Deshielo de Groenlandia observado desde el espacio

Groenlandia y el deshielo: por qué importa para todo el planeta

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Groenlandia concentra una de las mayores reservas de hielo terrestre del planeta. Su capa de hielo cubre alrededor de 1,7 millones de kilómetros cuadrados y alcanza varios kilómetros de espesor en sus zonas centrales. Lo que ocurre allí, por tanto, no queda limitado al Ártico: la pérdida sostenida de esa enorme masa de hielo contribuye directamente al aumento del nivel del mar y puede influir sobre sistemas oceánicos y climáticos mucho más alejados.

Las observaciones satelitales muestran que la capa de hielo groenlandesa mantiene una tendencia de pérdida de masa. Datos de NASA basados en las misiones GRACE y GRACE-FO indican una pérdida media cercana a 264 gigatoneladas de hielo por año entre 2002 y 2025, aunque la cantidad varía considerablemente de un año a otro.

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El deshielo de Groenlandia tampoco debe interpretarse como un proceso uniforme ni como una simple imagen de hielo derritiéndose bajo temperaturas más altas. Intervienen el calentamiento atmosférico, la temperatura del océano, las nevadas, el movimiento de los glaciares y la descarga de hielo hacia el mar. Comprender esas diferencias es fundamental para evaluar qué significa realmente el deshielo de Groenlandia para el resto del planeta.

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Groenlandia está perdiendo hielo, pero el proceso es más complejo que el deshielo superficial

Una capa de hielo gana masa principalmente mediante las nevadas y la pierde a través del derretimiento superficial, la escorrentía y la descarga de glaciares hacia el océano. Su balance depende de la diferencia entre esas entradas y salidas. En Groenlandia, ese balance se ha vuelto claramente negativo durante las últimas décadas.

Las mediciones realizadas desde el espacio permiten observar tanto cambios en la gravedad producidos por variaciones de masa como modificaciones en la altura y extensión del hielo. La medición de la pérdida de hielo de Groenlandia mediante los satélites GRACE y GRACE-FO de NASA muestra que las mayores pérdidas desde comienzos de este siglo se concentran especialmente en regiones costeras, mientras que algunas áreas elevadas del interior han experimentado cambios menores.

El calentamiento del aire favorece un mayor derretimiento superficial durante el verano, pero esa es solamente una parte del problema. Los glaciares que conectan el interior de Groenlandia con el océano también pueden acelerar y descargar grandes cantidades de hielo directamente al mar.

Un estudio internacional actualizado en 2026, basado en décadas de observaciones satelitales, encontró que la dinámica de los glaciares desempeña un papel fundamental en la pérdida de las grandes capas de hielo.

Por eso, hablar simplemente de “hielo que se derrite” puede ocultar un proceso mucho más complejo: Groenlandia pierde masa tanto desde su superficie como a través del movimiento acelerado del hielo hacia el océano.

El nivel del mar conecta a Groenlandia con ciudades situadas a miles de kilómetros

La consecuencia global más directa es el aumento del nivel medio del mar. Cuando se derrite hielo que ya flota en el océano, como el hielo marino, su efecto directo sobre el nivel del mar es muy pequeño. Groenlandia es diferente porque la mayor parte de su enorme capa de hielo se encuentra sobre tierra firme. Cuando esa masa termina incorporándose al océano, aumenta su volumen.

La evaluación internacional IMBIE publicada en 2026 extendió el registro de cambios de las capas de hielo hasta varias décadas atrás. Los datos indican que Groenlandia pasó de estar cerca del equilibrio en la década de 1970 a perder alrededor de 264.000 millones de toneladas anuales durante la década de 2010. El estudio atribuye a Groenlandia aproximadamente 1,81 centímetros del aumento global del nivel del mar contabilizado en el análisis conjunto de las grandes capas de hielo.

La evaluación de la ESA sobre la pérdida de hielo polar y el aumento del nivel del mar muestra además que Groenlandia y la Antártida son actualmente responsables, en conjunto, de alrededor de una cuarta parte del aumento global del nivel del mar.

Esto no significa que el mar aumente exactamente lo mismo en todos los lugares. Corrientes oceánicas, gravedad, movimientos verticales del terreno y circulación atmosférica producen diferencias regionales.

Para las ciudades costeras, incluso aumentos aparentemente pequeños elevan el nivel desde el cual actúan mareas, oleajes y marejadas ciclónicas, aumentando progresivamente la exposición a inundaciones.

El deshielo también introduce enormes cantidades de agua dulce en el Atlántico Norte

Groenlandia no solamente añade agua al océano: añade agua dulce en una región donde la salinidad y la temperatura participan en la formación de masas de agua profundas. Esta característica explica por qué los científicos estudian sus posibles efectos sobre la circulación del Atlántico Norte.

