Corrientes oceánicas: qué ocurriría si cambia la circulación del Atlántico
El océano Atlántico no es una masa de agua estática. En su interior funciona un complejo sistema de corrientes que transporta calor, sal, carbono y nutrientes entre distintas latitudes y profundidades. Una de sus piezas fundamentales es la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés), cuyo comportamiento puede influir mucho más allá de las costas atlánticas.
El calentamiento global plantea una cuestión especialmente importante: qué sucedería si esta circulación se debilitara de manera considerable. El consenso científico actual no sostiene que la AMOC esté a punto de detenerse, pero sí indica que es muy probable que se debilite durante el siglo XXI. Al mismo tiempo, investigaciones recientes muestran diferencias relevantes sobre cuánto podría reducirse su intensidad y sobre el riesgo de cambios mucho más abruptos. IPCC
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Las consecuencias potenciales incluyen alteraciones de temperaturas y precipitaciones, cambios regionales del nivel del mar y modificaciones de algunos patrones meteorológicos. Para la gestión del clima extremo y las emergencias, comprender estas conexiones resulta importante porque una circulación oceánica diferente podría modificar los riesgos climáticos de regiones situadas a miles de kilómetros entre sí.
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La AMOC no es simplemente la corriente del Golfo
La AMOC suele describirse como una enorme cinta transportadora oceánica, aunque la realidad física es más compleja. En términos generales, aguas relativamente cálidas y salinas circulan hacia el norte por las capas superiores del Atlántico. En las altas latitudes pierden calor, sufren transformaciones en su densidad y parte del agua participa en la formación de masas profundas que regresan hacia el sur.
La corriente del Golfo forma parte del sistema de circulación del Atlántico, pero no es sinónimo de AMOC. Además, está impulsada en buena medida por los vientos y la dinámica de la rotación terrestre. Por eso, un debilitamiento de la AMOC no significa que la corriente del Golfo simplemente vaya a desaparecer.
La red de observación de la circulación oceánica del Atlántico de NOAA utiliza mediciones en diferentes sectores del océano para estudiar cómo se desplazan el agua, el calor y la sal. NOAA destaca que comprender este sistema requiere observaciones que abarcan tanto el Atlántico Norte como el Atlántico Sur. NOAA AOML
Este detalle es fundamental: la AMOC conecta procesos que ocurren en ambos hemisferios. Su comportamiento depende de diferencias de densidad, intercambios de calor con la atmósfera, salinidad, vientos y circulación del océano Austral.
Por eso los científicos no pueden determinar su evolución observando únicamente una corriente superficial. Necesitan combinar boyas, instrumentos anclados, flotadores autónomos, satélites y modelos climáticos.
Por qué el calentamiento puede debilitar la circulación atlántica
Para que las aguas superficiales del Atlántico Norte participen eficazmente en la circulación profunda deben experimentar cambios que aumenten su densidad. El calentamiento modifica este mecanismo: el agua más caliente es menos densa, mientras que una mayor incorporación de agua dulce reduce la salinidad y también puede disminuir la densidad superficial.
Las precipitaciones, los cambios del ciclo hidrológico y el aporte de agua procedente del hielo continental pueden influir en este equilibrio. Sin embargo, atribuir la evolución de la AMOC exclusivamente al deshielo de Groenlandia sería una simplificación. Intervienen múltiples procesos atmosféricos y oceánicos, incluidos los vientos del océano Austral.
El Sexto Informe de Evaluación del IPCC sobre océanos y circulación atlántica concluyó que la AMOC muy probablemente disminuirá durante el siglo XXI bajo todos los escenarios de emisiones analizados, aunque existe menor confianza sobre la magnitud exacta de esa reducción. IPCC
Las observaciones tampoco permiten afirmar que exista actualmente una trayectoria sencilla hacia un colapso. Las mediciones continuas abarcan apenas unas décadas, mientras que la AMOC presenta una importante variabilidad natural.
Un análisis de NOAA publicado en 2025 encontró un debilitamiento considerable durante la década de 2000, seguido por una pausa desde comienzos de la década de 2010, resultado de la interacción entre señales naturales y antropogénicas. NOAA AOML
Esto ilustra una dificultad central: una variación de varios años no necesariamente representa una tendencia permanente.

Qué cambiaría en el clima si la AMOC se debilita
La consecuencia más directa sería una reducción del transporte de calor hacia el Atlántico Norte. Esto no significa automáticamente que Europa vaya a entrar en una nueva edad de hielo. Con un debilitamiento gradual, el efecto esperado puede manifestarse como un calentamiento menor en determinadas zonas del Atlántico Norte y Europa respecto de un escenario con una AMOC más fuerte, mientras el planeta en conjunto continúa calentándose.
