Plaga de millones de langostas devastadoras se propagan en África oriental
La plaga de langostas del desierto de 2020 en África oriental fue descrita por muchos como una “plaga bíblica”. Millones de agricultores vieron cómo miles de millones de insectos cubrían el cielo, oscurecían el sol y dejaban en cuestión de minutos campos enteros convertidos en suelo desnudo. Esta crisis no ocurrió en el vacío: llegó a una región ya golpeada por la inseguridad alimentaria, la fiebre de Lassa, los conflictos armados y el temor a la expansión del coronavirus desde China a África, configurando una tormenta perfecta de riesgos simultáneos.

Ir a la guía central
Una plaga sin precedentes recientes en el Cuerno de África
En 2020, países como Kenia, Etiopía, Somalia, Eritrea, Uganda y Sudán enfrentaron el peor brote de langosta del desierto en décadas. En Kenia, fue el más grave en 70 años, y en Etiopía y Somalia el peor en al menos 25 años, según datos de organismos internacionales. Food Unfolded+1
⚠️ Recibí alertas antes que el resto
Eventos como este pueden repetirse. Enterate antes que se vuelvan noticia.
Los enjambres de langostas del desierto (Schistocerca gregaria) pueden abarcar decenas de kilómetros cuadrados. Cada kilómetro cuadrado puede contener hasta 80 millones de langostas, y cada insecto es capaz de consumir diariamente el equivalente a su propio peso en alimentos. Esto significa que un solo enjambre puede devorar en un día el alimento suficiente para decenas de miles de personas o para enormes rebaños de ganado. Harvard Gazette+1
Mientras los enjambres crecían exponencialmente, la FAO advertía que más de 20 millones de personas en el Cuerno de África ya enfrentaban hambre severa antes incluso de la llegada masiva de las langostas. Open Knowledge FAO+1 La plaga, por tanto, no era solo un fenómeno natural impresionante: era una amenaza directa a la supervivencia de comunidades completas.

Causas climáticas y ambientales: cuando el océano se calienta
La ciencia apunta a que esta plaga no fue un simple accidente. Detrás hay una combinación de cambio climático, anomalías oceánicas y eventos extremos.
Todo comenzó en 2018, cuando los ciclones Mekunu y Luban descargaron lluvias torrenciales sobre el desierto de la Península Arábiga, creando lagunas temporales que permanecieron durante meses. Ese entorno húmedo y rico en vegetación fue perfecto para que las langostas se reprodujeran de manera explosiva, multiplicando su población hasta 8.000 veces en menos de un año. Wikipedia
Estas condiciones extremas se vinculan al Dipolo del Océano Índico, un patrón de temperatura de la superficie del mar que se ha vuelto más intenso con el calentamiento global. Cuando el sector occidental del Índico se calienta de forma anómala, se producen más ciclones y lluvias intensas en zonas que normalmente son áridas, como Somalia o Yemen. Esa secuencia de lluvias inusuales proporcionó a las langostas tres generaciones consecutivas de reproducción sin control. Wikipedia+1
Al mismo tiempo, la degradación de ecosistemas, la deforestación y la presión sobre los suelos reducen la capacidad de la naturaleza para amortiguar este tipo de explosiones biológicas. Lo que antes hubiera sido un brote importante pero manejable, en 2020 se convirtió en una crisis regional impulsada por un clima cada vez más inestable.

Impacto en la seguridad alimentaria y en la vida cotidiana
Para las familias rurales de África oriental, la plaga de langostas no fue una noticia lejana, sino un golpe directo a su comida diaria. Estos insectos se alimentan de casi todos los cultivos: mijo, sorgo, maíz, trigo, frijoles, algodón, forraje para el ganado y árboles frutales.
En comunidades pastoriles de Etiopía, Kenia y Somalia, los enjambres destruyeron los pastizales en cuestión de horas. El ganado, principal fuente de ingresos y de proteína animal, quedó sin alimento. En algunas zonas de Etiopía, se registraron pérdidas de hasta 100 % de ciertos cultivos básicos, como el teff, lo que llevó a un aumento dramático de los precios locales de los alimentos. Wikipedia+1
La plaga llegó además en un momento en el que África ya enfrentaba otras crisis sanitarias. En Nigeria y otros países de África occidental, la fiebre de Lassa seguía propagándose. Al mismo tiempo, el continente era visto como un posible “eslabón débil” frente al avance del coronavirus, dada su intensa relación comercial con China y la fragilidad de muchos sistemas de salud. Esta superposición de emergencias generó el temor de una nueva ola de hambre extrema y desplazamientos. PMC
Para millones de personas, la plaga significó decidir entre comer hoy o guardar semillas para la próxima siembra. Muchas familias optaron por consumir las reservas de semillas, hipotecando así su futuro productivo. La inseguridad alimentaria se disparó y los programas humanitarios tuvieron que redoblar esfuerzos para evitar una hambruna generalizada.

