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todos-los-glaciares-hielo-marino-islandia - 2020-12-20 - Glaciares

El enfriamiento de todos los glaciares alcanzó su extensión máxima

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Introducción: glaciares en su extensión máxima

Durante los últimos 8000 años el clima de Islandia y del Atlántico Norte ha oscilado entre fases de calentamiento y enfriamiento que dejaron huellas claras en los glaciares, el hielo marino y los sedimentos de lagos y fiordos. Nuevas reconstrucciones paleoclimáticas muestran que el periodo conocido como Máximo Térmico del Holoceno fue, en muchas zonas del norte de Islandia, varios grados más cálido que la actualidad, con menos hielo que hoy.Wikipedia+1

Sin embargo, esta fase cálida fue seguida por un enfriamiento progresivo, la llamada neoglaciación, que culminó con la máxima extensión de muchos glaciares islandeses entre los siglos XVIII y XIX, durante la denominada Pequeña Edad de Hielo.Copernicus Publications+1

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Estas nuevas investigaciones no niegan el calentamiento global actual, sino que ayudan a comprender la larga historia del clima del Atlántico Norte y la sensibilidad de los glaciares a pequeños cambios de temperatura.

Cómo sabemos cuán fríos fueron los últimos 8000 años

Para reconstruir el pasado, los científicos no disponen de termómetros antiguos, pero sí de proxies climáticos, es decir, indicios físicos y biológicos que responden a la temperatura y a la presencia de hielo.

En los lagos de Islandia se analizan fósiles de insectos acuáticos (quironómidos), cuyas especies cambian según la temperatura del agua. A partir de esas comunidades, se reconstruyen temperaturas de julio durante todo el Holoceno.Data.gov+1

Los sedimentos marinos del margen islandés conservan diatomeas y foraminíferos, microorganismos sensibles a la temperatura del océano y al aporte de aguas frías del Ártico o cálidas del Atlántico. Estos registros permiten identificar periodos de mayor influencia de aguas atlánticas templadas y fases posteriores más frías y dominadas por aguas polares.CNI Ambiental+1

Por último, los morrenas y marcas de erosión glaciar indican hasta dónde avanzaron los glaciares en diferentes épocas, y el análisis de isótopos de hielo y anillos de árboles ayuda a fechar esos avances y retrocesos.

Un Holoceno más cálido que la Islandia moderna

Los registros coinciden en señalar que, entre hace unos 9000 y 5000 años, el Atlántico Norte vivió el Máximo Térmico del Holoceno, un periodo en el que los veranos fueron 1–3°C más cálidos que el promedio del siglo XX en gran parte del hemisferio norte.Wikipedia+1

En Islandia, varios estudios de lagos y volcán–glaciar indican un clima más cálido y seco, hasta el punto de que algunos autores han sugerido que ciertas capas de hielo pudieron desaparecer temporalmente durante el pico de calor.Cambridge University Press & Assessment+1

Las reconstrucciones de temperatura basadas en insectos y biomarcadores señalan que, en algunos sectores del norte de Islandia, los veranos del Holoceno temprano pudieron ser 3–4°C más cálidos que las medias de 1961–1990.ScienceDirect+1

Esto implica que, a escala regional, gran parte de los últimos 8000 años pudo ser más templada que el clima de la Islandia moderna de mediados del siglo XX. En ese contexto, el hielo marino estival era menos extenso y muchos glaciares ocupaban superficies mucho menores que las que alcanzaron durante la Pequeña Edad de Hielo.

Neoglaciación, pequeña Edad de Hielo y máximo glaciar

A partir de hace unos 5000 años la insolación veraniega en altas latitudes comenzó a disminuir, iniciando un enfriamiento gradual sobre el Atlántico Norte.Wikipedia+1

El estudio dirigido por Áslaug Geirsdóttir y colaboradores identifica un punto de inflexión alrededor del llamado evento 4,2 ka, hace unos 4200 años, cuando los registros de siete lagos islandeses muestran un cambio brusco hacia condiciones más frías y húmedas, asociado al inicio de la neoglaciación: el regreso progresivo de glaciares que antes habían retrocedido.Copernicus Publications+1