Una de las estructuras más importantes es la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC), un sistema de corrientes que transporta calor, sal y masas de agua entre diferentes latitudes y profundidades. El aporte creciente de agua dulce puede modificar la densidad del agua superficial y constituye uno de los factores considerados en las investigaciones sobre su evolución futura.

Sin embargo, es importante evitar una simplificación frecuente: el deshielo de Groenlandia no significa que la AMOC vaya a detenerse de forma inmediata. Su comportamiento depende de múltiples procesos oceánicos y atmosféricos, y las proyecciones contienen incertidumbres importantes sobre la magnitud y velocidad de los cambios.

La pérdida de hielo también altera las condiciones del propio Ártico. Superficies cubiertas por nieve y hielo reflejan gran parte de la radiación solar, mientras que superficies más oscuras absorben una proporción mayor. Cuando quedan expuestas zonas de roca, sedimentos o agua, puede disminuir el albedo, modificando el balance energético local.

Además, el agua procedente del deshielo interactúa con ecosistemas costeros y transporta sedimentos y nutrientes hacia los fiordos.

Por estas razones, Groenlandia funciona simultáneamente como reservorio de agua congelada, componente del sistema climático y fuente creciente de agua dulce para el océano, de modo que sus cambios deben analizarse dentro de un sistema conectado.

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El peligro para las costas no comienza cuando el océano sube varios metros

La capa de hielo groenlandesa contiene suficiente agua congelada como para elevar el nivel medio global del mar en más de siete metros si desapareciera por completo, pero ese escenario no describe lo que ocurrirá durante las próximas décadas. Una pérdida total requeriría procesos sostenidos durante períodos mucho más prolongados y dependería de la evolución futura del clima.

La cifra de varios metros resulta útil para comprender la escala de la reserva de hielo, pero puede ser engañosa si se interpreta como una predicción para este siglo.

El riesgo de emergencias costeras aparece mucho antes. Un aumento de decenas de centímetros puede hacer que episodios que antes requerían condiciones meteorológicas excepcionales comiencen a producir inundaciones con mayor frecuencia. Una marejada ciclónica se superpone sobre un nivel de base más elevado y puede alcanzar zonas que anteriormente permanecían fuera del agua.

La plataforma de NASA para analizar el cambio del nivel del mar y sus riesgos costeros permite consultar observaciones y proyecciones y muestra por qué la evolución de las capas de hielo es una variable esencial para evaluar la exposición futura de las costas.

Esto vincula directamente el deshielo polar con la planificación de infraestructuras, defensas costeras, puertos, sistemas de drenaje y evacuaciones.

No todas las inundaciones costeras pueden atribuirse al deshielo de Groenlandia. Tormentas, mareas, subsidencia del terreno y otros factores siguen siendo fundamentales. El cambio relevante es que un nivel del mar progresivamente más alto amplifica algunos de esos riesgos preexistentes.

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Satélites, modelos y mediciones permiten vigilar un cambio que continuará durante décadas

Determinar cuánto hielo pierde Groenlandia exige combinar métodos diferentes. Los satélites gravimétricos detectan cambios de masa; los altímetros miden modificaciones en la altura de la superficie; las imágenes de radar y ópticas permiten seguir el desplazamiento de los glaciares; y las observaciones meteorológicas ayudan a estimar nevadas, temperaturas y derretimiento.

Esta combinación resulta esencial porque ningún instrumento explica por sí solo todo el comportamiento de la capa de hielo. Los investigadores también utilizan modelos climáticos y glaciológicos para estudiar posibles trayectorias futuras bajo distintos escenarios de calentamiento.

Las proyecciones no deben interpretarse como fechas exactas. La velocidad futura de pérdida dependerá, entre otros factores, de las emisiones de gases de efecto invernadero, del calentamiento atmosférico y oceánico y de la respuesta dinámica de los glaciares.

Las observaciones disponibles sí permiten establecer algo con mayor seguridad: Groenlandia ya está contribuyendo al aumento del nivel del mar, y su evolución futura será importante para determinar cuánto más aumentará. NASA estima actualmente una pérdida cercana a 260 gigatoneladas anuales según su indicador basado en datos satelitales.

Para la gestión del clima extremo y las emergencias, seguir Groenlandia no es una cuestión exclusivamente polar. Sus cambios forman parte de la información necesaria para diseñar mapas de riesgo, adaptar infraestructuras y calcular la exposición de poblaciones costeras.

El hielo perdido hoy no queda confinado al Ártico. Termina incorporándose a un océano conectado globalmente, y esa es la razón fundamental por la que lo que ocurre en Groenlandia importa mucho más allá de Groenlandia.

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Juan Daniel Missaglia, fundador de Orbes Argentina

Sobre el autor

Juan Daniel Missaglia

Investigador y divulgador

Fundador y director de Orbes Argentina, medio digital independiente especializado en emergencias, clima extremo, ciencia, geopolítica y tendencias globales.

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