Respuesta internacional: pesticidas, tecnología y obstáculos
Ante la magnitud del problema, la FAO, los gobiernos africanos y organismos financieros como el Banco Mundial pusieron en marcha planes de emergencia para controlar los enjambres. Se desplegaron aviones de fumigación, equipos terrestres y sistemas de monitoreo satelital para localizar y atacar a las langostas en zonas clave antes de que se reagruparan. FAOHome+1
El Banco Mundial estimó que los daños potenciales podían alcanzar los 8.500 millones de dólares en pérdidas de cultivos y ganado si la plaga no se controlaba a tiempo, y movilizó fondos específicos para apoyar las operaciones de fumigación y la asistencia a los agricultores afectados. worldbank.org+1
Sin embargo, la respuesta se vio dificultada por varios factores:
-
Restricciones de viaje y comercio asociadas a la pandemia de COVID-19, que retrasaron el envío de pesticidas, equipos y expertos.
-
Falta de capacidad local para operar aeronaves y coordinar campañas de fumigación a gran escala.
-
Problemas de seguridad en regiones afectadas por conflictos armados, como partes de Somalia, donde era peligroso ejecutar operaciones aéreas y terrestres.
A pesar de ello, el esfuerzo conjunto permitió reducir progresivamente el tamaño y la frecuencia de los enjambres a partir de la segunda mitad de 2020, hasta que la ola principal de la plaga empezó a remitir. FAOHome+1
Quien desee profundizar en estos aspectos técnicos puede consultar la descripción de la FAO sobre la crisis de la langosta del desierto en África oriental, donde se detallan las operaciones de control, la financiación disponible y las lecciones aprendidas. FAOHome

Lecciones de una “plaga bíblica” en tiempos de crisis múltiples
La plaga de langostas de 2020 dejó una serie de lecciones cruciales para África y para el mundo:
-
Las crisis ya no vienen solas. La región enfrentó al mismo tiempo la plaga de langostas, la expansión de enfermedades como la fiebre de Lassa, el avance de la COVID-19 y la persistente amenaza del cambio climático. Estas crisis compuestas multiplican los impactos y superan fácilmente la capacidad de respuesta de los estados más frágiles.
-
La vigilancia temprana es vital. Monitorear las condiciones climáticas, la humedad del suelo y la vegetación permite detectar áreas de reproducción antes de que las langostas formen enjambres. Iniciativas como la Global Locust Initiative y los modelos climáticos regionales están demostrando que la tecnología puede anticiparse a las plagas si se dispone de recursos y coordinación. Laboratorio Global de Futuro Julie Ann Wrigley+1
-
La seguridad alimentaria debe ser resiliente. Depender de uno o dos cultivos, o de una sola temporada de lluvias, hace que las comunidades sean extremadamente vulnerables. Diversificar cultivos, fortalecer bancos de semillas locales y mejorar el almacenamiento comunitario son estrategias clave para enfrentar futuras crisis.
-
La cooperación internacional no es opcional. Sin el apoyo financiero y técnico de organismos multilaterales y donantes, muchos países no habrían podido costear aviones, pesticidas y campañas de sensibilización. Sin embargo, la crisis también demostró que la ayuda internacional llega a menudo tarde y en cantidades insuficientes, lo que obliga a repensar los mecanismos de alerta y financiación rápida.
-
Comunicar la ciencia a la población es esencial. En algunas zonas, las comunidades desconfiaban de los pesticidas o no comprendían la magnitud de la amenaza. Programas de educación rural, radios comunitarias y líderes locales informados pueden marcar la diferencia entre una respuesta ordenada y el caos.
Enfermedades emergentes
En conjunto, la plaga de 2020 fue un recordatorio de que el cambio climático, las enfermedades emergentes y la degradación ambiental están interconectados. África oriental, vista por muchos como un “centro logístico de la economía china” y de otras potencias, se encuentra en la primera línea de estas transformaciones globales. Lo que ocurre allí no es un problema aislado, sino un indicador de vulnerabilidades planetarias que pueden reproducirse en otras regiones.
Al mirar hacia atrás, el relato de millones de langostas devorando los cultivos de algunas de las poblaciones más pobres del planeta no es solo un episodio dramático de 2020: es una advertencia sobre el futuro. Si el mundo no reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, no fortalece los sistemas sanitarios y no invierte en agricultura resiliente, nuevas plagas –de insectos, de virus o de hambre– seguirán amenazando la estabilidad global.
Recordar esta plaga bíblica en pleno siglo XXI es, en definitiva, una invitación a repensar la relación de la humanidad con el clima, la tierra y la seguridad alimentaria antes de que la próxima crisis llegue, una vez más, demasiado tarde.
- Investigación y verificación de información crítica.
- Infraestructura técnica (hosting, seguridad y velocidad).
- Herramientas de monitoreo y cobertura de eventos extremos.
- Producción de guías prácticas para preparación ciudadana.
Orbes Argentina es un medio independiente especializado en emergencias, clima extremo y ciencia aplicada, con cobertura global y enfoque en riesgos del siglo XXI.




