Durante los milenios siguientes, las capas de hielo avanzaron y retrocedieron en respuesta a erupciones volcánicas, variaciones solares y cambios en la circulación oceánica. Pero la tendencia general fue hacia glaciares cada vez más extensos, con máximos sucesivos en la Edad Media tardía y, sobre todo, entre los siglos XVIII y XIX, cuando muchos glaciares alcanzaron su máxima extensión Holocena.CNI Ambiental+1

Por ejemplo, datos de morrenas y sedimentos indican que el glaciar Langjökull fue más grande en el siglo XIX que en cualquier otro momento de los últimos 8000 años.CNI Ambiental En esa época, el clima del Atlántico Norte estuvo marcado por inviernos más fríos, veranos cortos y frecuentes avances de hielo marino, una situación denominada Pequeña Edad de Hielo.

Estas reconstrucciones permiten afirmar que el enfriamiento acumulado del Holoceno tardío culminó en esa máxima extensión glaciar, que dejó paisajes glaciares muy parecidos a los que Islandia muestra en las fotografías históricas de finales del siglo XIX.

Islandia actual, descongelamiento global y responsabilidad humana

La imagen cambia de forma drástica al entrar en el siglo XX. A partir de finales del siglo XIX y, con más fuerza, desde mediados del siglo XX, el forzamiento por gases de efecto invernadero de origen humano se superpone a las tendencias naturales de largo plazo.

Registros de masa glaciar muestran que los glaciares de Islandia han estado perdiendo masa casi de forma continua desde finales de la Pequeña Edad de Hielo, con una aceleración marcada desde mediados de los años 1990.Frontiers+1

Según la Oficina Meteorológica de Islandia, casi todos los glaciares del país están en retroceso, y los modelos climáticos sugieren que podrían perder gran parte de su volumen en los próximos 100–200 años si las emisiones globales continúan en la trayectoria actual.Icelandic Meteorological office+1

A escala global, un estudio reciente estima que los glaciares del mundo han perdido 273 gigatoneladas de hielo por año entre 2000 y 2023, lo que ya ha contribuido con casi 2 centímetros al aumento del nivel del mar desde el inicio del siglo XXI.Nature+1

Esto significa que, aunque en ciertos momentos del Holoceno temprano Islandia pudo ser más cálida que las medias del siglo XX, el ritmo actual de calentamiento y de pérdida de hielo es sin precedentes en la historia reciente. La diferencia fundamental es que ahora el cambio está impulsado principalmente por actividades humanas, no por variaciones orbitales o naturales de la circulación oceánica.

En otras palabras, el hecho de que los glaciares alcanzaran su máxima extensión hace apenas un par de siglos, tras un largo enfriamiento, no contradice el calentamiento actual: más bien subraya que hemos invertido en pocas décadas una tendencia de miles de años, llevando al sistema climático a un nuevo régimen.

De la ciencia paleoclimática a las decisiones ciudadanas

Comprender esta historia larga del hielo islandés tiene consecuencias directas para el debate público. Las nuevas investigaciones muestran que:

  • Los glaciares son sensores extremadamente sensibles de cambios relativamente pequeños en la temperatura media.

  • El clima del Holoceno no ha sido estático, pero los cambios lentos asociados a la órbita terrestre contrastan con el calentamiento rápido del siglo XX–XXI.

  • La pérdida acelerada de hielo marino y glaciares en la actualidad está estrechamente ligada a la quema de combustibles fósiles y a las emisiones globales.

  • Conocer que incluso periodos fríos recientes, como la Pequeña Edad de Hielo, son una anomalía dentro de un Holoceno mayormente templado, ayuda a poner en contexto las comparaciones simplistas que se usan a veces para minimizar el cambio climático actual.

    Para sociedades como la islandesa –que dependen del turismo, la energía hidroeléctrica y la estabilidad del Atlántico Norte– la desaparición del hielo no es un detalle estético: es una cuestión de seguridad hídrica, económica y, cada vez más, geopolítica.Arctic Portal+1

    Por eso, la historia completa del enfriamiento y posterior retroceso de los glaciares no es sólo un relato científico: es una invitación a reducir emisiones, proteger ecosistemas y adaptarnos a un planeta que está cambiando mucho más deprisa que en cualquier otro momento de los últimos 8000 años.

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