Pero la redistribución del calor oceánico también puede modificar la circulación atmosférica. Los estudios relacionan cambios importantes de la AMOC con desplazamientos de cinturones tropicales de lluvia, modificaciones de los monzones y alteraciones de las precipitaciones regionales.
También existe una conexión con el nivel del mar. Las corrientes oceánicas contribuyen a generar diferencias regionales en la altura de la superficie marina. Si cambia su velocidad o estructura, esas diferencias pueden reorganizarse. En determinadas costas del Atlántico, por tanto, el nivel relativo del mar podría responder adicionalmente a los cambios de circulación, además del aumento provocado por la expansión térmica y el derretimiento del hielo continental.
La relación con los fenómenos extremos es más compleja. NOAA investiga conexiones entre la variabilidad de la AMOC, los monzones, las temperaturas regionales y determinados eventos extremos. NOAA AOML No significa que una tormenta, huracán, inundación u ola de calor concreta pueda atribuirse directamente a la circulación atlántica.
Una AMOC diferente modificaría el entorno climático sobre el cual se desarrollan esos fenómenos, alterando probabilidades y patrones regionales en lugar de actuar como un interruptor meteorológico.
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Debilitamiento y colapso no significan lo mismo
Esta distinción es fundamental para interpretar correctamente las noticias sobre la AMOC. Debilitarse significa transportar menos agua y calor dentro de determinadas ramas de la circulación; colapsar implicaría una transición hacia un estado de circulación extremadamente débil y cualitativamente diferente.
El IPCC evaluó con confianza media que no se produciría un colapso abrupto antes de 2100. Un estudio publicado en Nature en 2025 también encontró que el ascenso de aguas impulsado por los vientos del océano Austral podría mantener una circulación atlántica debilitada incluso bajo forzamientos climáticos extremos. Nature
Sin embargo, la investigación permanece activa y los resultados no son idénticos. Un trabajo publicado en Science Advances en 2026, utilizando restricciones observacionales aplicadas a modelos climáticos, estimó para un escenario intermedio una reducción de alrededor del 51 % ± 8 % hacia finales de siglo, mayor que el promedio multimodelo empleado como referencia en ese estudio. DOI
Por otra parte, investigaciones de 2026 han explorado escenarios en los que la rapidez del calentamiento podría influir en la estabilidad de la circulación. Son resultados científicamente relevantes, pero no constituyen una predicción de que el colapso ocurrirá en una fecha determinada. Nature
La investigación científica sobre el futuro de la AMOC publicada en Science Advances refleja precisamente por qué todavía existe un rango considerable de incertidumbre en las estimaciones. DOI
Por tanto, afirmar que la AMOC desaparecerá inevitablemente durante este siglo iría más allá de la evidencia disponible.
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Por qué una alteración de la AMOC importa para las emergencias climáticas
El principal riesgo no debe analizarse únicamente como un hipotético colapso. Un debilitamiento sustancial también podría tener consecuencias importantes si modifica patrones de lluvia, temperaturas, nivel regional del mar y circulación atmosférica.
Para los sistemas de protección civil y adaptación climática aparece además un problema particular: las infraestructuras suelen diseñarse utilizando registros históricos. Puertos, defensas costeras, sistemas de drenaje, agricultura, generación energética y gestión del agua dependen de determinados rangos climáticos. Si las relaciones entre océano y atmósfera cambian durante décadas, algunos de esos antecedentes pueden volverse menos representativos del riesgo futuro.
Los impactos tampoco serían uniformes. El IPCC señala que, si ocurriera un colapso, serían muy probables cambios abruptos en los patrones meteorológicos regionales y el ciclo del agua, incluido un desplazamiento hacia el sur del cinturón tropical de lluvias, debilitamiento de algunos monzones y condiciones más secas en Europa. IPCC Un escenario de ese tipo debe entenderse como de baja probabilidad pero alto impacto, no como un pronóstico para las próximas décadas.
Por eso es esencial mantener y ampliar las redes de observación oceánica. La AMOC se vigila mediante instrumentos distribuidos a distintas latitudes, pero el registro continuo moderno sigue siendo corto comparado con las escalas temporales del océano.
Para América del Sur, además, resulta especialmente relevante estudiar el Atlántico Sur y su interacción con el sistema global. No sería científicamente correcto trasladar automáticamente a Argentina los impactos proyectados para Europa o América del Norte. Las consecuencias regionales requieren modelos y observaciones específicos.
La pregunta, entonces, no es solamente si la circulación del Atlántico puede detenerse. La cuestión más inmediata es cuánto puede debilitarse, a qué velocidad y cómo esa modificación redistribuiría riesgos climáticos que las sociedades ya deben gestionar.
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