algunos de los temas más destacables que se pudieron abordar en esa noche especial fueron:
La diferencia entre eclipses solares y lunares.
El papel de la geometría orbital y la inclinación de las órbitas en la frecuencia de los eclipses.
La estructura de la sombra terrestre (umbra y penumbra) y cómo determina la duración de la totalidad.
La dispersión de la luz en la atmósfera, que explica el color rojizo de la Luna eclipsada.
El concepto de oposición planetaria, aplicado al caso de Marte, y por qué algunos años ofrece mejores condiciones de observación que otros.
La importancia de la astronomía amateur como complemento a la labor de observatorios profesionales.
Luna roja y en Marte
En escuelas y espacios educativos, este evento sirvió para motivar trabajos prácticos, proyectos de ciencias y actividades de observación guiada. Los docentes y divulgadores encontraron en la Luna roja y en Marte brillante un eje ideal para despertar la curiosidad sobre el Sistema Solar y sobre los métodos que la ciencia utiliza para entenderlo.
Además, la secuencia de tres eclipses en un mes permitió explicar que, aunque los eclipses parezcan fenómenos raros, en realidad siguen ciclos bien conocidos, como el ciclo de Saros, que permite predecir con precisión cuándo y dónde serán visibles futuros eclipses. Esa previsibilidad es uno de los mejores ejemplos del poder explicativo de la ciencia frente a fenómenos que en otras épocas fueron interpretados como presagios o señales misteriosas.
En un contexto de creciente interés por el espacio, impulsado por misiones a Marte, proyectos de exploración lunar y el auge de empresas privadas en el sector espacial, aquella noche de 2018 funcionó como un recordatorio visual de que el cielo sigue siendo nuestro gran laboratorio natural. Mirar un eclipse lunar y a Marte en conjunción es, al mismo tiempo, un ejercicio de contemplación y una invitación a comprender mejor nuestro lugar en el Universo.
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